Obama en Cuba: ¿Qué ha quedado?

Obama en Cuba: ¿Qué ha quedado?

¿Cómo se ve ahora aquella presencia del mandatario estadounidense?

Obama dio un histórico discurso en el Gran Teatro de La Habana este martes (Foto: Carlos Barria/Reuters)

LA HABANA, Cuba.- El expresidente de Estados Unidos, Barack Obama, partió de Cuba hace exactamente un año y siete meses, y todavía algunos cubanos aferrados a la dictadura refunfuñan y se preguntan por qué diablos Raúl lo recibió con bombo y platillo en el Palacio de la Revolución. Los otros, la gente de pueblo, sintieron que el mensaje discursivo de Obama tenía un  airecillo de esperanza y hasta, por qué no, una cierta ventolera de libertad con su discurso en el Gran Teatro de La Habana.

A mí en particular me gustó. Acostumbrados como estamos los cubanos a discursos hipócritas y demagogos, repetidos a lo largo de más de medio, me pareció sincero el de Obama.

Pero, ¿cómo se ve ahora, luego de pasar el tiempo, aquella visita en la que parecía que caerían dólares del cielo y que Raúl, tan pragmático como dicen, hasta se hizo ilusiones de que la economía fuerte norteamericana daría soplos de aire a su desvencijada dictadura?

¿Se habrá preguntado el General en alguno de sus sueños que Obama venía a eso, abandonado por China, Rusia y hasta por Venezuela? Sus sonrisitas cariñosas ante Obama eran una señal, aunque algo curioso ocurrió días después.

No había partido el avión presidencial cuando la prensa escrita de Raúl, diseñada y dirigida por el Comité Central del Partido Comunista, la emprendió contra el jefe de la Casa Blanca.

Elías Argudín, por ejemplo, escribió una crónica dirigida a Obama, titulada: “Negro, ¿tú eres sueco?”, publicada en Tribuna de La Habana, y el periodista tuvo que pedir perdón entre comillas.

También en el periódico Granma, el 23 de marzo, mientras el dictador cubano corría al aeropuerto a despedir a su amigo presidente, el periodista e historiador Enrique Ubieta Gómez soltó sapos y lagartos contra Obama, en una crónica titulada “Lo que dice y no dice Obama”.

No vale la pena analizar los sapos y los lagartos que utiliza para decir que el norteamericano no sabe improvisar un discurso y que por eso echa mano a un “teleprompter”, como si aquí otro cuarto no se alquilara. Una defensa tan apasionada como la suya no pudo ser capaz  de reconocer que el discurso de Obama, lógico según Ubieta, no podría ser lógico y manipulador a la vez.

Como todo buen miope comunista, le dio por el mismo manoseo de siempre: la rancia cancioncilla de la independencia y la soberanía, como si con ello pudiera el cubano poner los frijoles a la mesa, y le dio énfasis a la historia del bloqueo —mejor “embargo”, colega—, sin acordarse de que también, con embargo, los chinos y los vietnamitas comenzaron a prosperar económicamente; algo que los Castro, por incompetentes, no han logrado.

En fin, que este señor rico en premios y con un estante repleto de libros mal pagados en moneda cubana necesitó de toda una página del Granma para convencernos de que Obama vino a Cuba con una estrategia oculta en la manga: sugerir cambios para que los cubanos tuvieran una mejor calidad de vida, salieran de la pobreza y la nueva clase del comunismo caribeño, compuesta de generales y lacayos, reconozca  que el modelo económico actual no funciona ni para nosotros mismos.

Pero no, el señor Ubieta Gómez —mal que le viene el  apellido del libertador— llama “perversa” la razón del cambio para la búsqueda de la libertad y el bien de todos, quiere que todo siga igual: una vida bien jodida para los cubanos de a pie y buena como siempre para los bisnes-generales.

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