Prensa oficialista cubana: los desaciertos continúan

Prensa oficialista cubana: los desaciertos continúan

Los comunistas dirigen al país como si fuera un espacio monocorde y gris, y a la prensa como una reproductora de un mundo presuntamente panglossiano

Prensa oficialista cubana
Prensa oficialista cubana. Foto Internet

GUANTÁNAMO, Cuba.- El pasado mes de julio sesionó en La Habana el X Congreso de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC).

Como en los nueve congresos anteriores los delegados abogaron por resolver los problemas que han convertido a la prensa oficialista en un apéndice del Partido Comunista de Cuba (PCC) y objeto de burla para gran parte de los cubanos.

Sí eso ocurre no es porque en dicha prensa no existan profesionales capaces, sino porque es dependiente del citado partido, controlada y pagada por él, y por eso es incapaz de informar con inmediatez y objetividad sobre sucesos relevantes de Cuba y el mundo.

Los ciudadanos tenemos derecho a ser informados de forma veraz y oportuna. De nada valen —ni valdrán— las arengas patrioteras ni los discursos laudatorios si no acaba por imponerse una política informativa diáfana, algo que para muchos es una quimera teniendo en cuenta el control asfixiante que el partido comunista ejerce sobre todos los ámbitos de la sociedad cubana y, especialmente, sobre los medios de comunicación.

Ejemplos singulares de que los desaciertos de la prensa dependiente del PCC continúan “a pululu” —como diría el carismático personaje del programa humorístico “Vivir del cuento”— han sido varios sucesos ocurridos la semana pasada. Me refiero a la visita del Presidente de Venezuela a Cuba, la gira del Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros Miguel Díaz Canel Bermúdez por Francia, Rusia, la República Popular China, Corea del Norte, Viet Nam y Laos, la discusión en la ONU del proyecto de resolución cubana solicitando el fin del embargo norteamericano, el discurso del señor John Bolton en Miami y la última reunión del Consejo de Ministros de nuestro país.

En cuanto a la visita de Nicolás Maduro Moros, fue el miércoles 31 de octubre cuando los cubanos supimos que estuvo en Cuba. Ese día Granma —órgano oficial del Comité Central del PCC— publicó en primera plana que el General de Ejército Raúl Castro Ruz, primer secretario de dicho partido, lo había despedido de regreso a Venezuela. La escueta nota de Granma no aclara si fue una visita privada o de trabajo, mucho menos cuál fue su objetivo, algo que contrasta con una información publicada por ese periódico el día 29, también en primera plana, donde se advertía que el excelentísimo señor Juan Carlos Varela Rodríguez, Presidente de la República de Panamá iba a llegar ese día a nuestro país en visita oficial. El día 30, igualmente en primera plana, Granma informó que Miguel Díaz-Canel Bermúdez lo recibió. Todo parece indicar que en cuanto a las visitas del mandatario venezolano el castrismo replicará el mismo método que utilizó con respecto a las reiteradas visitas de Hugo Chávez a Cuba, por el cual sabíamos cuándo se iba pero casi nunca cuando entraba.

Ese mismo miércoles 31 de octubre Granma informó que también en horas de la tarde del martes 30 el General de Ejército Raúl Castro Ruz despidió a Díaz-Canel al partir hacia su gira. Y aunque la brevísima nota afirmó que se trataba de algo anunciado —por cierto, muy escuetamente por el canciller Bruno Rodríguez Parrilla cuando ofreció una conferencia de prensa en el Ministerio de Relaciones Exteriores el 24 de octubre— todavía hoy los cubanos desconocemos cuál es el orden del itinerario y las fechas de arribo a cada país que el mandatario tiene programado visitar. No creo que puedan alegarse razones de seguridad para justificar ese desliz pues la noticia apareció mucho antes en los servicios noticiosos de Internet, algo que demuestra que los extranjeros están mucho más enterados de lo que pasa en Cuba que nosotros mismos.

En cuanto a lo ocurrido en la ONU durante la discusión del proyecto de resolución presentado por el castrismo y titulado “Necesidad de poner fin al bloqueo económico comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos de América contra Cuba”, los cubanos de acá no pudimos ver ni escuchar el discurso norteamericano en el plenario, ni tampoco conocer el contenido de las enmiendas que dicho gobierno propuso incorporar al mencionado documento. ¿De qué objetividad puede hablarse cuando sólo se divulga lo que alega una de las partes involucradas en un debate? ¿A qué le teme el departamento ideológico del Comité Central del PCC?

Algo similar ocurrió con el discurso que el señor John Bolton, Asesor de Seguridad Nacional del gobierno norteamericano, realizó en Miami ese mismo 31 de octubre, donde abordó asuntos relacionados con Venezuela, Nicaragua y Cuba. Lo único que han podido conocer sobre ese discurso los cubanos que no tienen acceso a Internet son las diatribas que la prensa oficialista acostumbra a lanzar sobre sus enemigos políticos.

Y por último, ha sido este sábado 3 de noviembre cuando los cubanos hemos recibido una información detallada de la reunión del Consejo de Ministros realizada el pasado martes 30 de octubre, ¡cuatro días antes! Pudiera argumentarse que hay déficit de papel y que la prensa plana dio mayor cobertura al debate en la ONU, pero si eso fuera cierto sería muy válido preguntar por qué no informaron antes de esa reunión en la radio o la televisión.

El caso es que los comunistas dirigen al país como si fuera un espacio monocorde y gris, y a la prensa como una mera reproductora de un mundo presuntamente panglossiano.

Pero la Cuba de hoy no es monocorde ni gris, sino una extraordinaria sinfonía plena de silencios espontáneos o coyunturales, murmullos y estridencias, permeada por disimiles colores que simbólicamente representan a todos los segmentos de la población, una paleta donde están el rojo de la dictadura pero también el verde de la esperanza y el azul de la libertad, y eso no lo podrán desconocer, por más que quieran, quienes dirigen la prensa oficialista y el país, aunque sigan imaginándose que somos una sociedad que solo cabe en sus mentes calenturientas o en las espeluznantes fantasías de Aldous Huxley o George Orwell.

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