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Viernes, 26 de mayo 2017

Trump, la clave del entuerto migratorio

¿Por qué querría Raúl Castro a estas alturas retener a toda la emigración en la Isla?

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MIAMI, Estados Unidos.- ¿Qué pudo haber llevado a Obama a firmar apresuradamente un decreto en sintonía con la política migratoria de Trump y contra sí mismo? Y digo “apresuradamente” porque hasta hace unos pocos meses la Casa Blanca reiteraba que no tenía ninguna intención de modificar la Ley de Ajuste ni la política pies secos/pies mojados.

La decisión de Obama ha generado innumerables cuestionamientos, preguntas y aparentes contradicciones. La primera de estas la he esbozado ya: semejante medida ―dirigida al parecer contra la emigración ilegal― debería ser trumpista. Se entiende que los seguidores de Obama-Hillary estén insultados al no saber cómo encajar esta decisión dentro del marco general de la política de fronteras abiertas y culto al otro ajeno. Sin embargo, algo peor pudiera esconder esta “insólita” orden ejecutiva del presidente saliente.

Si asumimos que en política lo verdadero es lo que no se ve, cualquier hipótesis acerca de la derogación de la política pies secos/pies mojados debería arrojar luz sobre ese entuerto en el que nadie sabe de qué lado situarse, quién actúa mal y quién bien y, sobre todo, qué persiguen con ello Obama y Raúl Castro. Las dudas solo aumentan: ¿por qué querría Raúl detener el flujo de cubanos hacia el exterior en un momento tan difícil desde el punto de vista político y económico para el régimen? ¿Acaso no se ha dicho que la Ley de Ajuste y la política pies secos/pies mojados actúan a modo de válvula de escape?

Por otra parte, alguien se ha quejado ya de que Obama recibe palos porque boga y palos porque no boga: si no deroga la Ley, se dice, actuaría como el comunista que quiere llenar Miami de castristas. Pero si lo hace, entonces lo que quiere es mantener a los cubanos cautivos bajo la dictadura castrista. En fin, un panorama realmente desolador.

Pongamos ahora la cuestión en contexto y ensayemos una mirada multilateral. Esto nos permitirá esclarecer si la medida del presidente saliente es perjudicial o beneficiosa para los verdaderos anticastristas y antimarxistas.

La política pies secos/pies mojados la estableció el Presidente Clinton en el momento más tenso del llamado, en Cuba, Período Especial. ¿Acaso no fue esto un gesto inducido por el gobierno cubano? Sin dicha política el régimen de La Habana pudo haber colapsado. Lo mismo sucedió unos 30 años después con la política de deshielo, esta vez de la mano de Barack Obama: en el peor momento que atravesaba el régimen llegó el oxígeno directamente de Washington. Y ahora, en enero de 2017, ¿qué sucede? ¿Por qué querría Obama firmar esa orden ejecutiva que deroga la política pies secos/pies mojados y que tan impopular lo hace a los ojos de sus seguidores cubanos, amén de lo inconsecuente que resulta con la línea de su partido? La Habana maneja los hilos, haciéndole creer al presidente saliente que pasos como estos llevarían a normalizar las relaciones entre ambos países, lo cual sería parte de su legado presidencial. Pero, sin duda, el motivo más convincente es la destrucción de Trump. Y aquí viene otra pregunta crucial: ¿por qué querría Raúl a estas alturas retener a toda esa emigración en la Isla?

Para responder la pregunta anterior recordemos que la decisión tomada por Obama ―y que también parece una respuesta inducida desde La Habana― involucra otro aspecto: el del programa de Parole para los médicos cubanos.

Ahora veamos qué gana el régimen con todo esto.

