“Callarme y no denunciar a la dictadura sería traicionar a Cuba”

“Callarme y no denunciar a la dictadura sería traicionar a Cuba”

Plantados constituye el primer largometraje del cineasta cubano Lilo Vilaplana, que se estrenará en marzo próximo en Miami

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Lilo Vilaplana, director de Plantados (foto cortesía del autor)

LA HABANA, Cuba. – Un ex preso político cubano se encuentra en Miami con el castrista que, años atrás, lo torturó a él y a sus compañeros en una cárcel en Cuba; se debate entonces entre la justicia y la venganza. Es este el argumento de Plantados, una película que relata la historia del presidio político en Cuba, los abusos y crímenes del régimen comunista contra los prisioneros de conciencia que en la década de 1960 se negaron a aceptar el Plan de Reeducación y de Trabajos Forzados.

El filme constituye el primer largometraje del cineasta cubano Lilo Vilaplana, que se estrenará en marzo próximo en Miami, la capital del exilio cubano. En aras de conocer las interioridades de la obra y de su director, Cubanet conversó con Vilaplana.

—Desde su llegada a Miami, hace algunos años, ha mantenido una cercana relación con el movimiento de presos políticos, entre ellos los Plantados. Sobre estos ha desarrollado varios capítulos de la serie Leyendas del Exilio. Próximamente estrenará la película Plantados, basada en sus testimonios. ¿Por qué filmar una película como esta?

—Por justicia histórica, y es un honor que los Plantados me escogieran para hacer este filme. El exitoso empresario Leopoldo Fernández Pujals tenía este sueño pospuesto desde hace más de veinte años. Lo había intentado varias veces y no lograba, por distintos motivos, realizar la película sobre los Plantados. Pujals es sobrino del fallecido José Pujals Mederos, un respetado preso político Plantado.

Ángel de Fana y Ernesto Díaz Rodríguez, también destacados presos Plantados, me conocen durante el rodaje de la serie Leyendas del Exilio, y ellos le piden a Leopoldo que realice un intento más con la película y le proponen que sea yo quien la dirija. Él acepta.  Ya hace un año que empezamos a trabajar en este proyecto. Me leí muchos libros sobre el tema, vi varios documentales y me entrevisté con muchos presos para armar una historia sólida que no quedara solo en lo anecdótico. Invite a Ángel Santiesteban, amigo, ex preso político y escritor cubano, que reside en la Isla, a hacer el guion y se trabajó, mientras el inversionista y los Plantados nos iban asesorando. Se realizaron 16 versiones de Plantados para llegar al guion final, que estuvo listo seis meses después de aquella primera entrevista en el yate de Leopoldo. Luego sumé al equipo al importante periodista y escritor, también ex preso político Juan Manuel Cao, que terminó de ajustar muchos detalles del texto.

Es sumamente importante esta película porque el castrismo no ha cambiado. En Cuba se sigue torturando a los presos políticos, se siguen irrespetado los derechos humanos y en el mundo se tiene que conocer esa realidad. Un día escuché algo así: Si la verdad la cuentan los “vencedores”, es que existe otra verdad.

—Esa vocación suya por reflejar esa otra cara de la historia de Cuba, fundamentalmente la de los últimos 61 años, le ha valido el calificativo de el Homero del exilio cubano. ¿Por qué esa obsesión con rescatar la historia cubana, sobre todo aquellos testimonios de las víctimas del régimen castrista?

—En honor a la verdad, hay varios artistas que han realizado esta labor mucho antes que yo: Enrique Encinosa, Pedro Corzo, Eduardo Palmer, entre otros; yo solo soy uno más que quiere defender la verdad histórica. “El Homero del exilio” me llama mi gran amigo, el abogado y patriota, Marcell Felipe, pero es una exageración. Yo solo quiero que el mundo conozca la verdad de la historia de mi país, tan tergiversada, tan manoseada y cambiada por la dictadura que la usa para adoctrinar a los de adentro y engañar a los de afuera. Si no la contamos ahora, que están vivos los protagonistas, después dejamos mucho a la especulación y el mundo solo contará con la versión que se ha esforzado por dejar la tiranía que hace 61 años ordena, dicta y aprueba ‒a historiadores en la Isla‒ la manera de contar los sucesos.

