La libertad de los pueblos no es negociable

La libertad de los pueblos no es negociable

Son los pueblos los únicos que tienen el genuino interés de procurar y salvaguardar la libertad, la democracia, la paz y el bienestar; compete a estos actuar solidariamente contra la perpetuación de cualquier tiranía

Exiliados venezolanos durante una manifestación callejera en EEUU (Foto: Globovisión)

SAN JUAN, Puerto Rico. – A todos sorprendió cuando afloró a la luz pública la noticia de que el gobierno de los Estados Unidos estaba sosteniendo “conversaciones secretas” con el régimen dictatorial castrochavista de Venezuela, información que fue confirmada por el propio presidente Donald Trump y por el dictador Nicolás Maduro. La pregunta es, ¿Qué están negociando? ¿Por qué no está incluida la representación del legítimo presidente constitucional encargado de Venezuela, Juan Guaidó? Ciertamente, es muy preocupante, y nos hace recordar aquella aleccionadora frase de José Martí: “En política, lo real es lo que no se ve.”

Hay una realidad que no podemos desconocer: En la política internacional prevalecen, ante todo, los intereses políticos y económicos de los gobiernos. Cualquier otra cuestión es secundaria; apariencia y publicidad.

La historia está llena de ejemplos: Hace ochenta años, dos extremos del mal, el tirano de ultra izquierda José Stalin y el tirano de ultra derecha Adolfo Hitler llegaron a un acuerdo en lo que se conoció como el pacto Ribentrob-Molotov, por virtud del cual la Unión Soviética y Alemania se repartían algunos países la Europa Oriental, entre estos Polonia, Finlandia, Estonia, Letonia y Lituania. ¿Acaso importaron los intereses de los pueblos de esos países? ¿Acaso consultaron con los gobiernos de esas naciones? Para nada. Como resultado, Polonia sufrió una horrible opresión por parte del nazismo y los países bálticos padecieron los sangrientos desmanes del genocida Stalin.

Otro ejemplo que nos toca muy de cerca, más aún, que nos duele mucho a los cubanos. Hace 57 años, durante la llamada Crisis de los Cohetes en Octubre de 1962, hubo conversaciones secretas entre el presidente John F. Kennedy y el líder de la URSS, Nikita Khrushchev, por medio del cual los Estados Unidos retiraría los misiles tipo Júpiter de Turquía, a cambio de que la URSS retirara los misiles nucleares de Cuba y a su vez los Estados Unidos se comprometió a no invadir a Cuba, ni permitir que los exilados cubanos, terceras personas y/u otros países del continente invadiesen o atacaran militarmente a Cuba, garantizándose así la perpetuidad de la tiranía comunista en Cuba. Nadie del pueblo cubano, del exilio o de las guerrillas anticastrista que heroicamente combatían en las Sierras del Escambray y en otros lugares de Cuba, ni de la clandestinidad anticastrista tuvo injerencia, ni fueron consultados. Fue en secreto, a espaldas y en perjuicio del pueblo cubano.

Su efecto ha sido tan perjudicial, que, hoy día, casi seis décadas después, el régimen castrista sigue en el poder, esclavizando al pueblo cubano y esparciendo el maligno cáncer del castrismo por toda América Latina. Fue el interés político de Washington y el de Moscú lo que prevaleció por encima del derecho inalienable de un pueblo a su libertad. Un pacto que hoy día se aduce continúa en vigor, pues la Federación Rusa asumió en sustitución, los derechos que sobre el mismo le correspondían a la extinta Unión Soviética. A partir de ese momento, aquellos exiliados cubanos que ayudaban a los opositores llevándoles pertrechos a las guerrillas anticastristas o que incursionaban en costas cubanas para atacar a la dictadura, arriesgando sus vidas por la libertad de Cuba, fueron encarcelados. El desespero y la frustración, sumado al deber y la lealtad para con la patria oprimida, llevó al Dr. José Miró Cardona, jefe político de la heroica Brigada 2506, a proclamar la llamada “guerra por los caminos del mundo”, por la cual también hubo, y todavía quedan, presos políticos cubanos en cárceles de Estados Unidos.

Retomando el tema del principio: Ahora están sentados, negociando en algún oscuro cuarto, a espaldas del pueblo venezolano, representantes de la narcodictadura castro-chavista y del gobierno de Estados Unidos. Unas negociaciones que preocupan, pues podrían afectar el derecho a la libertad del pueblo venezolano y que también pudiera tener repercusiones muy negativas y nefastas para la libertad de otros pueblos esclavizados por el expansionismo castrista como lo son los de Nicaragua, Bolivia y hasta para el mismo pueblo cubano. Más aún, los efectos de un tratado o acuerdo similar al antes indicado, que perpetúe en modo alguno el régimen dictatorial chavista de Venezuela, pudiera representar un serio peligro para todos los pueblos y gobiernos democráticos del continente americano. ¡Algo que sería inmoral e impermisible! Porque la libertad de los pueblos no es negociable.

Es preciso no solo demandar la transparencia sobre esas conversaciones secretas, más allá de las meras declaraciones verbales de sus actores, sino exigir el acceso a las minutas y documentaciones fehacientes cursadas entre ambas partes. Así como, también, exigir la presencia con voz y voto de la representación del legítimo presidente encargado de Venezuela, Juan Guaidó, y de la oposición venezolana en dichas conversaciones, para garantizar que las mismas solo sean con el único objetivo de lograr la salida inmediata del poder del dictador Nicolás Maduro y todos sus malandros, entregándose el poder al presidente constitucional del país.

Y con respecto al pueblo cubano, también es hora de exigir que, oficialmente y por escrito, se aclare la vigencia del Pacto Kennedy–Khrushchev y, en caso de estar todavía vigente, exigir se derogue de inmediato y se reconozca el derecho del pueblo cubano, y de cualquier otro pueblo bajo el yugo castrochavista en la América Latina, a luchar por su libertad con todos los medios a su alcance.

Son los pueblos los únicos que tienen el genuino interés de procurar y salvaguardar la libertad, la democracia, la paz y el bienestar, por cuanto, compete a estos actuar solidariamente contra cualquier intento conducente a la perpetuación de cualquier tiranía, de cualquier índole, en la América Latina.

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