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Lunes, 18 de diciembre 2017

Otra denigrante prohibición al cubano

“Mi sueño es tener mi propio barco, a mi gusto; pero creo que nunca podré realizarlo”

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Embarcación perteneciente al Club de Yates de Cayo Hueso, en la Bahía de La Habana (excelenciasdelmotor.com)

LAS TUNAS, Cuba.-  “En este minuto no es posible”, dijo recientemente el coronel Víctor López Bravo, jefe del departamento nacional de Capitanías de Puertos de las Tropas Guardafronteras del ministerio del Interior, al moderador del programa Mesa Redonda de la televisión cubana.

El, “no es posible” del coronel, se refería a la prohibición a cubanos residentes en la Isla, de entrar o salir de ella a bordo de embarcaciones de recreo, tripuladas por cubanos residentes fuera de Cuba a través de las marinas turísticas Hemingway y Varadero, cuando, luego de más de medio siglo de prohibiciones, tales arribos sean lícitos para los cubanos residentes en el extranjero a partir del 1 de enero de 2018.

Para los cubanos residentes en la Isla abordar un yate continúa siendo prohibido y no es nada nuevo. Pero quizás la prohibición más denigrante para los cubanos no sea abordar una embarcación de recreo para salir y entrar a Cuba, sino para navegar en su propio país.

Parece inaudito, pero el pisoteo a la dignidad humana de los cubanos a manos del régimen castrista no terminó cuando les permitió hospedarse en hoteles destinados en exclusiva a los turistas extranjeros.

Como una bofetada, la segregación se mantiene incólume cuando a los cubanos residentes en Cuba se les niega el uso de embarcaciones de motor que en las instalaciones turísticas, sólo están a disposición de ciudadanos extranjeros.

“Los cubanos (residentes en Cuba) no pueden utilizar embarcaciones (de motor) que se emplean para el turismo internacional”, admitió en la propia Mesa Redonda el coronel López Bravo.

El 2 de octubre de 2013 el general Raúl Castro firmó el Decreto No. 314 “de las marinas turísticas” conceptuando:

  1. “Marina turística: conjunto de espacios marítimos, fluviales y terrestres que conforman las instalaciones destinadas a la prestación de servicios marítimo-portuarios habilitados al tráfico internacional, que requieren las embarcaciones de recreo nacionales y extranjeras dedicadas a las actividades turísticas y su tripulación, así como los yatistas y demás usuarios, estando entre estos servicios el abrigo y avituallamiento de tales embarcaciones.
  2. “Yatista: persona natural que disfruta el mar a bordo de una embarcación de recreo, ya sea como tripulante, propietario, capitán o usuario de esta”.

Y precisamente el mismo 2 de octubre de 2013, el propio general Castro firmó el Decreto No. 317, que reglamenta la Ley No. 115 “de la navegación marítima, fluvial y lacustre”, decreto que en su artículo 10 dispone las matrículas con que se registraran las embarcaciones en Cuba, disponiéndose la Lista Quinta para las embarcaciones “destinadas al recreo y a la pesca deportiva recreativa”.

Pero tocante a embarcaciones “destinadas al recreo y a la pesca deportiva recreativa”, en Cuba hay una marcada diferencia: están las que atracan y son avitualladas en las “marinas turísticas” y las que a duras penas flotan fondeadas a la vista de las Tropas Guardafronteras en cualquier ciudad, pueblo o villorrio cubano, y que con todo y su precariedad son de acceso casi imposible para el ciudadano cubano común, aunque se muestren simpatizantes al régimen.

“Oiga, yo llevo 20 años de patrón de un barco de la pesca (estatal), y mi sueño es tener mi propio barco, a mi gusto; pero creo que nunca podré realizar ese sueño, porque siempre me dicen (de la capitanía del puerto) que no, que no se puede”, me dijo lamentándose de su suerte un pescador profesional que añora poseer una embarcación de recreo propia.

La Ley No. 115 en su artículo 6, inciso o, faculta al ministerio del Interior para “expedir  permisos para las construcciones, modificaciones y reparaciones de buques, embarcaciones y artefactos navales”, pero raro ya resulta ver construyendo embarcaciones particulares en Cuba.

“Mire, esa ley que usted dice es para el mural. Yo fui a la capitanía del puerto, llevé la factura de la madera, de los clavos, de la pintura, de todo, y les dije, quiero construir una embarcación y estos son los documentos de los materiales. ¿Y sabe que me dijeron…? No se puede; ¡cómo que no se puede si la ley lo autoriza!, dije; y sabe que me dijeron en la capitanía…, sí, la ley mírela ahí (en la tablilla), pero falta la norma jurídica para aplicarla, eso me dijeron…Oiga… una ley que es del 2013. ¡Qué norma ni norma! No falta ninguna norma, lo que sobran son trabas”, me contó un joven pescador su infructuosa gestión tratando de construirse un bote.

Hace muchos años, desde que las expropiadas lanchas del barquero Roque dejaron de funcionar, desde la ciudad de Puerto Padre no viajan embarcaciones de pasajeros hasta la playa La Boca (entrada del puerto), pero cuando alguien con calificación marinera se presentó ante las autoridades, pretendiendo construir una embarcación para ofertar esos servicios de pasajeros, la negativa fue la respuesta, alegando que el Ministro (de transporte) no autorizaba esa “actividad”.

Tripulando yates de recreo, desde el propio año 1959 cuando tomaron el poder por la fuerza de las armas y hasta el día de hoy, caudillos del régimen castrista, sus familiares, personeros y toda suerte de invitados internacionales, no han dejado de surcar los mares con sus embarcaciones festivas. Primero lo hicieron vanagloriándose de haber construido la Marina Mercante de Cuba y la Flota Cubana de Pesca.

Pero desaparecida la Unión Soviética, financiera de flotas, ya sin barcos mercantes ni pesqueros en una isla prolongada sin pescaderías, cual paradoja triste Cuba posee más embarcaciones recreativas de las que nuca tuvo, y los jefes del régimen castrista continúan exigiendo más sacrificios al pueblo cubano en pro de un “socialismos próspero y sostenible”, y de paso, prohíben a los trabajadores cubanos, manuales e intelectuales, abordar un yate de recreo, esos mismos yates que otros trabajadores del mundo vienen a disfrutar en Cuba.

Es la segregación en acción y luego hablan de sociedad justa. Ver para creer. Y quien no crea, venga a Cuba y vea. Pero no desde un yate.

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Acerca del Autor

Alberto Méndez Castelló
Alberto Méndez Castelló

Alberto Méndez Castelló (Puerto Padre, Oriente, Cuba 1956) Licenciado en Derecho y en Ciencias penales, graduado de nivel superior en Dirección Operativa. Aunque oficial del Ministerio del Interior desde muy joven, incongruencias profesionales con su pensamiento ético le hicieron abandonar por decisión propia esa institución en 1989 para dedicarse a la agricultura, la literatura y el periodismo. Nominado al Premio de Novela “Plaza Mayor 2003” en San Juan Puerto Rico, y al Internacional de Cuentos “ Max Aub 2006” en Valencia, España. Su novela "Bucaneros" puede encontrarse en Amazon.

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