Antonio Rodiles: “Nuestra principal fuerza es la verdad”

Antonio Rodiles: “Nuestra principal fuerza es la verdad”

“Tenemos que valorar muy seriamente cómo reestructurar nuestro trabajo, porque de lo contrario el régimen va a reducirnos a cero”

LA HABANA, Cuba. – Antonio Enrique González-Rodiles Fernández, más conocido como Antonio Rodiles, es quizás uno de los opositores cubanos más polémicos actualmente dentro de la Isla pero, a la vez, uno de los de mayor coherencia y visión sobre la realidad cubana.

Es director de Estado de Sats, grupo opositor que desde hace diez años lleva a adelante proyectos políticos y sociales para visibilizar la Cuba en dictadura y enfrentar ese sistema. Como muchos jóvenes cubanos, marchó al exilio en busca de mejores oportunidades, pero la añoranza por su patria y el deseo de verla libre hicieron que retornara. Sobre ello expresaría: “Me especialicé en Física y Matemática, pero mi obsesión es la libertad del ser humano”.

—Usted funda Estado de Sats en el año 2010 como un espacio plural de participación y debate entre diferentes actores de la sociedad cubana. En los primeros años lograron desarrollar varias actividades culturales, coloquios sobre temas de derechos humanos, y llevaron adelante iniciativas como “Todos Marchamos”, pero desde el inicio fue latente la represión del régimen. Eso los ha obligado a, de alguna manera, evolucionar. Es decir, primero hacían actividades masivas, y después se vieron obligados a reducir un poco el trabajo. Diez años después, ¿qué es Estado de Sats? ¿En qué se basa el trabajo de ustedes?

—La evolución o desarrollo que ha tenido Estado de Sats está muy atado al escenario represivo del régimen. Cuando empezamos, como bien tú decías, el espacio creció, hacíamos eventos donde mezclábamos activismo y arte, exposiciones, presentaciones y, sobre todo, algo que para mí era fundamental, los debates. Estos caracterizaron a Sats y pusieron el sello en cuanto al proyecto: organizar debates de distintos actores de la sociedad civil, del activismo político y ver los distintos matices, las distintas visiones que había respecto al presente y al futuro.

El régimen se percató de que el espacio crecía, cada vez confluían más personas; ya en ese momento podíamos, aunque con dificultades, poner en internet los programas, acelerando el crecimiento. En el 2013 organizamos un evento internacional sobre derechos humanos; del que se produjo un documental llamado Gusano y donde usamos todo el material que mostraba la represión para impedir dicha celebración. A partir de ese momento, la policía política decidió cerrar completamente nuestro espacio (2013). ¿Cómo? Mediante operativos, arrestos, golpizas, abandonar a los activistas, a las personas que venían al espacio, en carreteras y lugares inhóspitos; esa fue la metodología que ellos usaron,  lo que nos obligo a variar nuestra lógica de trabajo.

A partir de eso, nos hemos enfocado en materiales y testimonios respecto a la represión, seguimos haciendo los debates, pero ahora a nivel privado, divulgándolos después; hemos desarrollado también un documento con propuestas para un proceso de transición y futura reconstrucción del país. O sea, hemos tenido que revaluar la forma de trabajar para no permitir que el régimen aplaste el proyecto.

En el escenario actual, no solamente Estado de Sats, sino todos los proyectos independientes en Cuba, tenemos que valorar muy seriamente cómo reestructurar nuestro trabajo, porque de lo contrario el régimen va a reducirnos a cero.

—Usted comentaba que han desarrollado planes de transición. Y Estado de Sats, por lo que he podido investigar, es uno de los pocos grupos opositores que no solo se ha enfocado en derrotar a la dictadura en Cuba sino en qué sucedería después de ello. Por supuesto, esto ameritaría un análisis mucho más extenso pero, en breves palabras, ¿en qué se basa este plan de transición y qué sucedería en Cuba una vez se derrocara la dictadura?

—El objetivo que se desea no es tan difícil de concebir: un tipo de sociedad anclada en las libertades fundamentales, una democracia liberal con separación de poderes, libre mercado, sistemas tributarios que faciliten la creación de empleos y de empresas… El punto acá, es tener un diagnóstico claro del momento en que nos encontramos y a dónde queremos llegar, pero también saber cómo llegar de un punto a otro; y he ahí el tremendo reto, porque no solamente tienes que tomar en cuenta los elementos teóricos de la situación, o sea, el estado en que se encuentran lo que el régimen llama instituciones ‒que no son‒, el depauperado estado de la economía, la situación de la infraestructura… sino que también tenemos que contar con cuál es el capital humano de que disponemos para la reconstrucción del país o para ese proceso de transición. Debemos tomar en cuenta también que hay una diáspora inmensa, que muchos de esos cubanos tienen interés de regresar o de participar; y en ese sentido cómo se va a dar esa interacción entre quienes estamos acá y quienes están allá.

Hay muchas situaciones a analizar que, yo diría, demandan un alto nivel de profesionalidad para lograr un país decente; y que en el inmenso espectro de posibilidades que hay para un futuro de Cuba, no nos vayamos a un Estado fallido o a un vacío de poder, o a situaciones donde la corrupción incluso sea mayor que la que estamos viviendo hoy día.

