¿Una estafa para el Día de los Inocentes?

¿Una estafa para el Día de los Inocentes?

Más que una vieja artimaña de comerciante lo que ha sucedido en Cuba con la tarifa eléctrica es un clásico de la estafa.

Tarea Ordenamiento, Cuba
Los cubanos viven en un contexto nacional de crisis y miseria perpetuas (Foto del autor)

LA HABANA, Cuba. – Todo indica que este 28 de diciembre, “Día de los Inocentes”, la Unión Eléctrica anunciará el reajuste de su nueva tarifa, quizás una de las más abusivas del mundo. Ni siquiera llegó a estrenarse y ya fue sometida a “revisión”.

Nunca el régimen se ha mostrado tan receptivo con queja alguna —ni con los abusos de ETECSA, constantemente denunciados— pero, de modo sorprendente, se dijo que serían revisados los precios “atendiendo a las quejas de la población” y, de publicarse otra tarifa menos “apretadora” en tan breve tiempo, pudiéramos sospechar que ha sido una jugarreta de pura mercadotecnia en la que, luego de anunciar cifras exageradas, los “clientes” quedan complacidos cuando se les dice que en vez de 2 pesos, ahora pagarán 1,99. 

Más que una vieja artimaña de comerciante lo que ha podido suceder con la tarifa eléctrica es un clásico de la estafa. Aunque más que gastado el truco, ahora los mandamases de Cuba apuestan a que psicológicamente su jugada funcionará, como si fuera otra de las “inocentadas” y “bromas pesadas” de estas fechas en que el alcohol entorpece el raciocinio.

A los gobernantes cubanos, con lo del “centavo de menos y centavo de más” se les está yendo la mano más allá del pillaje chapucero. Lo están haciendo con el reajuste de precios, y en vez de multiplicar por 24 CUP, de acuerdo con la tasa de cambio del dólar (USD) frente al peso cubano, calculan por 25 CUP, de modo que están robándonos un peso “a la cara”. 

Y un peso es mucho más que “un peso” cuando en el balance total se convierte en millones y millones, sustraídos de los salarios que no crecerán en igual proporción que los precios de bienes y servicios pero, además, sacados de esas cuentas en “pesos convertibles” (CUC) que, al trocarlas en CUP, incumpliéndose así la garantía de canje en divisas estampada en el propio billete, cambiarán convenientemente a favor de la banca, según la tasa oficial. 

Un ejemplo que ilustra la gran estafa a la que estaremos asistiendo en breve es el incremento de un 4 por ciento en las actuales tarifas para las recargas de saldo en ETECSA. 

El monopolio estatal cubano asegura que estas no han variado, que apenas se han transformado de CUC a CUP siguiendo el cambio oficial pero lo cierto es que han sido multiplicadas por 25 y no por 24 como debiera ser. 

Así, a partir del 1 de enero de 2021 una recarga por la que antes se pagaba 10 CUC pasará a valer 250 CUP, cuando el ajuste, atendiendo a la tasa oficial, debió ser de 240 pesos cubanos. De modo que, a los efectos de las recargas desde el exterior, este peso de más representa un incremento de aproximadamente 0,40 centavos de dólar que la empresa “se embolsa”, en tanto los 10 USD apenas representan 240 CUP, cuando el bono de recarga nos es vendido por ETECSA en 250 CUP. 

Y ha sucedido igual con los precios de todas las cosas. Ninguno se ha multiplicado según lo establecido. Sin embargo, en cuanto a las bonificaciones salariales, incluidas las de los trabajadores contratados en las empresas de capital extranjero, serán multiplicadas por 24 CUP y no por 25, porque todo indica que la tasa oficial se aplica siempre que la ganancia sea a favor del “sistema” y no del ciudadano. Vemos así que el “robo del pesito” se convierte en “normativa universal”. 

Pero entrenados en la práctica sistemática de la estafa por la maldita circunstancia de los pícaros por todas partes —en un contexto nacional de crisis y miseria perpetuas—, estas “estrategias” de “saqueo institucional”, no pasan inadvertidas entre los cubanos, ni siquiera el “Día de Inocentes”. 

Tanto así que casi es general en las calles y redes sociales que se nombre “tarea ordeñamiento” (sí, de “ordeñar”) a un proceso que, lejos de pretender el “orden”, profundizará el caos económico y, para colmo de males, ya trasciende la “terapia de choque” y se convierte, literalmente, en un asalto a mano armada. 

Y la prueba de que los “cambios” no son otra cosa que “remedios con pistoletazos” es ese ejército de tropas especiales en las calles, más la cacería de brujas desatada, y no precisamente por causa de una decena de pacifistas que “amenazaban” con leer poesía, sino porque lo ocurrido en San Isidro los hizo conscientes de cuán letales son los efectos de la pérdida del miedo en la gente que “no tiene ya nada que perder”. 

Gente harta de abusos y, lo peor de todo, sin esperanzas de alcanzar alguna vez la prosperidad personal y familiar. Gente decepcionada, dentro de sus propias filas “partidistas”, que ha descubierto, a golpetazos, lo que alguien escribía hace un par de días en su muro de Facebook: “El problema no es ni el CUC ni el CUP, ni el MLC, el problema es el PCC (Partido Comunista de Cuba). Ese es el que debería dejar de circular en Cuba”.

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Ernesto Pérez Chang (El Cerro, La Habana, 15 de junio de 1971).
Escritor.
Licenciado en Filología por la Universidad de La Habana.
Cursó estudios de Lengua y Cultura Gallegas en la Universidad de Santiago de Compostela.
Ha publicado las novelas: Tus ojos frente a la nada están (2006) y Alicia bajo su propia sombra (2012).
Es autor, además, de los libros de relatos: Últimas fotos de mamá desnuda (2000); Los fantasmas de Sade (2002); Historias de seda (2003); Variaciones para ágrafos (2007), El arte de morir a solas (2011) y Cien cuentos letales (2014).
Su obra narrativa ha sido reconocida con los premios: David de Cuento, de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), en 1999; Premio de Cuento de La Gaceta de Cuba, en dos ocasiones, 1998 y 2008; Premio Iberoamericano de Cuento Julio Cortázar, en su primera convocatoria en 2002; Premio Nacional de la Crítica, en 2007; Premio Alejo Carpentier de Cuento 2011, entre otros. Ha trabajado como editor para numerosas instituciones culturales cubanas como la Casa de las Américas (1997-2008), Editorial Arte y Literatura, el Centro de Investigaciones y Desarrollo de la Música Cubana. Fue Jefe de Redacción de la revista Unión (2008-2011).

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