Los perros mudos de La Habana

Los perros mudos de La Habana

No hay leyes para proteger a los perros vagabundos. Tampoco medicinas para curarlos. Se descomponen en las calles

Perrita callejera busca su sustento en la basura (Fotos Gladys Linares)

LA HABANA, Cuba -En el número 178 de marzo de este año de la revista Pionero (publicación para adolescentes cubanos) leí un reportaje titulado “Un safari diferente”. En este se hablaba de las actividades que se realizan en el Zoológico Nacional de Cuba con los alumnos de las secundarias básicas cercanas a dicho lugar para favorecer la formación vocacional y la orientación profesional de los jóvenes. El artículo mencionaba además que en dicha institución existen 14 círculos de interés donde se les enseña a los niños sobre el bienestar animal y el cuidado del medio ambiente.

Aunque el trabajo se refería en particular a las especies que habitan en la instalación, es esta una excelente iniciativa para fomentar el cuidado a otros animales, que debería extenderse a todos los sectores de la sociedad cubana. En ello tendrían que jugar un papel determinante la familia y la escuela, y así enseñarles a nuestros niños y jóvenes el cuidado y protección de los animales afectivos, algo imprescindible para humanizar nuestra sociedad.

Hace unos días pasó por mi lado una niña de unos 12 años. Llevaba un perrito pequeñito. Iba muy contenta porque lo había salvado de unos muchachos que lo iban a botar en el basurero. Mientras la niña me contaba esto, miré al perrito, quizás de menos de un mes de nacido, y pensé en los niños que querían botarlo, posiblemente por orden de un adulto indolente no solo ante el crimen que cometía con el animalito, sino ante las consecuencias psicológicas que tal atrocidad podría tener para los muchachos.

Perro cover 2
¨Tengo que cuidar mi pan¨

Cuando Zoonosis recoge animales callejeros, la crueldad se pone de manifiesto. Algo así le sucedió a Luis Li, un vecino cuyo viejo perro acostumbra salir por las mañanas a hacer un recorrido por la cuadra. Hace unos días, el carro de Zoonosis se lo llevó. Otro vecino, que vio cómo lo montaban en la jaula, les explicó que el animalito tenía dueño, pero aun así no lo bajaron. Me contó Luis que alquiló un carro y fue inmediatamente a buscar a su perro. Afirma que chocó con un espectáculo horrible: allí mantienen a los perros hacinados, sin comida. Los más grandes agreden a los más pequeños. Aunque le dijeron que les ponían agua, por mucho que buscó no la vio por ninguna parte.

Cuando el chino regresó con su perro, traía también una perrita que había visto por la mañana merodeando asustada y había pensado que estaba perdida. A la perrita le gustaba jugar con los niños, lo que le hizo pensar que era la mascota de algún infante, pero posiblemente la botaron cuando quedó preñada.

Aunque existe la Asociación Cubana de Protección para los Animales y las Plantas (ANIPLANT), pero a pesar de que algunas veces organiza esterilizaciones masivas gratuitas en distintos barrios y municipios y se preocupa porque algunas personas adopten perros callejeros, esta asociación no tiene los recursos ni el poder necesario para proteger a los animales, puesto que en Cuba no hay leyes con este fin.

Un perrito sin amparo hurga en la basura

Tampoco hay buenas clínicas veterinarias. En la de Carlos III, la falta de higiene, la escasez de instrumental y la total ausencia de medicamentos veterinarios y de material desechable no ofrecen confianza a los dueños preocupados para llevar un animalito enfermo. Hace alrededor de 20 años se abrió en cada municipio de la capital una clínica veterinaria, pero estas nada pueden resolver, pues están en franco deterioro, aunque los veterinarios siguen trabajando en ellas. Para paliar la grave situación de los animalitos, prescriben medicinas de humanos, aunque no pueden emitir recetas, por lo que el dueño de la mascota tiene que acudir a algún medico para que le haga el favor de darle una. No muchos pueden comprar medicinas para sus mascotas en pesos convertibles (CUC).

Antes de 1959 nuestros perros se alimentaban con piltrafa de res. Hoy, los más afortunados comen arroz y boniato, algún pellejito de pollo o un poquito de picadillo de soya. Los callejeros, en cambio, no tienen tanta suerte: unos pocos encuentran algún ciudadano caritativo que ocasionalmente les da algunas sobras, pero la mayoría no tiene otra opción que hurgar en la basura.

Las leyes cubanas del tránsito tampoco favorecen a los animales sin amparo. Gran cantidad de perros y gatos son atropellados impunemente. Solo la piedad de algunos choferes, que no el temor al castigo, se interpone entre estos vagabundos y la muerte. Muchos de esos infelices arrastran mutilaciones o deformidades como secuelas de accidentes, e incluso es bastante frecuente ver sus cadáveres descomponiéndose en plena vía pública.

 

 

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