San Luis va de mal en peor

San Luis va de mal en peor

La situación en este municipio pinareño es en extremo crítica, como sucede en todos los poblados de esa Cuba profunda que el gobierno no muestra

Las vías del municipio de San Luis, en Pinar del Río. Foto del autor

LA HABANA, Cuba.- Hace aproximadamente un año, después de mucho tiempo, estuve en San Luis, Pinar del Río, para visitar a mis familiares por línea paterna. Volví hace unos días por allá, y comprobé que los problemas que detecté en mi estancia anterior persisten o se han agravado.

El primer contratiempo lo tuve con el transporte local. El traslado hasta la casa de mi hermano, en El Corojo, a dos kilómetros del pueblo, fue un albur. Las flamantes guaguas Diana que circulaban con regularidad la vez anterior, ahora presentan inestabilidad en sus horarios, debido casi siempre a roturas.

Los coches de caballos, que antes se mantenían casi todo el día, ahora solo realizan viajes hasta el mediodía. Los dueños de los coches manifiestan que producto del mal estado de la carretera y del calor, los caballos se fatigan mucho y no pueden exponerlos a ese esfuerzo.

Existe un inspector de transporte a la salida del pueblo para obligar a los choferes de vehículos estatales a recoger personas si transitan vacíos, previo pago, pero en muchas ocasiones este funcionario no está en su puesto de trabajo, por causas diversas.

Durante los cinco días que estuve esta vez en San Luis, la mayor parte de las visitas tuve que realizarlas a pie, y caminar en cada una varios kilómetros, pues fue la única forma de poder ver a los familiares que viven alejados unos de otros.

De noche ya no se puede ir lejos del domicilio, porque hay peligro de asaltos. Nadie se atreve a moverse en horario nocturno, si no es por necesidad y acompañado.

Si existe la necesidad de viajar hasta la capital provincial, es muy complicado, sobre todo para los que trabajan allá. Los ómnibus son insuficientes, y los que botean con sus automóviles cobran 25 pesos por cada viaje. Los carros son escasos, y hay horarios en que resulta difícil alquilar uno.

Casa de tabaco en el municipio San Luis, Pinar del Río. Foto del autor

Otro problema que subsiste es el mal estado en que se encuentran las casas de tabaco. Su construcción o reparación corre a cargo de vegueros con crédito bancario. Pude observar de nuevo que, debido a los malos materiales con que fueron reparadas después de un ciclón hace varios años, hay una cantidad apreciable de casas de curar tabaco en ruinas.

Este año repusieron las viejas turbinas de agua para facilitar los regadíos a las siembras y llevar el líquido a los domicilios de la zona. El inconveniente ahora es que las tuberías son muy viejas, y la fuerza del agua las rompió en muchos lugares, por tanto, hay caminos y senderos inundados por doquier.

La escasez de pan es mayor que en La Habana. Existe una sola panadería en el poblado, por tanto, las personas que radican en las zonas rurales tienen que caminar kilómetros hasta el pueblo para adquirir el pan, si es que hay cuando van, pues solo se despacha en las mañanas, durante dos o tres horas, y no alcanza para todos.

Hay productos del agro que solo se consiguen con vendedores-carretilleros, que ofertan estas mercancías a precios equivalentes a los de la capital. Los campesinos que los cosechan destinan la mayor parte para su autoconsumo, por lo que hay que pagarlos a precios bastante elevados.

El surtido de productos como jabón de baño y pasta dental es deficitario, y cuando llegan a las tiendas, se agotan con rapidez.

La tienda de San Luis, Pinar del Río. Foto del autor

La tienda que comercializa estos productos en moneda nacional cuenta con dos vidrieras: una está rota y la otra solo tiene fotos de Fidel Castro.

El mayor contraste se advierte en la forma de vida de muchos habitantes del lugar. Pude ver en pleno campo, amplias casas de mampostería, con buenas comodidades, y hasta con aire acondicionado. La explicación es sencilla: muchos habitantes de estos contornos tienen familiares en el exterior que les envíen remesas con regularidad.

Sin embargo, la única conclusión que saqué de mi visita es que San Luis, como muchos otros poblados de la Cuba profunda, va de mal en peor.

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