Lilo Vilaplana y Gilberto Reyes durante la filmación de Plantados (foto cortesía del autor)

—¿Qué es para Ud. Plantados, la película? ¿Qué retos le ha planteado?

—He dirigido series exitosas, programas unitarios, cortometrajes, teatro, con grandes presupuestos, con bajo presupuesto, he dirigido hasta televisión en vivo. Pero este es mi primer largometraje y con un tema que me apasiona. Lograr convencer al inversionista de hacerla en español, con actores cubanos, en Miami ‒lugar que según muchos es el cementerio de los artistas‒; demostrar que esto no es cierto, que en el sur de la Florida se pueden hacer grandes obras, que hay mucho talento por estos lares, darle empleo a tantas personas y apostar a que se sigan realizando obras como esta, es algo grande. Pude contar con actores experimentados como Carlos Cruz, Gilberto Reyes, Ariel Texidó, Roberto Escobar, Abel Rodríguez, Albertico Pujols , Adrián Mas y Carlos Acosta; y con  jóvenes talentos como Ricardo Becerra, Fabian Brando, Frank Egusquiza, Héctor Medina, Yerenadi Basart, Alejandro Gil y el humorista conocido como Boncó Quiñongo, que debuta en un personaje dramático con una gran interpretación. Todos entregaron el alma en el set, hasta los personajes que tenían pocas escenas pero de una importancia dramática fundamental en la trama, y todos estuvieron maravillosos; podría citarte como ejemplos el trabajo histriónico de Grettel Trujillo, Vivian Ruiz, Isabel Moreno, Yani Martin, Alina Robert y Jennifer Rodríguez.

—¿Qué representa esta película tanto para su profesión como para su experiencia personal?

—La película en lo personal significa mucho para mí. Tengo una empresa familiar, trabajar  al lado de mi esposa Irasema Otero, que es la productora ejecutiva del filme por parte de Vilaplana Films, trabajar con mis dos hijos, Camilo y Camila, ver cuánto han crecido  como artistas. Poder contar con personas que durante años han estado a mi lado y ya son como parte de mi familia, como mi directora asistente Nitsi Grau, el director de fotografía colombiano Carlos Hernández, con quien hago dupla director fotógrafo desde hace más de diez años. Tener a Pedrito Rosario en el equipo o poder traer a Capax, un magnifico operados de cámara colombiano al proyecto. En arte, contar con la experiencia de Guillermo Mediavilla, con el que estoy trabajando por primera vez, y que aportado su talento y creatividad a la historia; apoyado por Sandra Pérez, una de esas hermanas que  la vida puso a mi lado. Todo eso es una bendición, poder trabajar con personas que adoras y a la vez son profesionales que respetas. En lo profesional, hacer Plantados es hacer una obra grande con un tema transcendental, y lo más importante: hacerla en libertad, sin condiciones. Un artista moviliza criterios, discusiones, puntos de vista. Eso quiero que pase con Plantados. Mi único miedo es que en Cuba las cosas nunca cambien.

—En los últimos meses se ha generado en las redes sociales una gran campaña de propaganda de la película, fundamentalmente a raíz del decomiso de una de las gorras de promoción en el aeropuerto internacional de La Habana. Desde entonces, pese al asedio del régimen, algunos valientes cubanos han logrado introducirla en la Isla, llegando incluso a burlar a las autoridades. ¿Se pudiera decir que Plantados se ha convertido en un símbolo de rebelión contra el régimen? ¿Por qué?

—Si uno detecta que “algo” le molesta al castrismo, es que “ese algo” está bien. Ese día que Ricardo Becerra, uno de los protagonistas de Plantados, te entregó en el programa El Espejo del canal 41 la gorra para que se la llevaras a La Habana a Angelito (Ángel Santiesteban), fue el inicio de todo; porque eso alertó a los sicarios de Castro que decomisaron la gorra, ellos creen que prohibiendo el objeto liquidan el mensaje y el mensaje se ha multiplicado. Casi todos los días mandamos gorras a Cuba; como se ha visto en las redes, muchos cubanos valientes nos envían fotos en lugares icónicos de la patria y sitios que custodia la dictadura, en cualquier momento se la colocan en la mesa de noche del títere Canel. En la isla hay personas muy valientes, dispuestas a todo por lograr la libertad y la democracia en la isla y piden la gorra, porque quieren portarla con orgullo, porque quieren desafiar al sistema, porque como yo, tienen miedo a que las cosas no cambien en Cuba.

