Boxeadores y médicos quieren escapar

Boxeadores y médicos quieren escapar

Profesionales cubanos, sometidos en Brasil a una explotación inicua, están indignados con sus contratos

Dilma Rousseff y Raúl Castro, foto tomada de internet1
Dilma Rousseff y Raúl Castro, foto tomada de internet1

LA HABANA, Cuba.-En el plan “Más Médicos”, que realiza el gobierno de Dilma Roussef para llevar los servicios de salud a zonas apartadas del Brasil, saltan a la vista las diferencias derivadas del origen de los doctores. Los que proceden de países libres, determinan de manera soberana si aceptan o no las condiciones. Lo que devengan es para sus bolsillos. Si alguno “se raja” —como reza el certero símil popular—, se trata de un simple incumplimiento de contrato.

No sucede así con Cuba. Como todo en nuestro país, esa participación es planificada, y se la concibe como una operación militar. Los galenos son escogidos de manera centralizada por las autoridades, y la policía política determina cuáles están aptos para ir a la misión, y cuáles no. Quien cobra sus emolumentos es el régimen castrista, que paga luego lo que bien le parece. Si algún médico opta por poner fin a su participación, el suceso es calificado de “deserción”, como si se tratase de un soldado.

En los últimos días, la prensa ha dado esa calificación de “desertora” a la cubana Ramona Matos Rodríguez, quien optó por cesar su participación en el programa. La profesional aclaró que tomó la decisión al llegar a Brasil y advertir que el dinero contante y sonante que ella recibía cada mes era menos de la décima parte de lo que cobraban sus colegas de otros países. Un despojo inicuo. Tras dar ese paso, la ex misionera, que temía por su libertad, se acogió a la protección de congresistas de un partido opositor. Sabia decisión.

Ya los funcionarios gubernamentales y congresistas del Partido Trabalhista de la presidenta Roussef habían comenzado a echar lodo sobre Matos Rodríguez. Leí en la prensa que diputados gobiernistas habían soslayado las denuncias formuladas por ella, para hacerla objeto de descalificaciones personales. Un dirigente del Ministerio de Salud la acusó de ocasionar un “grave daño” a los pacientes que abandonó.

Todo indica —pues— que se preparaban las condiciones para poder realizar contra ella una canallada similar a la que en su momento perpetró el gobierno encabezado por el correligionario y predecesor de la Roussef, Luiz Inácio “Lula” da Silva, contra los grandes boxeadores cubanos Guillermo Rigondeaux y Erislandy Lara.

En aquella ocasión, los formidables atletas, que no habían ocasionado “grave daño” a nadie, optaron por no retornar a Cuba para probar su talento en el profesionalismo. Fueron capturados y devueltos a la Isla manu militari, como si se tratase de unos delincuentes. Tras su forzado retorno, se anunció que nunca más podrían subir a un ring. Por suerte, pudieron escapar, y hoy llenan de gloria a su Patria haciendo lo que mejor saben.

¿Alguien se atrevería a afirmar que si el caso de la doctora Matos no hubiese trascendido, no habría corrido una suerte similar a la de ambos púgiles? Ella y los restantes cubanos del Programa “Más Médicos” son los mayores perdedores en un gigantesco negocio que tiene dos grandes beneficiarios: el régimen castrista, que toma la parte del león de lo que pagan por su trabajo, y el gobierno brasileño, que logra llevar los servicios de salud a puntos apartados de su territorio, con lo que obtiene también grandes réditos políticos de cara a las próximas elecciones.

Igual que un proxeneta se siente indignado y considera que quieren despojarlo de un derecho sagrado cuando alguna de sus pupilas intenta abandonar su antiguo oficio, así los dos grandes aparatos estatales latinoamericanos que medran con el talento y el esfuerzo de los galenos cubanos, no ocultan su irritación cuando unos pocos de éstos (los dispuestos a quemar sus naves) pretenden huir del vasallaje al que están sometidos.

Por suerte, Brasil es un estado de derecho, donde los distintos poderes gozan de autonomía. La fiscalía laboral señala ilegalidades en el leonino contrato que firman los médicos de la Isla, el cual incluso prohíbe establecer relaciones sentimentales con personas de otras nacionalidades, y no contempla vacaciones o pago de aguinaldo. Por su parte, la Asociación Médica cuestiona las condiciones en que fueron admitidos extranjeros que no han revalidado sus títulos, y denuncia la existencia de “vínculos laborales análogos a la esclavitud”.

En el ínterin, y como relató otra doctora a una colega periodista, en el personal de salud cubano cunden la irritación y las protestas expresadas en voz baja: “Es un proceso de indignación, pero sin indignados”, sentenció.

 

Acerca del Autor

René Gómez Manzano

René Gómez Manzano

(La Habana, 1943). Graduado en Derecho (Moscú y La Habana). Abogado de bufetes colectivos y del Tribunal Supremo. Presidente de la Corriente Agramontista. Coordinador de Concilio Cubano. Miembro del Grupo de los Cuatro. Preso de conciencia (1997-2000 y 2005-2007). Dirigente de la Asamblea para Promover la Sociedad Civil. Ha recibido premios de la SIP, Concilio Cubano, la Fundación HispanoCubana y la Asociación de Abogados Norteamericanos (ABA), así como el Premio Ludovic Trarieux. Actualmente es miembro de la Mesa de Coordinación del Encuentro Nacional Cubano

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