Los niños mendigos de alquiler, otra arista de la pérdida de valores

Los niños mendigos de alquiler, otra arista de la pérdida de valores

El fin es la misericordia de los turistas; el medio, la manipulación de la inocencia

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LA HABANA, Cuba.- La constante presencia de turistas en La Habana Vieja ha elevado la cantidad y diversidad de expedientes ciudadanos para adquirir los preciados dólares, euros o CUC. Algunos, de reciente implementación, se inscriben en el ámbito de la mendicidad. Con el objetivo de conmover a los extranjeros y, de paso, mantener a raya a la policía que lo piensa dos veces antes de cometer arrestos si hay un menor de edad en medio, varias mujeres salen a mendigar con un niño de la mano. En la mayoría de los casos, la criatura es suya; pero en otros pertenece a alguna vecina o pariente que no tiene reparos en alquilarlo con el fin de obtener un porciento de lo recaudado.

Esta práctica ha llegado a oídos de las autoridades, lo cual añadido a los usuales incordios (asedio al turismo, robos, estafas, contrabando), ha provocado el incremento de oficiales en el área del Centro Histórico. El problema se ha tornado complejo porque una mujer no puede ser arrestada solo por tener un infante consigo, y es difícil corroborar si el niño —casi nunca mayor de dos o tres años de edad— es o no su hijo. En ocasiones pasa a ser el hermanito, el sobrino o simplemente el niño de la vecina, “que ahora mismo está ocupada y por eso lo saqué a dar una vueltecita”. La calle escogida para hacer las veces de pedigüeña, a veces con el niño medio desnudo, descalzo, pobremente vestido y hasta moqueando, es Obispo; particularmente el quicio de la tienda Palais Royal, convertido en el banco de los menesterosos.

La tarde de ayer, en el céntrico boulevard, dos mujeres fueron sospechosas de este delito y abordadas por tres agentes de policía —también féminas— que les pidieron identificación. A pesar de que las autoridades procedieron correctamente, el incidente se salió de control con la falta de respeto, por parte de una de las requeridas y en los peores términos, a la oficial de mayor rango. La desproporcionada reacción de una ciudadana que tiene, según sus vecinos, antecedentes penales, atrajo a otros policías. En un pestañazo la esquina de Obispo y Compostela se convirtió en un hervidero de uniformados y lugareños.

Indagando entre los presentes que conocían a ambas mujeres no fue posible obtener mucha información; pero ante la sugerencia de que hubieran estado mendigando a expensas de los niños, guardaron silencio o negaron de manera poco convincente. El boulevard de Obispo no solo proporciona a estas mujeres un trasiego ininterrumpido de visitantes foráneos, además les permite escabullirse por las entrecalles si aparecen las autoridades. A diario pueden observarse varias cubanas pidiendo dinero a los turistas con un niño en el regazo; pero lo peor no es la degradante práctica per se, sino observar en qué condiciones son llevados a menudo los infantes: descuidados, llorosos, sin un biberón con agua bajo una temperatura de más de 30 grados. No faltan los casos en que se trata de un bebé; un pequeño que no debe estar directamente expuesto al sol, ni al ruido y los miasmas de un entorno tan sucio como el de la Habana Vieja, ni a la música ensordecedora de los combos tradicionales o las reproductoras de los bicitaxis.

Por dura que se haya vuelto la vida en Cuba, es un imperdonable acto de desvergüenza utilizar a un niño para despertar la caridad ajena. Las mujeres que aparecen en la foto, protagonistas del incidente narrado, son jóvenes, saludables y no quieren trabajar. Prefieren la humillación, la dependencia, el escarnio. Y es que en Cuba se ha modificado incluso el significado de la palabra “humillación”. Para ellas pedir es un derecho y un deber. Y no se consideran mendigas; solo están “luchando” con el hijo por delante. ¿Qué valores sostendrán a estos niños si crecen convencidos de que es mejor pedir el sustento que ganarlo?

Sobre un nefasto escenario de baja natalidad y acelerado envejecimiento poblacional recaen estos otros nacidos en suelo cubano que, desde su más tierna infancia, son educados en la holgazanería y el pillaje. ¿Es ese el futuro de Cuba?

Ana León

Anay Remón García. La Habana, 1983. Graduada de Historia del Arte por la Universidad de La Habana. Durante cuatro años fue profesora en la Facultad de Artes y Letras. Trabajó como gestora cultural en dos ediciones consecutivas del Premio Casa Víctor Hugo de la Oficina del Historiador de La Habana. Ha publicado ensayos en las revistas especializadas Temas, Clave y Arte Cubano. Desde 2015 escribe para CubaNet bajo el pseudónimo de Ana León. Desde 2018 el régimen cubano no le permite viajar fuera del país, como represalia por su trabajo periodístico. Su página de Facebook es https://www.facebook.com/analeonperiodista

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