Es obvio que gana en términos de retención del personal médico que usa como fuente de riqueza en el exterior. Sin embargo, hay algo que no debe pasarse por alto. En Chicago se ultiman los detalles de la colaboración de médicos cubanos. Es decir, el territorio americano será invadido por el personal de la salud castrista del mismo modo que lo hace en la mitad del mundo. Ahora bien, quien conoce la Cuba comunista sabe que no hay manera alguna de que los médicos que envía al exterior el gobierno cubano, particularmente si el destino es Estados Unidos, no sean colaboradores de la Inteligencia y de la Contrainteligencia castristas. Eso es axiomático: médicos cubanos en misión en Estados Unidos = Espías. Y ya ello es parte del regalo que le preparan a Trump, porque estos individuos no son los espías clásicos, sino los “embajadores culturales” que vienen a diseminar el marxismo, el odio al capitalismo y el culto a las ideologías “izquierdosas” junto con el amor a Cuba (castrista, se entiende). Toda vez que las Universidades norteamericanas están ya colonizadas por el marxismo cultural, se impone ahora llegar a las “comunidades vulnerables”. Esa misión recaerá en los médicos cubanos que, obviamente, recabarán también información de inteligencia.

Así, pues, hasta la victoria electoral de Trump al régimen de La Habana le convenía mantener la política pies secos/ pies mojados y eliminar el programa de Parole para los médicos. De haber ganado Hillary no se habría derogado la política pies secos/pies mojados. Después de la elección de Trump como presidente de Estados Unidos a Castro le conviene derogar ambas políticas. Con respecto al tema de los médicos se entiende claramente, pero volviendo a la pregunta clave de más arriba ¿para qué querría el dictador cubano derogar una política que le ha sido extremadamente útil para paliar la situación interna? En primer lugar, hay que decir que se mantiene la crisis aun con el aumento de los viajes y remesas a Cuba. En segundo lugar, que la infiltración de espías que facilitaba el flujo migratorio hacia Estados Unidos se va a compensar de una forma más efectiva y profesional a través del “personal de la salud” (que apoyará a las huestes de la UNEAC y de las universidades e institutos de investigación cubanos). Y tercero, Raúl prepara un arma para enfrentar la eventual hostilidad de Trump: la vuelta a la estrategia fidelista de las oleadas migratorias. La presión de la olla servirá en lo adelante como mecanismo para forzar a Trump. Es, junto a los estragos de una creciente y despiadada represión interna que ya están cargando con toda intención a la cuenta del presidente electo, la única arma que les queda. Obama, al corriente del asunto, colabora con el dictador cubano.

¿Debería Donald Trump revocar la orden ejecutiva del presidente Obama sobre la política pies secos/pies mojados? Definitivamente, no. La política pies secos/pies mojados daña a Estados Unidos, al exilio cubano y a la oposición interna, mientras beneficia al régimen castrista. Solo hay que aprender a manejar la situación a nuestro favor: Donald Trump deberá, pues, mantenerse firme y no ceder a los muy probables chantajes de Raúl ni a los previsibles encantamientos de Díaz-Canel, al tiempo que restituye el programa de Parole para los médicos cubanos y pone límites al intercambio cultural unidireccional, que solo trae a tierras norteamericanas figuras del oficialismo. De ese modo se estaría del lado del verdadero anticastrismo, porque es también la manera más efectiva de estrechar el cerco sobre la dictadura. Quien no lo entienda así solo tome un lápiz y haga cuentas.

No hay que lamentarse, pues, de lo ocurrido. Junto a la crisis interna agravada y unas condiciones externas favorables necesitamos alcanzar también una masa crítica y su catalizador. ¿Conflicto ético, sentimental, familiar, pena por el socito del barrio, etc.? Esta no es la Cuba de los 80 o los 90. Ahora los cubanos hasta pueden salir del país y regresar. Incluso en Estados Unidos siguen teniendo posibilidades, pero tienen que hacer algo allá por la libertad, que esto no es un balneario, joder, es el Exilio.

Y, ¿qué ganan los estadounidenses con todo esto? Mucho: muerto el perro castrocomunista se acabó la rabia.

Acerca del Autor

Alexis Jardines Chacón
Alexis Jardines Chacón

Alexis Jardines Chacón. Licenciado en Filosofía por la Universidad Estatal de San Petersburgo (Rusia), con especialización en Historia de la Filosofía. Tiene un M.A. en Filosofía por la misma Universidad, así como un Doctorado en Filosofía por la Universidad de La Habana, institución de la que fue profesor por más de 15 años y en la que alcanzó, como catedrático, la categoría máxima de Profesor Titular Principal. En el año 2011 se exilia en Puerto Rico y trabaja como Profesor Conferenciante en la Universidad de Puerto Rico, recinto de Río Piedras.

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