La escuela “no neutral” que pide Frei Betto

La escuela “no neutral” que pide Frei Betto

Su paradigma, por supuesto, es la escuela que durante seis décadas han forjado sus amigos cubanos

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Frei Betto. Foto Archivo

LA HABANA, Cuba. – Uno de los participantes extranjeros en el recién finalizado evento Pedagogía 2019, celebrado en La Habana, que recibió mayor cobertura mediática fue el teólogo brasileño Frei Betto. Incluso su conferencia fue retransmitida íntegramente por la Mesa Redonda de la televisión cubana.

Como parte de su retórica acerca de la necesidad de una alfabetización política de la población en aquellas naciones donde la izquierda llegue al gobierno, en esta oportunidad Betto abogó por que la escuela no pueda ser neutral. Es decir, que los centros educacionales no se dediquen solo a formar técnicos y profesionales que satisfagan los requerimientos del mercado laboral, sino que creen una conciencia política en los educandos. Una afiliación, por supuesto, que el teólogo desea hacia la izquierda.

Y qué mejor lugar que Cuba para que el señor Betto lanzara su idea, pues la isla es un paradigma de la no neutralidad escolar. De inmediato recibió el visto bueno de la doctora Graziella Pogolotti, quien en su columna dominical del periódico Juventud Rebelde se solidarizó con los planteamientos del religioso brasileño.

Es casi seguro que el señor Betto pensara en las características de la política educacional llevada a cabo por sus amigos cubanos durante estos sesenta años de revolución castrista. Un monopolio absoluto de la enseñanza, que niega el más mínimo margen a la educación privada —ni siquiera le han restaurado a la Iglesia Católica sus colegios, ni aun en las etapas de mayor distensión en las relaciones Iglesia-Estado—; la eliminación de la autonomía universitaria, por la que tanto luchó la propia izquierda antes de 1959; y la impartición de las ciencias sociales y humanísticas de acuerdo con el punto de vista de la maquinaria del poder. Son apenas algunos de los rasgos que han distinguido la no neutralidad de la educación cubana.

Y qué decir de la faena que se desarrolló con vistas al referendo del 24 de febrero. Primero fue un Llamamiento de la Unión de Jóvenes Comunistas y las organizaciones estudiantiles —Federación Estudiantil Universitaria (FEU) y Federación de Estudiantes de la Enseñanza Media (FEEM)— para que los estudiantes votaran sí por la Constitución.

A lo anterior siguieron unas declaraciones de la ministra de Educación, Ena Elsa Velázquez Cobiella, ofrecidas al periódico Trabajadores. Tras afirmar que los educadores tenían el compromiso de asistir a las urnas el pasado 24 de febrero, la Ministra expresó que “No solo los trabajadores de educación, sino también estarán presentes los estudiantes que ya arribaron a los 16 años, a quienes se les ha explicado (sin imposición alguna) las razones acerca de por qué resulta necesario el respaldo al texto”.

¡Hay que tener la cara dura para atreverse a decir que esos muchachos votarían por el sí guiados únicamente por la conciencia revolucionaria adquirida tras las conversaciones “no impositivas” que sostuvieron con ellos los funcionarios del Ministerio de Educación!

De todas maneras, y aunque oficiemos como aguafiestas del señor Frei Betto, vale la pena recordarle que, casi todos los que hoy militan en la oposición cubana, practican el periodismo independiente, o simplemente no comulgan con el sistema político imperante en la isla, en sus años de la escuela primaria repetían todas las mañanas la famosa frase “Pioneros por el comunismo, seremos como el Che”.

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