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No todos regresan a casa

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CIUDAD DE MÉXICO.- “El 21 de julio de 2018, un sábado, no se me olvida, llegó a mi casa un grupo de militares para decirme que mi hijo había muerto en el servicio militar. Ariel era mi único hijo, el centro de todo. Ahí se acabó mi vida”.

Odalis Cardero tenía entonces 38 años y era una mujer emprendedora y alegre. Actualmente sufre crisis depresivas y ha atentado tres veces contra su vida. “Cuando me dieron la noticia perdí la cordura y los médicos me internaron en un hospital psiquiátrico. Estuve varios días allí pero mi familia decidió que recibiera el tratamiento en casa bajo el cuidado de ellos. Han pasado cuatro años pero no me recupero. No sé si algún día lo haré. Es un dolor muy grande”.

La causa oficial de la muerte de Ariel Díaz Cardero, el hijo de Odalis, tuvo tres versiones que no convencieron a su familia. La primera fue que un infarto fulminante lo mató a sus 18 años. Luego, en el acto de defunción leyeron: “causa desconocida”. Tres meses después, y debido a los reclamos, una investigación dictaminó que había sufrido una miocarditis (inflamación de la capa media de la pared del corazón).

Sin embargo, las circunstancias de la muerte del muchacho siguen siendo un misterio. No solo porque Ariel era un joven sano, sino porque no les permitieron ver el cuerpo o estar a solas con él.

Ariel fue enterrado con una ropa ajena, que los militares eligieron. La que llevó su familia y pidieron colocarle no tocó su cuerpo. Tampoco permitieron que sus padres y tíos estuviesen solos con el cadáver. Ante cada reclamo de ellos para revisar el cuerpo del muchacho, o que al menos los dejaran despedirse en privado, la respuesta de los oficiales fue un silencio inamovible.

El sepelio ocurrió bajo militarización impuesta y cuando los vecinos y amigos manifestaron enojo por la presencia de uniformados, en claro acto de intimidación llegó un autobús repleto de reclutas que ni siquiera conocían a Ariel.

Hasta hoy su familia no sabe qué sucedió realmente con él.

Odalis y Ariel. Su última foto juntos. Cortesía

Según la ley de Defensa Nacional, en el Decreto-Ley 224, los ciudadanos del sexo masculino entre los diecisiete y los veintiocho años deben cumplir el Servicio Militar Activo por un plazo de dos años. En el caso de los que alcanzaron plazas universitarias este período se reduce a la mitad, pero sigue siendo forzado. El Servicio Militar ha sido obligatorio en Cuba desde junio de 1963, como respuesta, según el gobierno, a una posible invasión norteamericana que nunca ha ocurrido.

En cambio, lo que sí ocurre cada año es que miles de jóvenes, algunos menores de edad, salen de sus casas para unidades militares o de trabajo que operan estructuras de mando despóticas e impositivas. En estos espacios los muchachos no solo están expuestos a tratos degradantes que los pueden afectar de modo irreversible, sino también a desenlaces fatales.

A pesar de que el gobierno cubano no expone estadísticas al respecto y silencia el tema en medios de comunicación, Ariel Díaz no es un caso aislado. Durante los últimos años la prensa independiente ha divulgado varios registros de muertes en el servicio militar.

En la mayoría de los casos documentados la causa de deceso oficial fue lesiones autoinflingidas.

¿Qué los lleva al suicidio?

Un año después de la muerte de su hijo Annier, aún Alfredo González no sabe por qué se quitó la vida. Probablemente no lo sabrá nunca. Su hijo apenas pasó 13 días como recluta en la prisión Combinado del Sur, en Matanzas. El 4 de julio de 2021 se disparó con el mismo fusil que habían puesto en sus manos para que estuviese de guardia. Alfredo piensa que pudo haber sentido miedo o ansiedad.

A pesar de sus múltiples reclamos, las autoridades se deslindan de cualquier responsabilidad. Le han dicho que entre todos los chicos que hicieron juntos la previa solo Annier se suicidó, y que por tanto no es una responsabilidad directa de ellos. Su hijo al parecer era un eslabón débil y no resistió. No ha pasado un día en estos casi trece meses que no se pregunte qué pasó esa noche.

servicio militar

En la madrugada del 5 de mayo de 2020, en el Combinado del Este, Ruben Armando Ponce Monteagudo también se disparó. El muchacho había sido trasladado en marzo desde Villa Clara, donde vivía, hasta la capital. Unos 250 kilómetros lo separaban de su familia a la que no pudo ver mientras estuvo en el servicio, pues la movilidad interprovincial estaba restringida por la pandemia.

“Cuando le daban pases iba para casa de unos tíos que viven en La Habana, ellos lo notaban triste, pero pensamos que era transitorio”, explica su hermana, Elizabeth Ponce. Todo indica que el detonante fue que se extraviase en su guardia una pieza de un fusil. “Los militares nos dijeron que el parecía muy afectado porque eso le traería problemas”.

¿Cuánta presión debe haber sentido este muchacho para dispararse ante el extravío de una simple pieza? ¿Cuánto miedo?

“Hay un costo psicológico para estos jóvenes, en mayor o menor medida según las particularidades del caso. De repente sufren una separación forzada de su familia y amigos”, explica el psiquiatra Emilio Arteaga.

