Parir en Cuba… ¿a qué precio?

Parir en Cuba… ¿a qué precio?

“No quiero tener hijos aquí, para que no pasen por lo que he pasado yo”

Embarazadas en Cuba (Foto: Javier Galeano/AP)

LA HABANA, Cuba.- Las cubanas no quieren parir, incluso más allá de las dificultades económicas que atraviesa el país en estos momentos. Este ha sido un problema presente en nuestra sociedad desde hace casi 40 años.

En la década de los setentas comienza el descenso de la natalidad en toda la isla, aunque este fenómeno ha sido más intenso en algunas provincias como Villa Clara, Santiago de Cuba, Granma y Holguín.

En el año 1978 la fecundidad descendió notablemente, y hasta la fecha no se han logrado los 2,1 hijos por mujer necesarios para el reemplazo poblacional. Ya por ese entonces los cubanos se habían percatado de que Cuba no iba a ser la Suiza de América prometida por Fidel Castro, y que sus “vamos a ser…” y sus “vamos a tener…” no eran más que promesas huecas destinadas a hacernos obedecer y acatar. A la vez, se acentuaba la falta de libertades y de oportunidades para el pueblo; y la represión y la vigilancia a través de las instituciones creadas con ese fin dejaban su nociva huella en nuestra sociedad.

De acuerdo a nuestra tendencia al bajo crecimiento poblacional, se pronostica que para el 2025 seremos la población más envejecida de la región. Ya en estos momentos ocupamos el tercer lugar en América Latina —después de Uruguay y Argentina— y para el 2050 tendríamos la novena población más vieja del mundo.

“¿Qué pasa con las mujeres cubanas, que no quieren parir?”, le pregunto a una pareja joven, y es él quien me responde: “Yo tampoco quiero tener hijos aquí, para que no pasen lo que yo he pasado. Ahora mismo estamos alquilados, ¿qué les podríamos ofrecer? Vendí la casa que me dejó mi tío para irme del país, pero no pudo ser”.

Cuando los cubanos comentan sobre las mil y una dificultades que enfrentan diariamente, siempre surge la frase “aquí no hay futuro”. Tanto mujeres como hombres esgrimen razones de índole social para no tener familia. Los problemas son disímiles: desde la convivencia con varias generaciones, muchas veces con ancianos o personas que necesitan atención especial, hasta los bajos salarios o el alcoholismo. A ello debemos añadir que cada día son menos las parejas que se casan, y la unión consensual trae aparejada la falta de compromiso, pues cuando no existe la obligación legal es más fácil romper el vínculo y al final será en la mujer en quien recaerá la responsabilidad de la crianza de los hijos.

Es por ello que tantas muchachas deciden no tener hijos sin estar casadas. Otras, alegan que no tienen dónde vivir. “Para tener hijos, primero necesito acabar la misión a ver si puedo comprarme una casa”, opina una doctora. En cambio Yanet, una joven vecina, tiene un niño de 2 años. Espera el segundo para mayo. Está casada con un arquitecto mexicano que le compró una casona en La Víbora.

Recientemente, la Gaceta Extraordinaria número 7 dio a conocer nuevas leyes para proteger la maternidad de la mujer trabajadora con la finalidad de incrementar la natalidad. Al respecto, el periódico Juventud Rebelde publicó el sábado 18 de febrero el resultado del foro-debate realizado en su página digital. Algunas de las respuestas que aparecieron difieren de los criterios de la población.

Una de las preguntas (“¿Cuál es la garantía que se les da a las madres para comprar la canastilla, la cuna y el coche? ¿Existe un crédito bancario para que estas compras se puedan pagar a plazos?”) no recibió respuesta de las especialistas (Yamina Peña Fournier, subdirectora general del Instituto Nacional de Seguridad Social, y Haydée Franco Leal, directora de Políticas y Proyecciones del mencionado instituto), a pesar de que el gobierno conoce que los salarios no alcanzan para proveer al futuro bebé de estos artículos imprescindibles.

Indago con una trabajadora de salud pública y me dice: “Creo que esa medida de que la madre se incorpore al trabajo al concluir la licencia prenatal (cuando el bebé tiene tres meses) se contradice con la propaganda de Salud Pública de lactar hasta los 6 meses. ¡Tanta campaña que yo he hecho con las madres! Además, se privarían de estar con sus bebés en esa etapa fundamental. Aprovecharse de las necesidades económicas de la gente es bastante cruel, ¿no te parece?”

Acerca del Autor

Gladys Linares

Gladys Linares

Gladys Linares. Cienfuegos, 1942. Maestra normalista. Trabajó como profesora de Geografía en distintas escuelas y como directora de algunas durante 32 años. Ingresó en el Movimiento de Derechos Humanos a fines del año 1990 a través de la organización Frente Femenino Humanitario. Participó activamente en Concilio Cubano y en el Proyecto Varela. Sus crónicas reflejan la vida cotidiana de la población.

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