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Sábado, 27 de mayo 2017

Sábado triste, domingo… ¿feliz?

No guardo recuerdo de un 31 de diciembre más apagado ni un primero de enero tan promisorio del gran aburrimiento

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Una anciana cocina a la luz de un farol, en medio de un apagón en Cuba (Foto: EFE)

Un fin de año más apagado que nunca (Foto: Pedro M. González)

Un fin de año más apagado que nunca (Foto: Pedro M. González)

VILLA CLARA, Cuba.- No guardo recuerdo en mi vida (que casualmente iguala a este “proceso” sin progreso) de un 31 de diciembre más apagado ni un primero de enero tan promisorio del gran aburrimiento, que en lo adelante acarreará “depre” extra bajo agüeros muy malos, entre contradicciones crecientes de la mala administración que reparte, a ciudadanos ordinarios, sus continuos espasmos conductuales.

En casi ningún CDR se escuchó la típica algarabía o música lo suficientemente alta como para salirse a los portales y las calles a bailar, cantar ni nada por el estilo. Por puro compromiso se juntó algo tan sombrío. No hubo solidarias ollas en los barrios pobres. Nadie reprodujo la marcha triunfal de Osvaldo Rodríguez (el de los 5U4). Echamos de menos la fajazón, el beodo, la candela y el sahumerio.

Sin quererlo nos preservamos de ponzoñas ambientales, amén de ingerir toxinas. Sin embargo, los servicios comunales no funcionan desde hace semanas y la basura desborda su contentura. Nuevo pastelón de enfermedades se cuece en el silencio.

Escuché quejas de lo difícil y caro que fue hacerse con algunos productos imprescindibles para “fiestear”. La capital en cambio armó mercados de socorro a lo Maduro, acallando incipientes griterías por el desabasto, acto que ayudó al imparable subdesarrollo de la economía subsidiando nuevos precios. Luego, no antes, publicitaron a los exchillones atiborrados de jabas.

Algunas casas sobresalieron más que otras, según el nivel económico de sus habitantes (de dentro o fuera) así como el carisma individual del colectivo, pero en general reinó una tensa-calma-chicha. Suerte de mortandad primó en ciudades del archipiélago como si de esa callada manera se acrisolara algo para alguien. Descartemos a los pequeños pueblos, bateyes, caseríos y bohíos aislados del campo patrio, donde no se movió ni el polvo debido a la carencia vehicular.

El país, como se sabe, anda bastante “despetrolado” (excepto para misiones encaprichadas y posibles), lo que puede derivar en parálisis progresiva si no surgen suministradores más cercanos y menos mafiosos que la GAZPROM.

Por cierto, el transporte público en La Habana desapareció prácticamente el fin de semana, alistando el parque para regalarle al pueblo somnoliento un viajecito seguro de ida y vuelta a la Plaza el día 2. A contemplar los mismos tarecos malgastadores de 20 años atrás. Reafirmando nuestra indefensión con el pasatiempo.

Este lunes paté-patrió-tico-feriado, donde el descanso nocturno será suplido por una diana que sonará a partir de las 3:00 a.m. cuando rebosen ingestas, flatulencias y resacas pos celebraciones, no veremos en la prensa —si no el martes— tomas abrasadoras del gentío que compondrá la mitad ayunada/abstemia de la nación, conteniendo rostros esplendentes en esta nueva Marcha del Pueblo “Combatiente”… de no se sabe qué ni contra quién(es). Costes aparte continuarán encriptados en los silos del misterio revolucionario, porque no hay que regalar esas bagatelas de numeritos al contrario.

A la pregunta de qué les parecía tan escasa pachanga travestida de melancolía, muchos compatriotas callaron, o se sorprendieron viéndose interrogados sobre lo que tácitamente convinieron en sepultar. Al menos no ahí, en el medio de la calle.

Tuvieron en cuenta la orientación de mostrarse “contentos con el advenimiento de otro aniversario del triunfo”. Y con ellos la mayoría, pero con la mente puesta en otra soberana parte.