“Los chicos están aplastados por dos vías. Por un lado están bajo las órdenes de militares que los maltratan, humillan, les quitan el pase por cualquier cosa y en general los someten a vejaciones. Por otra parte padecen también la presión del grupo. Ahí tendrán que convivir con otros muchachos que están en condiciones psicológicas similares a las suyas, y que tampoco se sienten bien porque están recluidos en contra de su voluntad. En esos grupos emerge el típico abusador que somete a otros”. En general son adolescentes o jóvenes que se enfrentan a un entorno adverso y que no todos logran asimilar.

El suicidio constituye la tercera causa de muerte para este grupo etario en Cuba. Investigaciones académicas al respecto sitúan entre las principales causas el acoso (bullying), la depresión, pertenecer a familias disfuncionales y el consumo de estupefacientes.

Arteaga, quien ha atendido a jóvenes con secuelas psicológicas producto al servicio militar, apunta que durante este período aparecen alteraciones emocionales como trastornos en el sueño, en el control de los impulsos, tendencias depresivas, estrés y cambio de conducta. Este último caso puede desencadenar comportamientos agresivos.

“Ya hay un estado de base de molestia que te lleva a responder a cualquier incidente con poco control de impulsos y violencia. Violencia que puede estar dirigida hacia afuera o hacia adentro. Es decir, puedes atacar a otros o a ti mismo hasta llegar a las autolesiones o suicidio”.

No hay opción para escapar

La obligatoriedad del Servicio Militar cubano quedó blindada en la Constitución de 2019, la cual prohibió utilizar la objeción de conciencia para evadir el cumplimiento. Los jóvenes que se nieguen a incorporarse alegando, por ejemplo, que tomar las armas no es compatible con su religión, son procesados. Como ocurrió en diciembre de 2020 con Oscar Kendri Fial en Santiago de Cuba. Una práctica que sigue ocurriendo.

Este 20 de julio la activista de la Unión Patriótica de Cuba Raisa Velázquez fue citada por la policía tras la ausencia de su hijo, Josué Menéndez, al chequeo médico previo al Servicio Militar. El joven no desea incorporarse y ella lo apoya. “Nosotros estamos en contra de este gobierno y mi hijo no será usado para reprimir o seguir órdenes de la dictadura. Además son frecuentes las noticias de que mueren muchachos en esas instalaciones y tenemos miedo a que le ocurra algo”, explicó Raisa a CubaNet.

Cortesía

Sin embargo, la ley es clara, de continuar negándose al reclutamiento Josué será procesado y puede terminar en prisión. Negarse no lo exime, como tampoco las frecuentes autolesiones le garantizan a los reclutas poder escapar.

De un tajazo se cortó en la mano el periodista Rolando Leyva hasta exponer el hueso cuando cumplía el servicio militar. Mutilarse en ese momento parecía más sencillo que seguir sometido a las duras jornadas en las que utilizan a cientos de muchachos en instalaciones de la FAR como miembros forzados del Ejército Juvenil del Trabajo. Antes había fingido apendicitis, y estando sano se dejó operar para que le permitieran estar un mes en casa, recuperándose.

Las autolesiones con el fin de obtener la liberación o al menos un breve descanso están muy extendidas entre los reclutas. Incluso entre ellos comparten recomendaciones de cómo fracturarse huesos, contraer conjuntivitus, o tragarse cuchillas envueltas en hilo.

Tan frecuentes son las autolesiones que en 2019 el Tribunal Supremo Popular a través de una publicación extraordinaria de la Gaceta Oficial anunció que se comenzaría a sancionar a los reclutas que apelaran a esta práctica. La entidad reconoció que la medida respondía al “incremento de hechos de autolesiones cometidos por soldados”.

Sobre esta medida opina Arteaga: “Los chicos que se autoagreden poniéndose en peligro deberían causar baja inmediata”. El psiquiatra califica como “criminal” que un médico no asuma una autoagresión de esa es envergadura con la gravedad que lleva y niegue la necesidad de una desmilitarización. Sin embargo casi nada permite que estos muchachos evadan el SMA, excepto la muerte.

Las madres

Dayron Carbonell murió tras 35 días luchando por su vida ingresado en el hospital Hermanos Amejeiras. Allí llegó en 2010 luego de manipular en el servicio militar, sin protección, productos químicos y materiales bélicos con un olor muy fuerte. A pesar de su alergia fue ubicado en un refugio bajo tierra con alto grado de humedad y muy sucio. Al tener las botas en mal estado, trabajaba descalzo. A su madre, Bárbara Ramos, le negaron la historia clínica y la hostigaron por denunciar la muerte de su hijo ante la prensa independiente.

Dayron Carbonell. Foto redes

Aniuska Monteagudo Solís, de 56 años, ha logrado sobrevivir al suicidio de Rubén gracias a la iglesia que empezó a visitar después de perder a su hijo. Allí ha encontrado fuerza y un poco de resignación. Solo así se ha mantenido cuerda.

A Odalis Cardero, la madre de Ariel, su psiquiatra le ha recomendado que tenga otro hijo. Ella se niega. Dice que tiene miedo, que la agobia la idea de que tenga que salir de casa, de que le hagan algo. En parte ella se responsabiliza por la muerte de Ariel, porque no estuvo con él y no pudo protegerlo.

***Debido a la falta de transparencia sobre el tema y la ausencia de información sistematizada, CubaNet ha construido esta incipiente base de datos donde registramos los decesos de jóvenes mientras cumplían el Servicio Militar Activo.

Esto es apenas un subregistro que seguirá actualizándose. Como fuentes hemos utilizado notas de los medios de prensa e información recopilada para esta investigación a partir de entrevistas de los familiares.

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