El último mambí

El último mambí

Una tonadilla publicitaria ha servido para escamotear un título merecido

LA HABANA, Cuba.- El aparato propagandístico del régimen castrista ha aprovechado el rebumbio causado por la reciente sucesión para difundir la cancioncita “El último mambí”. En ella se exalta al general que acaba de abandonar el más encumbrado cargo estatal, reservando para sí “sólo” las funciones de jefe del único partido.

La obra musical en cuestión es fruto del joven cantautor Raúl Torres. Éste, en su breve carrera, ha mostrado una especial predilección por alabar a dirigentes pasados y presentes. Recordemos, por ejemplo, que también es de su cosecha “Laureles y olivos”, dedicada a loar al fundador de la dinastía castrista.

La nueva tonadilla, elemental y aun primitiva, es digna no ya del olvido, sino de que nadie haga el menor esfuerzo por aprendérsela. La instrumentación es pobre. La letra no deja el menor margen a la especulación. “El poder tan sólo se creó para hacer bien a los demás”, es una de las edificantes afirmaciones que el autor, muy serio, hace del mandamás ahora reemplazado. “No te salvará ni Dios de mi canción”, amenaza de modo explícito.

Torres no sigue —pues— los pasos de creadores icónicos como el mismo Silvio Rodríguez. Es razonable que muchos estemos en desacuerdo con los presupuestos ideológicos de los que parte este último cantor del régimen. Pero forzoso es reconocer no sólo el indudable vuelo, originalidad y mérito de su música, sino también el comedimiento que exhibe al componer sus letras.

Aun en las canciones que —se afirma— fueron dedicadas al instaurador de la “dictadura del proletariado”, don Silvio ha tenido el buen gusto de evitar las manifestaciones obvias de obsecuencia. Los versos oscuros del señor Rodríguez se prestan a múltiples interpretaciones; se trata de lecturas polisémicas. No hay quien, con razón, pueda acusarlo de guataquería.

Pese a la intrascendencia de “El último mambí”, parece evidente que la obrita ha gustado a los jefes del Departamento Ideológico del Partido Comunista. Ellos han dado órdenes de transmitirla y repetirla. La prensa oficialista no ha escatimado sus loas.

Bohemia, tratando de conjugar doctrina y poesía, la califica con una frase cursi: “una declaración de principios en palabras de amor”. Juventud Rebelde aventura una afirmación que no sabemos si es fruto de una alucinación o del onanismo mental más ramplón: “Una nueva canción comenzó a conquistar el alma de nuestra gente en las redes sociales hace unos días”.

Los ideólogos dan como hecho consumado lo que es un mero deseo carente de fundamento alguno. ¿A quién se referirán con la frase “nuestra gente”? No debe ser al pueblo cubano, que no se interesa en absoluto por este elogio desenfrenado de quien continúa al frente del país desde el partido único, y que, para colmo, no cuenta con acceso a las redes sociales. Es probable que aludan a los bonzos del mundillo intelectual oficialista.

Y, mientras tanto, ¿qué hay de Juan Fajardo Vega? ¿No se acuerdan de él? Siendo casi un niño, ese compatriota nuestro se incorporó a las tropas de Saturnino Lora al comienzo de la Guerra de Independencia. Su notable longevidad determinó que el día en que le tocó morir, ya centenario, fuera en verdad el postrer combatiente del glorioso Ejército Libertador aún con vida.

Mereció una distinción especial de parte de los castristas, pues incluso, según su biografía oficial, ya anciano colaboró con el Movimiento “26 de Julio” y luchó contra el batistato en las filas del Ejército Rebelde, al mando del ahora difunto comandante Juan Almeida Bosque.

¡Ayer maravilla fui; hoy sombra de mí no soy! Los merecidos honores tributados a Juan Fajardo han quedado en el olvido. Su solemne entierro en El Cacahual ya no se menciona. Y ahora Raúl Torres hasta le ha escamoteado su título de “El último mambí”, que mereció de sobra y que le reconoció Fidel Castro en persona, para obsequiárselo en bandeja de plata a su hermano menor Raúl.

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