Sara Marta Fonseca: señora coraje

No es poetisa ni escritora, tampoco lo fueron Mariana Grajales, Leonor Pérez, ni Rosa la Bayamesa

MIAMI, Florida, agosto, 173.203.82.38 -Quiero ofrecer este homenaje a una joven mujer; joven por su edad, por su fe, por el temple de su voluntad, por la fortaleza de sus ideales, por su conmovedora esperanza, por el ímpetu de su alma, así como por su confianza en ella misma.

En estos momentos muchos cubanos de buen corazón, que aman la libertad acá en el destierro, la mencionan día tras día, y se tiene como ejemplo de mujer corajuda. Se conocen los riesgos por que atraviesa en su lucha por la libertad de Cuba. Sabemos que pone en peligro su vida, sin importarle el precio que pueda pagar por su actitud libertaria.

La han torturado psíquica, moral y emocionalmente. Han destruido su casa, la han golpeada con fiereza, la han amenazado de muerte, y también a sus hijos. Sin embargo, ha seguido adelante, como un símbolo de la libertad de Cuba.

No es poetisa ni escritora, tampoco lo fueron Mariana Grajales, Leonor Pérez, Rosa la Bayamesa, y muchas otras mujeres que combatieron por una Cuba libre. Ellas, al igual que Sara Marta, no fueron mujeres de rimas y letras, y hoy en día tienen un lugar ejemplar en el sagrado altar de la Patria.

En estos días de grandes desafíos que atraviesa el pueblo de Cuba, ella ha sido ejemplo de dignidad y firmeza, que provoca admiración. El pueblo de Cuba apuesta por uu valentía.

Sara Marta pone todos sus esfuerzos y sus sueños para que al sufrido pueblo cubano se le reconozcan sus derechos. Su amor por Cuba se traduce en un paradigma de conciencia a imitar.

Su inolvidable y valiente acción en la escalinata del Capitolio Nacional, acompañada de tres de sus hermanas de lucha pone de manifiesto su espíritu indómito. Su valor convocó a muchas personas que se solidarizaron con su patriótico proceder. Fue capaz, con sus acompañantes, de repicar las campanas para una nueva Cuba, libre de la dictadura totalitaria.

Nada pudieron los uniformados de azul ni la policía política, que trataron de reprimirla, pues era evidente el apoyo que recibió del pueblo, que supo aquilatar su civismo y su valor.

Fue preclaro nuestro Apóstol al decir: “No se puede contar con la independencia de Cuba sin la participación de la mujer”.

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