Las alternativas de Luis Arce en Bolivia

Las alternativas de Luis Arce en Bolivia

Las políticas que adopte el recién electo Jefe de Estado boliviano serán determinantes para el futuro de ese país hermano

Luis Arce, Bolivia
Luis Arce (Foto: AP)

LA HABANA, Cuba. – Para esta primera quincena de noviembre está prevista la toma de posesión del nuevo presidente electo de Bolivia, Luis Arce Catacora. Este antiguo Ministro de Economía de Evo Morales y candidato del Movimiento al Socialismo (MAS) resultó electo democráticamente en las elecciones generales realizadas el pasado 18 de octubre.

Yo, que me opongo de manera decidida a los que enarbolan el color rojo (salvo a los republicanos de Estados Unidos), tengo que comentar: Por suerte, la fórmula izquierdista de Arce-Choquehuanca obtuvo el 55 por ciento de los votos válidos emitidos. Y debo recalcar y repetir la frase adverbial: por suerte.

Me expreso en esos términos porque la legislación electoral boliviana contempla que, para triunfar en la primera vuelta, basta con obtener dos quintas partes de los sufragios, siempre que se obtengan al menos un 10 por ciento más que la candidatura que quede en segundo lugar.

¿Se imaginan ustedes que la victoria masista se hubiese debido a la aplicación de esta última regla! ¡Ello habría significado que los antisocialistas habrían alcanzado, en conjunto, la mayoría de los votos, pero aun así habrían sido derrotados! ¡Un verdadero desastre! Ese habría sido el fruto indeseable de la renuencia de los demócratas bolivianos a juntarse, el resultado de las apetencias de mando de políticos irresponsables.

De este grupo sólo correspondería quitar a la primera mandataria provisional Jeanine Áñez y al expresidente Jorge (Tuto) Quiroga. Una y otro, tan pronto comprobaron sus nulas esperanzas de victoria, renunciaron a sus respectivas candidaturas para propiciar la unión de todos los demócratas.

En definitiva, el triunfo del MAS ha sido reconocido por todos. Aunque el programa de ese partido no nos simpatice, la única alternativa válida es aceptar su victoria. En eso consiste la democracia. Este reconocimiento generalizado ha dado pie a alguno de los “socios listos” del Siglo XXI para arremeter contra el recién reelecto secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), el combativo Luis Almagro.

Según el peculiar modo de razonar de esos señores, la actual victoria de Arce probaría de modo irrefutable que el proceso análogo celebrado el año pasado fue también pulcro; o sea, que no existió el burdo “pucherazo” orquestado por Evo Morales para perpetuarse en el poder.

Fue aquel —por cierto— un fraude en cuya denuncia desempeñaron un papel de primer orden los observadores de la OEA: ¡los mismos que ahora certifican la validez de la victoria de Arce! ¡Pero aun así los tildan de parcializados y piden la renuncia de Almagro! Según los rojillos, los expertos electorales enviados por este último —pues— habrían actuado de modo arbitrario cuando en el primer proceso descalificaron a los candidatos del MAS, y el segundo los avalaron…

Por el momento, el gobierno de la presidenta interina Áñez ha tenido la posibilidad de prestar un servicio final a la causa de la democracia continental. La mandataria y su equipo se han negado a invitar al acto de toma de posesión al dictador venezolano Nicolás Maduro, aunque sí lo han hecho con su adversario, el demócrata Juan Guaidó.

Una vez que pase el acto protocolar y el recién electo Arce asuma sus elevadas funciones, se abrirán ante él dos caminos separados y diferentes. Según lo que él y sus amigos decidan, la fraterna Bolivia tendrá la posibilidad de marchar por senderos bien distintos.

Una opción es la de prestar oídos a Morales. El exlíder cocalero, desde luego, no se conforma con su separación del mando supremo. Desde el exilio se autodesignó para dirigir la campaña presidencial de su partido. Con seguridad aspira a retornar a La Paz y eludir las acusaciones que pesan sobre él por genocidio, actos de corrupción y estupro. También a volver a mandar entre bambalinas. Ese sería el escenario presumible, a menos que Arce se decida a romper con esa subordinación humillante e indeseable.

La otra opción sería seguir el luminoso ejemplo trazado antes que él por el actual presidente ecuatoriano Lenín Moreno. También este fue postulado y ganó la elección a la sombra del anterior mandamás Rafael Correa. Pero supo desmarcarse de este, tomar el control del partido oficialista Alianza País y no interferir en la tramitación de los inobjetables procesos penales dirigidos contra el exvicepresidente Jorge Glas y el propio Correa.

La escogencia abierta ahora ante Luis Arce es idéntica. Esperemos que el nuevo Jefe de Estado, que cuenta con el aval de los votos depositados por el electorado boliviano a nombre de él, y no de Evo, sepa adoptar las decisiones que más se ajusten a los principios de la justicia y que mejor sirvan los intereses del noble pueblo boliviano.

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René Gómez Manzano

(La Habana, 1943). Graduado en Derecho (Moscú y La Habana). Abogado de bufetes colectivos y del Tribunal Supremo. Presidente de la Corriente Agramontista. Coordinador de Concilio Cubano. Miembro del Grupo de los Cuatro. Preso de conciencia (1997-2000 y 2005-2007). Dirigente de la Asamblea para Promover la Sociedad Civil. Ha recibido premios de la SIP, Concilio Cubano, la Fundación HispanoCubana y la Asociación de Abogados Norteamericanos (ABA), así como el Premio Ludovic Trarieux. Actualmente es miembro de la Mesa de Coordinación del Encuentro Nacional Cubano

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