Un cuatrimestre casi en la lista de “regulados”

Un cuatrimestre casi en la lista de “regulados”

A propósito de la nueva “reforma” constitucional servida y aprobada por los gerifaltes, queda mucho residual bajo la mesa

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SANTA CLARA, Cuba.- Revisando el almanaque y las redes descubro que desde el pasado 6 de abril estamos considerados “¿de interés público?” para el DSE, ese organismo sin órganos visibles de interés pueblerino, desorganizado y voluntarioso, que ejerce su terror de terciopelo (y de palos también) a través del autómata/brazo: la dirección de inmigración y “extranjería”, que reparte “justicia revolucionaria” a su arbitrio. (La entrecomillo por lo alusivo que tiene a “exprimidera” y retranque).

Religiosamente, cada mes desde entonces, he asistido a ese antro policial a preguntar si aún continuamos “regulados”, como esperando que nos digan si el climaterio –la menopausia– se nos ha vuelto infinita a esta edad sesentona, igual que las “gloriosas victorias” castristas.

La joven que atiende la computadora del registro de identidad consulta cada vez mi expediente en el sistema único de identificación “ciudadana” (porque los camaradas represores allí no aparecen ni ostentan seudónimos proteccionistas) y siempre la misma respuesta lo confirma, en un registro tenebroso para “disfrute del colectivo” de la planta alta (o sea, el G2, que es el real coartador a la sombra):

–Sí, Pedro, sigues “regulado”.

Entonces reitero:

–A ver mi amor, afuera, en vuestras pancartas policromadas hablan de “restricciones migratorias”, no aparece tal palabreja. Ya fui a denunciarlos por violación del derecho constitucional a vuestra Fiscalía Militar en Santa Clara y allí me pidieron el nombre del “agente” que me constriñe ¿pudieras averiguar su nombre?

Claro que sé, jamás lo darán, al menos el verdadero, pero igual, insisto.

– ¡Ay! Lo siento mucho, solo el compañero “Ernesto, el de Inmigración”, podría decirte. Y él no está, o está de vacaciones, o ven después, etc.…– Así, todo el primer trimestre ha transcurrido con evasivas.

Una lista de 52 personas que como yo están maniatadas (alguna hasta dentro del propio municipio) ha sido entregada por el Instituto Patmos de Cuba al Departamento de Estado de los Estados Unidos el pasado 13 de julio y, antes, a la Comisión de DD.HH en Ginebra, en mayo, para rematar –¿de risa? – a nuestros felices “captores”.

Esa lista crece por día, ya contiene a 62 “detenidos”, pero aún faltan en ella nombres de escritores y artistas conocidos que sé han sido impedidos de viajar, pero el miedo a denunciar su estatus los corroe, y se muerden la lengua. Prefieren sufrirlo a solas.

Queda por saberse cuánto hacen esas partes honorables para intentar deponer las armas fratricidas de la dictadura más larga de la historia contemporánea en el hemisferio occidental, que las usa para exorcizar los demonios propios apabullando con interdicciones a su “querido pueblo”.

Según consta en el artículo 25 del Decreto-Ley No. 302 del 2013, efectivo en enero del 2014:

“Toda persona que se encuentre en el territorio nacional, no puede salir del país cuando razones de Defensa y Seguridad Nacional así lo aconsejen.”

Se podría decir que en tales casos las autoridades cubanas –desautorizadas con su proceder– van contra lo preceptuado por el artículo 13.2 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos: “Toda persona tiene derecho a salir de cualquier país, incluso del propio, y a regresar a su país”. Y que, cuando infames criaturas empoderadas impiden a semejantes no infames circular libremente dentro de la patria que les es común, o salir de ella con un pasaporte debidamente habilitado (léase: onerosamente pagado a tales seres), están violando el artículo 43 de la Constitución aún vigente que en su sexto párrafo enuncia:

Los ciudadanos “se domicilian en cualquier sector, zona o barrio de las ciudades y se alojan en cualquier hotel”; o violando, además los artículos 58 y 59 de la misma que también expresan “la libertad e inviolabilidad de la persona” y que “nadie puede ser encausado ni condenado sino por tribunal competente”.

Entonces ¿por qué abundar sobre lo pisoteado? Hacedores que irrespetan su propia ley no dan sino vergüenza (ajena, porque no debemos nada a nadie).

En la “nueva” patraña en forma de anteproyecto de ley, según lectura pública del gran Homero, que nada sabe de poesía pero es vice de la viciada asamblea, se plasma que “el derecho de una persona en ejercicio no puede limitar ni socavar el derecho de otra persona, siendo ese su límite”. Pero nada dice del Estado de su ubicua “impersonalidad”.

Con la “promoción constituyente” que lastima solo de publicitarse, por lo bufo en sus cambios epidérmicos que dejan al anciano coágulo intacto, queda poco que esperar de ella y sus amanuenses/amasadores. Excepto que se desangren.

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