Fragmento de Plantados. Presos en una galera (foto cortesía del autor)

—¿Qué expectativas tiene con la película? ¿Qué importancia tiene o pudiera tener en el contexto cubano actual?

—El castrismo no ha cesado de castigar a opositores, no cesa de encarcelar a todo el que les resulte sospechoso, porque ellos saben que pronto habrá un gran estallido social, por eso intentan controlar a los valientes cubanos que día a día enfrentan a este sistema que solo ha demostrado su ineficacia para lograr prosperidad y sus miles de tácticas para reprimir.

El camino no va a ser fácil, porque no podemos olvidar que los festivales en el mundo, como la prensa en su mayoría, los domina la izquierda porque confunden justicia social con discurso populista. El discurso de los zurdos es bonito, pero en la práctica es un desastre económico y social; entonces, cuando le colocas verdades tan irrefutables de frente, solo apelan al boicot, al grito, a la agresión, porque así actúan los que no tienen argumentos ni razón. Espero que la verdad se imponga y la obra Plantados defienda por sí sola su discurso.

—Plantados rompe con todos los cánones de lo que ha sido el cine cubano en los últimos 61 años. No obstante, es una película que se ha filmado enteramente fuera Cuba. ¿Se puede considerar a Plantados como una película cubana?

—Claro que es cine cubano. Hay personas de varias nacionalidades en la película, pero el 90 por ciento de actores, personal técnico y de producción son cubanos. Yo no permito que confundan al castrismo con Cuba, Cuba es la patria. Por mucho que la dictadura quiera imponer que para ser cubano hay que ser castrista. Ese es un tema doloroso, porque por años van carcomiendo la cabeza a las personas, y hay muchos confundidos que no se dan cuenta de que la bandera es propiedad de la patria y no un estandarte de la tiranía.

—Ud. se marcha de Cuba en 1997, ¿en qué se basó esa decisión?

—Salí a trabajar, pero cuando llegué a Colombia confirmé lo que siempre sospeché: cuántos años perdidos por el capricho de un sistema al que solo le importa la perpetuidad en el poder, y para lograrlo pasa por encima de los sueños de todos. Una vez que en Cuba logremos la democracia, habrá que cuidarla, ya aprendimos que, una vez perdida, se tarda demasiados años para recuperarla.

—Ud. ha realizado varias series y telenovelas de éxito; sin embargo, en su carrera han sido recurrentes las filmaciones con denuncias políticas y sociales sobre Cuba, muchas de ellas producidas de su propio bolsillo; de ello es evidencia, por ejemplo, La Muerte del Gato, La Casa Vacía e Irene en La Habana. ¿Por qué mantiene esta actitud? Como cineasta y como cubano, ¿cuál considera que sean sus responsabilidades?

—Callarme y no denunciar a la dictadura seria traicionar a Cuba. Yo no puedo traicionar a Cuba. Un artista que no hable de política, cuando su patria lo necesita, un artista que no haga pensar, reaccionar y que no deje un mensaje claro, en un momento difícil, es como un cascabel que anda por el piso de una sala, sonando y rodando para donde lo lleve el viento, hasta que una patada lo destierre bajo un sofá. Un artista no puede ser un ratón amaestrado; por eso, no solo en las obras que toco el tema cubano he denunciado el castrismo, en la exitosa serie El Capo, por ejemplo, en cada temporada, a través del protagonista, le dediqué palabras de aliento a mi gente, a mi tierra.

Un artista debe ir acorde con su tiempo, debe ser consecuente con lo que piensa. Un artista no puede darse el lujo de ser el bufón de un tirano, porque pones tu arte de rodillas para complacer la ambición de un sistema. No hay nadie más miserable que Abel Prieto, Silvio Rodríguez, Raúl Torres, Haila y otros tantos seres que decidieron  arrastrarse para intentar sacarle brillo a la bota del castrista en jefe de turno. Ellos traicionaron a Cuba.

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Acerca del Autor

Camila Acosta

Camila Acosta

Graduada en Periodismo en la Universidad de La Habana, 2016. Investigadora, Documentalista y Especialista en Comunicación del Club de Escritores y Artistas de Cuba (CEAC). Reside en La Habana, Cuba

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