El escenario implica un reto tremendo y, en ese sentido, parte del trabajo que hemos estado desarrollando contempla en qué momento estamos y como y ha dónde queremos llegar. Es el punto fundamental de cualquier visión que se tenga para una transición.

—La dictadura cubana es la más larga que ha tenido el continente americano. Hemos visto cómo otras dictaduras ‒algunas de ellas apoyadas por el régimen de La Habana‒ han ido cayendo con los años; sin embargo, el castro-comunismo ha permanecido en el poder por más de 61 años. ¿Qué particularidad ha tenido Cuba para que se dé este fenómeno?

—Uno de los elementos que han atentado en contra de nosotros es la impunidad con la que actuó el régimen durante treinta años y contando con el total apoyo de la ex Unión Soviética; aplastar a la sociedad cubana, atomizarla, destruir todo el engranaje social, toda la articulación social que existía, que una inmensa cantidad de cubanos emprendedores, gente audaz, preparada, abandonara el país, el manejo aplastante de todos los medios de comunicación e ir adoctrinando a las nuevas generaciones; y, sobre todo, actuar desde esa total impunidad, donde podía matar, fusilar y encarcelar sin que pasara nada.

Fue muy duro el periodo de esos primeros 30 años, le permitió al régimen afincarse en el poder y destruir la capacidad de respuesta del cubano. Tengo que decir, que durante ese período hubo algún apoyo de las democracias pero fue ínfimo para contrarrestar la tremenda ambición que tenía el régimen y todo el apoyo que recibió.

Después, en estos segundos treinta años ‒lamentablemente son dos períodos‒ el régimen siguió atomizando a la sociedad, el cubano buscó como opción escapar de esta gran cárcel, y la mayoría de las personas no optaron por enfrentar al sistema. Si bien ha existido apoyo, para nada ha sido el necesario ante toda la impunidad y el poder que el régimen despliega.

Creo que esos han sido los principales elementos: no ha existido el apoyo necesario y el régimen se ha manejado con una impunidad aplastante.

—Actualmente, ¿cuáles cree Ud. que sean las condiciones o los factores necesarios para derrocar a la dictadura cubana?

—He sido partidario ‒Estado de Sats también‒, de las sanciones económicas;  la ecuación de la democratización cubana, debe tener la presión externa, principalmente enfocada en temas de sanciones económicas. También sanciones políticas, pero el tema económico es fundamental para que el régimen no pueda engrosar y mantener todo el aparato represivo, que es inmenso.

Ese punto, esta administración (de Estados Unidos) lo ha cumplido. Sin embargo, hay un elemento que tiene carencias enormes y es el apoyo a la oposición interna, a la sociedad civil al interior de la Isla, y que estos actores puedan actuar como sujetos a nivel internacional. Si nosotros comparamos lo que estamos viendo ahora mismo en Venezuela ‒salvando las distancias porque ellos vienen por un camino distinto al nuestro‒, todo el apoyo que se le ha dado a Juan Guaidó y a la oposición, a esa Asamblea Nacional que es la reminiscencia de lo que queda de la democracia, el apoyo internacional que se le ha dado es completamente incomparable, en cuanto a magnitud, al que hemos tenido nosotros acá dentro. Un caso, por ejemplo, como el de Roberto Jesús Quiñones, que me parece emblemático, un abogado, periodista independiente, un hombre decente  que ha sido llevado a la cárcel por un flagrante abuso, para nada está teniendo la visibilidad que debería tener. No sabemos en qué estado está su familia, qué apoyo está recibiendo, qué tanto está sufriendo, porque acá no solamente sufren los presos sino también las familias. El costo por enfrentar al régimen es muy alto, y el apoyo que se está recibiendo ‒que en los últimos tiempos ha crecido un poquito‒ realmente es mínimo en comparación con toda la impunidad que ha desplegado el sistema.

Entonces, en esta ecuación hay una desmesura entre el apoyo a la oposición interna, a la sociedad civil y al cubano en general, y el poder del régimen.

—Por lo que Ud. mencionaba hace un momento respecto al trabajo de Estado de Sats, comprendo que, de alguna manera, la propia represión del régimen los obligó a ustedes a convertirse en un grupo opositor. En Cuba existen varios grupos opositores, también los hay en Miami, por ejemplo, pero un factor importante es la falta de unidad entre ellos. ¿No cree Ud. que sea necesario lograr cierta unidad, al menos de acción, por parte de la oposición para lograr un cambio real en Cuba?

—Hay que entender cómo se ha llegado al momento que estamos viviendo. En el año 2010 coincide la excarcelación (licencia extrapenal) de los prisioneros del Grupo de los 75, el movimiento blogger en Cuba se incrementa, empieza un nuevo reimpulso a la prensa independiente, aparece también Estado de Sats… Te puedo decir que han existido instantes en los que la colaboración o la coordinación ha sido mucho mayor. Te mencionaría, por ejemplo, la campaña Por Otra Cuba, que fue en el 2013, con el tema de los pactos internacionales de derechos humanos; ahí se agrupó casi toda la oposición, muchísimos activistas, periodistas independientes, la sociedad civil, pero por acciones desacertadas y, tengo que decirlo, no solamente acá al interior sino desde el exterior, acciones desde grupos o actores de influencia del exterior, esa coordinación fracasó.

