“Yo solo sé que tengo miedo”

“Yo solo sé que tengo miedo”

Dijo el poeta ante el joven Fidel Castro. Hoy, los artistas en la Isla siguen teniendo miedo

Virgilio Piñera y Fidel Castro (fotomontaje)

LA HABANA, Cuba –Durante los casi tres primeros años del régimen de Fidel Castro, a éste no le interesaban los intelectuales cubanos. No perdonaba su pasividad durante los años de insurrección revolucionaria. No habían puesto bombas en las calles, ni se enfrentaron armados a la policía del dictador anterior. Ni siquiera los que vivían en el extranjero hicieron algo por el triunfo revolucionario. Nunca los perdonó. Tanto él como otros líderes políticos, no los consideran revolucionarios, ni antes, ni después de la Revolución.

El Ché Guevara lo había dejado escrito para siempre en su pequeño manual marxista El socialismo y el hombre en Cuba: ¨La culpabilidad de muchos de nuestros intelectuales y artistas reside en su pecado original: no son auténticamente revolucionarios. Podemos intentar injertar el olmo para que dé peras, pero simultáneamente hay que sembrar perales¨.

Pero las peras que mencionaba el Ché, nada tenían que ver con los seres humanos, porque un intelectual, escritor o artista, se caracteriza por su sensibilidad, su orgullo, su sinceridad. Por lo general, son solitarios y orgullosos.

Pero también son y esa es su desgracia, un hueso fácil de roer, sobre todo por un dictador con buenas espuelas.

Durante esos casi tres primeros años de la Revolución, los más convulsos del castrismo -aumentaba el número de fusilados y en las pocas cárceles se atiborraban más de diez mil presos políticos-, seguramente los escritores, no dejaban de observar como Fidel Castro resquebrajaba la libertad de prensa, cuando a partir del 27 de diciembre de 1959,  dio la orden de introducir las primeras ¨coletillas¨ al pie de los artículos adversos a su gobierno, supuestamente redactadas por los obreros gráficos.

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Primer Congreso de la UNEAC en la prensa

Era evidente que Fidel Castro, quien controlaba todo en el país, no quería acudir a ellos para cubrir cargos de dirección en entidades culturales fundadas por el régimen, como el Instituto de Arte e Industria Cinematográfica, Casa de las Américas, la Agencia de Noticias Prensa Latina, y numerosos periódicos, revistas, estaciones de radio y televisión que se nacionalizaban.

Como ministro de Educación prefirió a Armando Hart. Para la Casa de las Américas, una mujer muy lejos de ser una intelectual, Haydee Santamaría. Para el Instituto Cubano de Radio y Televisión, Papito Serguera y para el Consejo Nacional de Cultura, Vicentina Antuña y a Edith García Buchaca, dos mujeres desconocidas en el ámbito cultural.

El primer acercamiento que tuvo Fidel Castro con los escritores,  el 16 de junio de 1961, en la Biblioteca Nacional de La Habana, no pudo ser peor. Fue allí donde exclamó la famosa frase ¨Dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, nada¨, y donde quedó claro que quienes se dedicaran al Arte, debían someterse a los designios de la Revolución, algo que aún se mantiene vigente.

El máximo líder salió más que complacido de aquella reunión a puertas cerradas, al ver la expresión de sorpresa y temor de muchos de los allí presentes y sobre todo, por las palabras de Virgilio Piñera, uno de los intelectuales más importantes del siglo XX, cuando dijo: ¨Yo solo sé que tengo miedo, mucho miedo. Eso precisamente era lo que más necesitaba escuchar el nuevo caudillo cubano de la masa intelectual: Miedo, para poder gobernar a su antojo.

Dos meses después se celebra el Primer Congreso de Escritores y Artistas de Cuba y se funda la UNEAC. Los intelectuales habían caído en el jamo.

Si algo se comentaba en esa sede palaciega, propietaria de un cubano emigrante, es que el Comandante era alérgico a todo aquel que tuviera criterio propio y que por esa razón jamás la visitaría, como ocurrió.

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La prensa vocera del régimen alabó los campos de concentración de las UMAP

Hoy todavía se recuerda que en un discurso público del 13 de marzo de 1966, arremetió contra los homosexuales de la UNEAC, amenazándolos con enviarlos a trabajar la agricultura en los campos de concentración de la provincia de Camagüey. El ¨Iluminado¨, como hoy el presidente de la UNEAC Miguel Barnet, llama al dictador cubano, cumplió su palabra. Numerosos escritores y artistas plásticos se vieron castigados a realizar trabajos forzados en las inolvidables Unidades Militares de Ayuda a la Producción –UMAP-.

Estas unidades al estilo nazi, fueron creadas en 1964 y cerradas cuatro años después ante la persistencia de las denuncias internacionales. Si alguien conocía y conoce aún los pensamientos más ocultos de los intelectuales, además de su intimidad sexual, es El Iluminado, gracias a su ejército de espías, miembros de la policía política que trabaja en las sombras de la casona de 17 y H, en el Vedado habanero, donde radica la UNEAC.

En 1977, no se puede olvidar el golpe más cruel y abominable  que dirigió El Iluminado contra los escritores de la UNEAC, cuando su ejército de policías políticos sustrajo de las gavetas de la sede los expedientes de más de cien miembros, –entre ellos estaba el expediente mío como fundadora-, para que fueran separados definitivamente y sin explicación alguna de la Sección de Literatura de esa institución.

 

Acerca del Autor

Tania Díaz Castro

Tania Díaz Castro

Tania Díaz Castro nació en Camajuaní, Villaclara, en 1939. Estudió en una escuela de monjas. Sus primeros cuatro libros de poesía fueron publicados por la Unión de Escritores y Artistas de Cuba y dos por Linden Ediciones Line Press y ZV Lunaticas. A partir de 1964 trabajó como reportera en revistas y periódicos de Cuba y escribió durante ocho años guiones de radio en el ICRT entre 1977 y 1983 y en 1992 y 1993, cronicas sobre la historia de China en el periódico Kwong Wah Po, del Barrio Chino de La Habana. En 1989 y 1990 sufrió prisión por pedir un Plebiscito a Fidel Castro. Comenzó a trabajar en CubaNet en 1998 y vive con sus perros y gatos en Santa Fe, comunidad habanera.

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