No sabría si alegrarme o lamentar que por precepto, quedaran prohibidos los fuegos en todo el país (bueno, hubo las 21 salvas insalvables). Lo interdicto fue solo para la chusma incendiaria. La televisión (porque la radio no la escuchan ni quienes la hacen) insistió en lo mismo de todos los años: no portar armas de ningún color —ya saben por qué— agregándole coletilla: no tirar al aire durante la noche ningún petardo… ni un fósforo, por muy inocuo que se asemejen.

Aunque se supondría, no incluyeron nota sobre los tradicionales muñecones de año viejo que iban a la pira en cada esquina, porque se sobreentiende asociarían al quemado con el partido, pues usualmente la ropa rellena de estopa con que lo visten, son raídos uniformes de milicianos, así que ni se atrevieron a armarlos.

En los últimos días de diciembre sucedió lo que esperábamos: la estéril asamblea reunida por enésima vez, informó de índices vacuos y optimismos falsos contrastando con el atroz panorama económico que justo ayer rematamos. Luego de abducirnos casi dentro del encogimiento experimentado en 2016, anuncian que “creceremos” un porciento inferior a la mínima haitiana este 2017, a pesar de ese “otoño” milagroso que inserta en su verborragia el genial Amaury Pérez Vidal.

La basura desbordada este fin de año (Foto: Pedro M. González)

La basura fue casi lo único que se desbordó este fin de año (Foto: Pedro M. González)

El general abordó el problemilla que enfrenta con sus cuadretes —dada la insistencia y el tono— que ofrecen dura “resistencia al cambio”. En especial se refirió a la inversión extranjera que no alcanza ni para rediseñar un programa de inversiones a largo plazo, pues de cortos y medianos no quiere oír hablar. Ni que se insista en apodar “reforma” a cada “línea-miento”.

Lo que faltó a los calmos disertantes de tan vastas miras y sobria testarudez, fue el fracaso gradual del Puerto del Mariel, y concedernos breve comentario a los ignorantes campechanos sobre las implicaciones que para el país puedan tener las extorsiones imputadas a la ¿Dilma? Odebrecht. Y de paso, como quien no quiere las cosas, informar por qué tendrá la nación que pagar al “Banco do Brasil” una factura adulterada por trabajos que siquiera terminaron o terminaron mal.

No podía ser más descojonante lo manifestado al quórum, que prolonga su pesadumbre a cada cuadra, porque esos camaradas que residen no obstante su rango entre nosotros, deberían, en trascendental aporte, tropicalizar la fría obra marxista adjuntándole el concepto de que aquí no es La Familia la base del estado, no señor, sino el Comité. Así que a olvidarse de la pirámide, sus aristas y vertimientos.

Resulta obvio que el trabajo de persuasión encargado al eminente profesor Manuel Calviño cuando filmó su serie paramilitar “Es posible cambiar la mentalidad” en los Estudios Baraguá (2012) no rindió mucho fruto, no obstante esa cautivadora dulzura suya que engola la imposición, la disfraza de ternura, en fin: dora, platina y hasta diamantiza la metatranca que habría de hacerles tragar en masa a los incrédulos, aunque saben que quizá ya ni “valga la pena”.

Si tal faena fuera repetida al sicólogo —rentado también por la cadena Meliá para pasarse temporaditas en sus instalaciones zurciendo los nervios de la empleomanía—, entonces sus cofrades asambleístas se insubordinarían a nueva protesta del programa de rehabilitación mental que el otro (Juan) Calvino adelantó en su contrarreforma, pero bajita. Porque no criticar a tiempo ese programa —de Gotha— ha servido para subirle la parada del ácido úrico a mucha gente (y no por el “pecado de la carne” en este 31).

Cuando en  próximas horas divulguen la correspondiente Letra de Ifá sus sacerdotes, y tales comunicados resulten —como siempre— tangenciales, resbalosos, apocalípticos o salvadores, podremos imaginar si este año, por fin, seremos libres… o mendigos.

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Acerca del Autor

Pedro Manuel González Reinoso
Pedro Manuel González Reinoso

(Caibarién, Las Villas, Cuba) Actor, escritor y activista social.

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