1989, el fin de la utopía

1989, el fin de la utopía

Las dictaduras de Europa del Este se desplomaron, un joven en Tiananmén desafió a un tanque militar, la Causa Nº1 en Cuba demostró que la revolución cubana está fundada sobre el miedo

tiananmenLA HABANA, Cuba -Viendo las profundas transformaciones que comenzaron a ocurrir en el mundo, sobre todo en el llamado “campo socialista”, un cuarto de siglo atrás, era absurdo creer que en 2014, para nosotros, la historia seguiría detenida sobre la ruina de esta conspiración permanente que es la revolución cubana, en interminable agonía, que seguiría gobernando el mismo tándem de sátrapas suertudos y que el país se hallaría esencialmente en la misma situación de abocada catástrofe total, a la zaga de un mundo cada vez más cambiante.

Aunque la caída del Muro de Berlín quedaría como el símbolo por excelencia del derrumbe del comunismo —esa gran religión secular de nuestra época, que determinó mucho en el destino del mundo durante medio siglo—, otros importantes sucesos se dieron también en aquel sorprendente año 1989, que abrió las puertas a la última década del siglo XX, el período de cambios más profundos que haya conocido la historia, pues jamás, en tan corto período de tiempo, se habían dado transformaciones tan trascendentales.

El Muro de Berlín, que el lado occidental consideraba “Muro de la vergüenza”, era llamado en el lado oriental, con ridículo cinismo, “Muro de protección antifascista”, pues los soviéticos declararon que fue levantado para proteger de los fascistas a la población de la República Democrática Alemana (RDA) decidida a construir un estado socialista, aunque era obvio que su único propósito era evitar que esa población escapara hacia la República Federal Alemana. Para celebrar, en 2009, los veinte años de su desplome, una multitud de jubilosos alemanes hizo caer una tras otra mil piezas de dominó en una hilera de dos metros de altura en el lugar donde se alzara la ignominiosa pared. La celebración del reciente veinticinco aniversario, a su vez, ha sido apoteósica.

Pero muchas otras cosas ocurrieron, no obstante, antes y después de la caída del muro en aquel 1989 que parece, y lo fue, una fecha de otro mundo. Por ejemplo, en aquel año, Mijaíl Gorbachov aplicó la que llamó Doctrina Sinatra, según la cual los otros países del bloque comunista tenían derecho a implementar políticas “a su manera”, independientes de Moscú. Ese reconocimiento de independencia política ayudó a desatar las fulminantes revoluciones en Europa Central y del Este, casi todas pacíficas, tras las cuales el mundo ya no sería igual. Tan veloces fueron estas convulsiones espontáneas en el antiguo Campo Socialista que, por ejemplo, en Checoslovaquia, Vaclav Havel pasó en poco tiempo de la prisión a la presidencia. La única revolución violenta de 1989, y la última, fue la de Rumanía, que terminó con el fusilamiento de Nicolae Ceaucescu y su esposa.muro de berlin

Algo que estremeció al mundo con particular fuerza en ese año extraordinario fueron los reclamos de reformas democráticas que llevaron a las multitudinarias protestas en la Plaza de Tiananmén, porque si asombroso era el derrumbe del comunismo europeo, jamás se había visto un clamor tan masivo en la terrible China Popular. La opinión pública internacional asistiría, anonadada, a la reacción final del gobierno, un acto de fuerza desproporcionado y genocida. Sin embargo, una imagen recorrería el mundo entonces como símbolo de la dimensión desnuda del individuo: la del joven que se colocó delante de una columna de tanques y, desafiante, detuvo su avance durante media hora, hasta que se lo llevaron de allí.

Hay que recordar que la retirada soviética de Afganistán, completada entonces, fue, sin embargo, el principio de una crisis abismal en el país durante la cual los Talibanes se apoderaron del gobierno. Después, como sabemos, vendría la espiral macabra del terrorismo islámico, que sería la mayor influencia en los cambios mundiales tras el colapso comunista. No obstante, aquella retirada ayudó también a que se diera otro de los grandes acontecimientos del año: la Cumbre de Malta, donde el líder soviético Mijaíl Gorbachov y el presidente norteamericano George Bush declararon oficialmente el fin de la Guerra Fría.

Pero todos los grandes sucesos no ocurrieron lejos de nosotros. Incluso en América Latina aquel 1989 resultó un año excepcional. Recordemos que en el mes de febrero fue derrocado el dictador paraguayo Alfredo Stroessner, y que, poco después, Chile y Brasil volvieron a ser países democráticos. A finales de año, la guerra ensombreció brevemente a Panamá, cuando una rotunda invasión del ejército de Estados Unidos depuso y apresó al general y delincuente internacional Manuel Antonio Noriega.

En Cuba, durante el verano de ese año, Fidel Castro puso en escena el dramático Caso Ochoa, que concluiría con el fusilamiento del general y Héroe de la República Arnaldo Ochoa y otros acusados de narcotráfico y alta traición. A partir de ese punto, se abriría para el país una crisis total que no tocaría fondo hasta cinco años más tarde, en 1994, con el Maleconazo.

Hay que recordar, por otra parte, que los años finales de los 80 en nuestro país habían estado muy marcados por la perestroika y la glasnost que avanzaban en la Unión Soviética y atemorizaban a la tiranía cubana, infundiendo una enorme esperanza sobre todo entre los jóvenes, que creyeron entrar en una época de profunda renovación. Muchos nuevos artistas se lanzaron a realizar proyectos sorprendentes.

El General Arnaldo OchoaFueron los años de Arte Calle que enriqueció el panorama cultural entre 1986 y 1989 con una audacia contagiosa. Aparecieron Nos y Otros, El Programa de Ramón, La Cuarta Pared, los novísimos trovadores de la peña de 13 y 8 en El Vedado que serían el núcleo del grupo Habana Abierta. Surgió el proyecto Paideia, propuesta cultural pedagógica que alarmó al gobierno y concluyó en el fugaz gesto político de Tercera Opción.

Por supuesto, como sabemos, toda esperanza fue vana. El régimen sobrevivió sin dejar ninguna opción que no fuera el silencio o el exilio y llegó entonces la estampida de los 90, una diáspora artística que todavía no ha cesado.

Pero, en cuanto a aquel tremebundo año en sí mismo, es indudable que comenzó el fin de toda duda seria sobre la utopía del siglo XX. En un cuento de aquellos días, el personaje popular de Pepito, que aún estaba vivito y coleando, sentenció que, si los políticos, en su experimento comunista, hubieran hecho como los científicos, ¡primero habrían probado con los ratones, por supuesto! De cualquier manera, luego de aquel prodigioso año 1989, quedaría claro que el comunismo no estaba hecho para la naturaleza humana.

Acerca del Autor

Ernesto Santana Zaldívar

Ernesto Santana Zaldívar

Ernesto Santana Zaldívar Puerto Padre, Las Tunas, 1958. Graduado del Instituto Superior Pedagógico Enrique José Varona en Español y Literatura. Ha sido escritor radial en Radio Progreso, Radio Metropolitana y Radio Arte. Miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba. Distinciones obtenidas: Menciones en el género de cuento de los concursos David, de 1977, y Trece de Marzo, de 1979; premios en los concursos Pinos Nuevos, de 1995, Sed de Belleza, de 1996 (ambos en el género de cuento), Dador, de 1998, (proyecto de novela) y Alejo Carpentier, de 2002 (novela), Premio Novelas de Gaveta Franz Kafka, de 2010, por su novela El Carnaval y los Muertos

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