El elefante negro cubano

El elefante negro cubano

¿Cuál es la expectativa de un levantamiento popular en Cuba?

Raúl Castro, el presidente del Parlamento Esteban Lazo y el presidente Miguel Diaz-Canel (AFP)

ESTADOS UNIDOS.- Un “elefante negro”, según el columnista del New York Times Thomas Friedman, es “un cruce entre un cisne negro —un raro, imprevisto poco probable evento con enormes ramificaciones— y el elefante en la habitación: un problema ampliamente visible para cualquiera, que nadie quiere abordarlo, aun cuando sabemos absolutamente que un día tendrá vastas consecuencias tipo-cisne-negro”. Para mí, el término elefante negro describe adecuadamente los retos de una transición democrática en Cuba después de seis décadas de dominio totalitario.

Contemplando el futuro de Cuba, en términos de una genuina transición del control  totalitario al gobierno democrático, muchos observadores perciben algún tipo de levantamiento popular similar a la ola revolucionaria de la Primavera Árabe que comenzó con la revolución tunecina del 2010. Ese movimiento de demostraciones violentas y no violentas, protestas, disturbios, golpes e intervenciones extranjeras se expandió rápidamente a Libia, Egipto, Siria, Bahrein y todas partes en la región. Lamentablemente, las esperanzas de que los movimientos de la Primavera Árabe resultarían en mayor participación democrática resultaron infundados. Hasta 2018, solamente el levantamiento en Túnez ha terminado en una transición a un gobierno democrático.

En este momento, la expectativa de un levantamiento popular en Cuba es tan improbable como un cisne negro, metáfora para describir algo más allá del reino de las expectativas normales. El término se basa en un dicho antiguo que suponía que los cisnes negros no existían, y se utilizaba frecuentemente como sinónimo de imposibilidad. Cuando los cisnes negros fueron descubiertos en Australia en 1697, el concepto se transformó  a una supuesta imposibilidad que podría suceder en algún momento. Optimistamente ese podría ser el caso cubano.

Pero una razón por la cual yo sostengo que un levantamiento popular en Cuba es improbable surge de la fisionomía política de la población cubana contemporánea: su elefante en la habitación, alegoría para un tópico controversial o emocional que aunque obvio para todos es deliberadamente ignorado porque una discusión abierta causaría bochorno o tristeza. La expresión implica también que el problema no se resolverá por sí solo.

El elefante en la habitación en Cuba es su “incivilidad”. Incivilidad es un término general para conductas sociales carentes de virtudes cívicas. El déficit cubano de virtudes cívicas se ha desarrollado como resultado de décadas de régimen totalitario. Los atributos que constituyen virtudes cívicas son tema de las ciencias políticas, pero en esencia por virtudes cívicas entendemos hábitos personales de vida que resultan críticos para el éxito de una nación, tales como tolerancia, bondad, respeto, humildad, gratitud, honor, diligencia, valentía, fidelidad, y más.

Indicadores tales como índices de matrimonios y divorcios, hogares de padres solteros, abstinencia entre adolescentes, índices de abortos, participación religiosa, etc., frecuentemente se utilizan por cientistas sociales para medir la cultura cívica de la población. Esta cultura cívica refleja las creencias fundamentales que definen cómo vivimos nuestras vidas y cómo consideramos nuestras obligaciones cívicas. Es la “ecología moral” (frase de Michael Novak) que determina si una sociedad progresa o se autodestruye. Existe penuria de datos sociales cubanos confiables, pero los disponibles no hablan bien de la cultura cívica cubana contemporánea.

Jorge Luis Borges, refiriéndose a sus compatriotas, destacó en una ocasión que “el argentino tiende a carecer de moral, no de cultura intelectual; le preocupa menos ser visto como inmoral que como tonto. La deshonestidad, como la conocemos, disfruta la veneración de todos, es llamada en criollo ‘ser vivo’ (vivenza criolla)”. Similarmente, entre cubanos esta actitud de ‘ser vivo’, que desconoce reglas y busca resquicios, es casi una fuente de orgullo nacional.

El éxito de una república libre depende de las virtudes cívicas de su ciudadanía y, consecuentemente, la virtud cívica devino el compás moral de los Fundadores de Estados Unidos. John Adams lo expresó así: “La virtud pública no puede existir en una nación sin virtud privada, y la virtud pública es el único Fundamento de las Repúblicas”. Y James Madison señaló: “Suponer que cualquier forma de gobierno sin virtud en el pueblo asegurará la libertad o felicidad es una quimera”.

La falta de virtud cívica es el elefante negro cubano que atropella dolorosamente mi corazón cubano.

El último libro del Dr. Azel es “Reflexiones sobre la Libertad”

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