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Miércoles, 22 de febrero 2017

El detalle oculto en la declaración conjunta Obama-Castro

Son numerosas las preguntas que se derivan de este cambio repentino

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Barack Obama y Raúl Castro, en La Habana (RT.com)

Barack Obama y Raúl Castro, en La Habana (RT.com)

MIAMI, Estados Unidos.- El mismo día 12 de enero, cuando se dio a conocer la derogación de la política de “pies secos/pies mojados”, comenté extensamente en las redes sociales que lo que explicaba el extraño y abrupto proceder de Obama era la idea que Raúl Castro estuviera atrincherándose y preparando, como medida preventiva ante la presumible hostilidad de Trump, un regreso a la práctica fidelista del chantaje mediante las oleadas migratorias.

Al día siguiente, el portal CubaNet publicó mi artículo “Trump, la clave del entuerto migratorio”, en el que le doy el acabado a esta y otras ideas sobre el tema. Hoy sigo pensando que nada explica la súbita “decisión de Obama”, ni la anuencia de Raúl Castro, que no sea el recurso a las invasiones migratorias como método de presión. Si alguien puede explicar coherentemente el comportamiento errático de última hora del presidente saliente ―junto a las ventajas que ello pudiera traerle al régimen de La Habana― de otro modo, le agradecería que arriesgara su hipótesis.

En el artículo antes mencionado, la idea de la vuelta a las oleadas migratorias como “método de lucha contra el Imperio” la introduje así: “Hasta la victoria electoral de Trump, al régimen de La Habana le convenía mantener la política ‘pies secos/ pies mojados’ y eliminar el programa de ‘Parole’ para los médicos. De haber ganado Hillary no se habría derogado la política “pies secos/pies mojados”. Después de la elección de Trump como presidente de Estados Unidos, a Castro le conviene derogar ambas políticas. Con respecto al tema de los médicos, se entiende claramente, pero volviendo a la pregunta clave de más arriba, ¿para qué querría el dictador cubano derogar una política que le ha sido extremadamente útil para paliar la situación interna?”

Naturalmente, para presionar a Trump mediante éxodos masivos. Sin embargo, Castro y el propio Obama enmascaran esta verdad haciéndole creer a la opinión pública que ellos negociaron durante todo un año (según Castro) o durante varios meses (según Obama) la derogación de esta Ley. Veo en dicho argumento un recurso para encubrir la verdad. Obama firmó apresuradamente esa orden ejecutiva convencido, muy probablemente por el propio régimen de La Habana, que ello sería en el futuro un dolor de cabeza para Trump.

Aceptemos por un momento que estos gobiernos son santos y transparentes. Eso significa que lo que dicen es cierto, sin más. Por la parte de Castro, a Obama se le presentó en 2009, 2010 y, finalmente, el 30 de Noviembre de 2015 una propuesta de acuerdo migratorio. “Luego de casi un año de negociación ―puede leerse en la versión en español― los gobiernos lograron concretar este compromiso que debe contribuir a la normalización de las relaciones migratorias”. Esto significaría que entre diciembre de 2016 y enero de 2017 se lograron poner de acuerdo.

La Casa Blanca, por su parte, se refiere a una supuesta negociación en términos tan vagos como “hace varios meses”. ¿Cuántos, exactamente? Porque al menos hasta finales de agosto de 2016 la propia Casa Blanca seguía reiterando que no se tocaría ni la Ley de Ajuste Cubano ni la política de “pies secos/pies mojados”, ¡ante la presión de nueve gobiernos latinoamericanos! Es más, declaró que ni siquiera se estaba considerando. Esto significa que el “varios meses” aplicaría, en el mejor de los casos, al período abarcado entre mediados de septiembre ―en el supuesto caso que en tan solo 15 días la Casa Blanca cambiara de palo para rumba― hasta el 9 de noviembre, cuando se supo el resultado de las elecciones. Estaríamos entonces hablando de un mes y pico. Nada, que la expresión “hace varios meses” también es falsa.

Retornemos a la argumentación cubana. Si fue casi un año de negociación ―y ya sabemos que fue un año de peticiones por parte de Castro y no de negociación, dado que el tema no se sometió a consideración, al menos hasta finalizado agosto y quién sabe si hasta la derrota de Hillary, como sugiero yo―, ¿por qué no se pusieron de acuerdo durante todo ese año sobre el tema de la lista de los 2 746 criminales sujetos a deportación? ¿Cuáles acuerdos concretos y numerables alcanzaron ambos gobiernos durante todo ese año? ¿Casi un año de negociación para provocar una lamentable y dramática situación humanitaria con todos aquellos cubanos que una firma presidencial, supuestamente sopesada y colegiada, dejaría atrapados sorpresivamente a mitad de camino hacia los Estados Unidos? ¿Es que ello no era previsible entonces?

Además, ¿por qué deberían ser secretas estas negociaciones sobre un tema tan corriente y que atañe a cada cubano, no importa dónde esté? Mentiras, fue una decisión de última hora. Por eso fue sorpresiva. Y esa es también la razón por la cual la parte cubana termina la declaración conjunta así: El gobierno de Cuba “adoptará otras medidas para actualizar la política migratoria vigente”. Ese aplazamiento significa que no tuvieron tiempo de tomar ninguna medida real, porque nada hubo sino hasta el último minuto en que Obama mordió el anzuelo: esto le hará daño a Donald Trump. Con ese vil argumento tardío debieron lograr lo que no pudieron durante casi un año a pesar del apoyo de nueve presidentes latinoamericanos.

Ahora volvamos a Obama y preguntémosle por qué llegó a firmar una declaración donde se dice ―tras un montón de alusiones típicamente castristas― que la misma está “motivada por la promoción y el estímulo del respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales”. Lo dejo de tarea, porque hoy no se oyen más que noticias de cubanos brutalmente reprimidos dentro de la Isla y dramáticamente desamparados fuera de ella, literalmente derrumbados a las puertas del paraíso terrenal.

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Acerca del Autor

Alexis Jardines Chacón
Alexis Jardines Chacón

Alexis Jardines Chacón. Licenciado en Filosofía por la Universidad Estatal de San Petersburgo (Rusia), con especialización en Historia de la Filosofía. Tiene un M.A. en Filosofía por la misma Universidad, así como un Doctorado en Filosofía por la Universidad de La Habana, institución de la que fue profesor por más de 15 años y en la que alcanzó, como catedrático, la categoría máxima de Profesor Titular Principal. En el año 2011 se exilia en Puerto Rico y trabaja como Profesor Conferenciante en la Universidad de Puerto Rico, recinto de Río Piedras.

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