Más vueltas a la tuerca

Más vueltas a la tuerca

Los episodios represivos en Cuba mantienen su línea ascendente

HARVARD, Estados Unidos.- Si algo está claro del entuerto entre los gobiernos de Estados Unidos y Cuba es la permanencia del patrón represivo aplicado por este último contra quienes se le oponen a cara descubierta dentro de las fronteras nacionales.

No importa el perfil ideológico del inquilino de la Casa Blanca ni las políticas que firma, sean estas a favor de una conciliación a largo plazo como lo hizo Obama mediante el acercamiento crítico contenido en los manuales del soft power, o en cambio a la manera de Trump, con un radicalismo lleno de poses y frases recurrentes, pero de dudosa efectividad para remover los pilares de la dictadura que ha sobrevivido a 10 administraciones estadounidenses.

Está nueva postura que algunos insisten en tildar de mano dura, pero que en esencia se trata de una versión muy cercana a la anterior, ya que deja intacta una parte sustancial del plan elaborado por Obama y sus asesores, le proporciona al régimen de La Habana motivos adicionales para fortalecer sus márgenes de legitimidad en la arena internacional.

Amplificar la victimización a costa de las retóricas amenazantes y un embargo, que es pura fantasía, ha resultado ser una estrategia, cuya efectividad es incontrastable a la luz de la historia.

Cada año el mundo entero se alinea tras los quejumbrosos discursos de los representantes del gobierno insular que traen a colación las secuelas, reales y ficticias, del llamado “bloqueo”.

Hasta las poderosas democracias europeas votan contra la política que busca el cambio en Cuba por medio de la presión económica.

Es difícil creer en la idea de que el modelo instaurado en la Isla por un grupo de gánsteres disfrazados de marxistas, vaya a claudicar a instancias de la coerción, en este caso llena de insuficiencias, repudiada por la mayoría de los cubanos que viven en la Isla y no muy del agrado de amplios e influyentes sectores del establishment norteamericano.

En relación a lo que exponía al principio del texto, estos posicionamientos tendientes a alimentar los molinos de la confrontación, favorecen aun más a los que predican y materializan el odio en arrestos, golpizas y encarcelamientos contra opositores pacíficos e integrantes de la sociedad civil independiente.

Como botón de muestra basta recordar que el día que Trump largaba el discurso en el teatro Manuel Artime, anunciando el retorno a las trincheras, diez activistas prodemocráticos eran sancionados a prisión, entre ellos varias mujeres.

Desde entonces, los episodios represivos mantienen su línea ascendente.

Más detenciones, más personas imposibilitadas de viajar al extranjero por decisión de los mandamases , más registros domiciliarios con confiscaciones mediante, más prisioneros políticos y por último, la posible muerte por huelga de hambre de Jorge Cervantes, miembro de la Unión Patriótica de Cuba (UNPACU), encarcelado desde el 23 de mayo del año curso por un supuesto delito de desacato.

Lo terrible de este breve resumen represivo no es solo su sistematicidad, sino el gozo de promotores y ejecutantes después de cada jornada con el acompañamiento de la indiferencia, casi unánime, de los gobiernos que pueblan este mundo.

(Jorge Olivera, residente en Cuba, se encuentra de visita en Estados Unidos)
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