Sin colas no hay coleros

Sin colas no hay coleros

El fenómeno de los coleros ha venido a proporcionar la excusa perfecta para la activación de unas brigadas de respuesta rápida encubiertas, que tendrían la función de sofocar cualquier estallido social

Lawton, La Habana (Foto de la autora)

LA HABANA, Cuba. – Con la Revolución de Fidel Castro llegó la escasez a nuestro país. La escasez trajo las colas y con ellas surgió un nuevo personaje (nada respetable, pero conveniente para algunos), un subproducto de la Revolución al que el pueblo llama los “coleros”.

Por varias décadas estos han estado presentes prácticamente dondequiera que se vende algo –siempre deficitario, por supuesto–. Los coleros son individuos que consiguen varios puestos al principio de las colas con el objetivo de venderlos a todo el que esté dispuesto a pagarles. Como consecuencia, quienes marcan detrás se estancan en la fila, se demoran más de lo debido en acceder al producto o servicio, mientras que quienes les pagan sus nada pequeños honorarios acceden sin dificultades ni demoras.

Hasta ahora, siempre el gobierno se había mantenido indolente ante esos elementos que desde sus comienzos se han caracterizado por su agresividad y desfachatez, así como por vapulear a las personas decentes que se ven obligadas a hacer largas colas para poder comprar productos de primera necesidad, por lo que nunca han sido bien vistos por la mayor parte de la población. Así le sucedió en días pasados a Marvelis. Ella refiere que fue a marcar a las tres de la madrugada para comprar pollo en la TRD de 15, entre Concepción y Dolores. Cuando llegó había dos personas. Preguntó por el último y un hombre le respondió con la mayor naturalidad: “Soy yo. Y conmigo vienen treinta”. Aunque la mujer tuvo deseos de protestar, decidió no hacerlo, porque por experiencia conoce las reacciones violentas de esos individuos.

Al mismo tiempo que aumentan las largas colas por la gran escasez de alimentos, productos de aseo y servicios médicos, crece el descontento de la población por las promesas y mentiras de dirigentes y prensa en medio de la grave situación que enfrenta el país. Por supuesto, los coleros, que siempre han actuado con impunidad, incrementan el malestar dentro de la población y esto lo sabe aprovechar bien el gobierno para encubrir su verdadero y diabólico propósito. Los coleros serán el chivo expiatorio: por primera vez el gobierno no hace la vista gorda y comienza una fuerte campaña en su contra.

El 20 de julio en el Granma aparecía la noticia “Sancionados en Cuba 1285 coleros desde el inicio de la pandemia de COVID-19”. En el texto se afirmaba: “Aunque no puede considerarse un asunto resuelto, el problema de los coleros y los males asociados a él se continuará enfrentando con firmeza por las autoridades cubanas, con el apoyo decidido de la población”.

El 3 de agosto, el periódico Juventud Rebelde publicó: “El principal detonante de inquietud social y política del país está ahora mismo en estas largas y extenuantes filas, con sus extensiones corruptas y corruptoras en cuyo equilibrio, quietud y orden se está decidiendo –no hay que ser ingenuos– la estabilidad institucional, la gobernabilidad y el consenso popular, sin el cual sería imposible sostener la Revolución”. Más claro, ni el agua.

(Foto de la autora)

A través del Granma del 5 de agosto pudimos conocer a qué se referían con “el apoyo decidido de la población”. Se trata de la creación de 3 054 grupos de enfrentamiento integrados por 22 281 individuos “en representación del pueblo”. ¿Para cuidar la cola? La experiencia nos hace pensar que estamos en presencia de la reactivación de las tenebrosas brigadas de respuesta rápida, que no son más que bandas paramilitares disfrazadas de pueblo ofendido, que por mandato gubernamental reprimen a los ciudadanos y que fueron utilizadas en 1980 cuando los acontecimientos de la embajada de Perú y el 5 y 6 de agosto de 1994 para aplastar el levantamiento popular conocido como “Maleconazo”.

Díaz-Canel declaró: “Estamos actuando a pedido por denuncias e insatisfacción del pueblo, del pueblo al cual nos debemos, y no al enjambre anexionista”. ¿Acaso llama “enjambre anexionista” a los miles de cubanos que pasan hambre, critican y se quejan de los 60 años que lleva en el poder la dictadura que ha arruinado a nuestro país con sus malos manejos?

En cuanto a estas brigadas, una vez comenzado su desempeño la opinión de las personas es que son bastante autoritarios y nada conciliadores, y aunque cuidan la cola están más pendientes de que no se formen grupos. Además, no han sido ubicados en todos los comercios, sino en aquellos donde sería más probable (y notorio) un estallido social.

Como es lógico, los coleros han desplazado sus actividades hacia las tiendas donde no operan dichas brigadas. Pero eso no preocupa al gobierno, pues sabe que para erradicarlos basta con eliminar las colas.

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Acerca del Autor

Gladys Linares

Gladys Linares

Gladys Linares. Cienfuegos, 1942. Maestra normalista. Trabajó como profesora de Geografía en distintas escuelas y como directora de algunas durante 32 años. Ingresó en el Movimiento de Derechos Humanos a fines del año 1990 a través de la organización Frente Femenino Humanitario. Participó activamente en Concilio Cubano y en el Proyecto Varela. Sus crónicas reflejan la vida cotidiana de la población.

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