Después vino el proceso del deshielo donde no se le pedía absolutamente nada al régimen cubano. La lógica del trabajo que se venía haciendo en Por otra Cuba quedó a un lado, los pactos quedaron a un lado, y eso trajo una polarización entre quienes estaban a favor de esa política en la que se le entregaba todo al régimen y no se le pedía nada, y quienes decíamos que había que pedirle condiciones al régimen para cualquier tipo de proceso que existiera.

A partir de eso se fue polarizando el escenario de la oposición y, desde mi perspectiva, en los últimos tiempos parte de lo que ha polarizado más este escenario, dentro de la oposición, es la intervención de agendas, que están en el exterior, con individuos o grupos que estamos acá al interior, y que tienen una influencia o un rebote hacia la dinámica que se da en la oposición. Creo que todo eso debe revaluarse porque estamos en un momento crítico, el régimen está trabajando con tremenda ferocidad y si no hay una revaluación, una discusión abierta, pues no vamos a lograr esta coordinación de la que tú hablas.

No obstante, sí debo mencionarte que hace apenas unos meses se firmó un Compromiso Democrático, que representan los puntos básicos en los que una gran parte de actores al interior de la Isla, principalmente, estaríamos de acuerdo en cuanto al proceso de lucha y después de transición. Este documento da idea de que no existe tal disgresión, sino que hay, por una parte, que rebasar o tratar de encontrar cómo movernos a pesar de la represión del régimen ‒que dificulta mucho esto de coordinaciones y articulaciones‒ y, por otra parte, tenemos que tratar de seguir ampliando ese compromiso y los puntos que pudieran ayudarnos a coordinar.

Pienso que no va a existir esa unidad que se idealiza muchas veces. Esa aseveración de que José Martí, por ejemplo, unió a todos los cubanos es falsa, porque Martí unió a quienes querían independizarse de España; nunca logró mezclar a los independentistas con los autonomistas o con los anexionistas. Martí logró unir en cuanto a un objetivo, que era sacar a los españoles de Cuba.

Es un punto que debe debatirse más para que exista más claridad y para que entendamos cuál es el escenario que tenemos al interior de la Isla.

—Este Compromiso Democrático, ¿qué alcance real ha tenido hasta la fecha?

—Realmente, no el alcance que quisiéramos porque, si bien en esos puntos coincidimos muchos actores, para lograr llevarlos adelante se necesita una ayuda determinada; una ayuda en el plano político, económico, de los recursos para trabajar… y no estamos disponiendo de ese apoyo. Y eso lo tenemos que repetir una y mil veces.

Los venezolanos han dicho y reiterado: solos no podemos, y toda la comunidad internacional lo ha entendido, lo ha apoyado, el gobierno de los Estados Unidos ha tenido un avance, un empuje tremendo, lo vimos ahora con la visita a Washington de Guaidó. En el caso de nosotros los cubanos, hemos estado diciendo durante años: no podemos solos, no podemos solos… y la respuesta no ha sido la misma. Espero que los propios cubanos que están en el exterior presionen en este sentido, así como los distintos gobiernos democráticos, no solamente el de Estados Unidos, tenemos en la región ahora el gobierno de Duque (Colombia), de Bolsonaro (Brasil), en Paraguay y en Uruguay hay otros gobiernos que pueden ser afines a nuestra causa y que no nos están brindando la ayuda que podrían. Los cubanos hemos estado muy solos y, sobre todo, la oposición interna ha estado muy sola.

—¿Esa es su valoración del estado actual de la oposición en Cuba, o sea, están solos?

—Creo que estamos bastante solos. Lo que me brinda optimismo es que la población cada día está hablando más, se está manifestando más, está más frustrada… La obligación que tuvo el régimen de aceptar internet, un poquitico más de internet ‒que para nada es suficiente y extremadamente caro‒ ha abierto un nuevo escenario que ayuda y empuja en la dirección de tener más seguidores y adeptos. Lo estamos viendo; cuando antiguamente uno salía a la calle, la gente se podía acercar pero con cierto recelo, hoy la gente se acerca con más familiaridad, te saluda, te dice que apoya tu causa, o te piden alguna información; y eso está ocurriendo a un ritmo bastante acelerado y da una muestra, un indicador, de por qué el régimen está preocupado con el escenario interno.cuba rodiles oposición opositor disidente disidencia estado de sats libertad derechos humanos represión

Lo que más optimismo me brinda es lo que está ocurriendo con el cubano en general.

(Primera parte de la entrevista realizada por Camila Acosta a Antonio Rodiles. Puedes leer la 2da aquí)

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Acerca del Autor

Camila Acosta

Camila Acosta

Graduada en Periodismo en la Universidad de La Habana, 2016. Investigadora, Documentalista y Especialista en Comunicación del Club de Escritores y Artistas de Cuba (CEAC). Reside en La Habana, Cuba

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