William Navarrete y Catherine Bardon, una visión aguda sobre el Caribe en París

William Navarrete y Catherine Bardon, una visión aguda sobre el Caribe en París

Las obras de ambos autores abarcan las migraciones de Europa al Caribe desde el siglo XIX hasta mediados del XX

(Foto: Collage CubaNet)

MIAMI, Estados Unidos. – El próximo 6 de noviembre, a las 19h00, en la Casa de América Latina, en Saint Germain de Près (París), Livres et Lieux presentará a dos escritores con una visión aguda sobre el Caribe: Catherine Bardon y William Navarrete, y sus dos últimas novelas publicadas en Francia.

Catherine Bardon es francesa y ha vivido largas temporadas en República Dominicana, un país que conoce profundamente. Había publicado anteriormente Terre métisse (Tierra mestiza), un relato de viajes sobre el país. Ahora nos presentará sus dos novelas publicadas por Les Escales: Les Déracinés (Los Desarraigados) y L’Américaine (La Americana), ambas sobre el destino de un grupo de judíos austríacos que llegan a Santo Domingo al principio de la Segunda Guerra Mundial para fundar en Sosúa, por iniciativa de Rafael Leónidas Trujillo y el programa de la Settlement Association, un kibutz o comunidad agrícola colectiva, en un antiguo feudo bananero norteamericano ya abandonado. Si en su primera novela somos testigos del proceso de desarraigo, éxodo y establecimiento en el país caribeño que, en aquel entonces, otorgó 5000 visas a los judíos que huían del nazismo, en la segunda parte, Ruth, la descendiente (Alma y Will, los protagonistas de la saga, abandona la República Dominicana para instalarse en Brooklyn, en donde se desarrolla gran parte de la trama.

William Navarrete es cubano y reside en París desde hace casi tres décadas. Ha publicado más de veinte libros de poesías, novelas, cuentos, ensayos, crónicas de viaje y relatos. En la Maison de l’Amérique Latine de París, como parte de esta mirada cruzada entre Cuba y Dominicana, presentará su tercera novela en francés: Vidalina, publicada recientemente las Ediciones Emmanuelle Collas y, en español, con el título de Deja que se muera España (Tusquets). La trama se desarrolla durante la Guerra de los Diez Años (1868-1878) entre España y Cuba, alternando con la primera década del siglo XXI, entre La Habana, Miami, Yucatán, California y la península ibérica.

Vidalina es una joven holguinera de 19 años acusada de conspiradora por las autoridades coloniales de su ciudad y deportada a Nueva Gerona (Isla de Pinos) en 1870. Navarrete aprovecha un hecho histórico verídico para establecer paralelismos con otro personaje de la novela, Augusto, prisionero político también y encarcelado en esa misma isla, en la década de 1960. En la historia se entrelazan historias de militares peninsulares que participaron en las guerra entre Cuba y España, campañas militares en Santo Domingo, Guantánamo, Santiago de Cuba y Pinar del Río con escenas de la vida en la colonia penitenciaria pinera durante el conflicto. Para ello, recurrió a los Archivos Militares de Segovia, en donde encontró los expedientes de sus dos militares protagonistas.

Siglo y medio después, Elba, bisnieta de Vidalina y Ramón (uno de los militares españoles, originario de Cirat, en Castellón) tratará de probar su filiación con la Península para obtener, gracias a la Ley del Nieto promulgada por el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, la ciudadanía española, otorgada a los descendientes de españoles nacidos en las antiguas colonias de América. Para ella, un pasaporte europeo es la única solución para poder reunirse con su hijo Marlon, establecido en Miami y con Liza, también su hija, residente en la ciudad yucateca de Mérida.

Catherine Bardon y William Navarrete, en un período que abarca las migraciones de Europa al Caribe desde el siglo XIX hasta mediados del XX y la emigración a Norteamérica proveniente de República Dominicana y Cuba, tejen sabiamente dos siglos de flujos migratorios entre estas tres regiones. En medio de la urdimbre de sus novelas, nos cuentan mitos y leyendas de las Grandes Antillas, aunque también la razón de la diversidad cultural y la magia de ambas islas, además de muchos acontecimientos históricos que nos explican por qué aquellas islas de inmigrantes se convirtieron, en la segunda mitad del siglo XX, en tierras de emigrantes. Tal vez la razón de la importante presencia cubana y dominicana en los Estados Unidos.

(Nota prensa / Livres et Lieux, París)

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