La vuelta al inmovilismo fidelista

La vuelta al inmovilismo fidelista

A solo días del VII Congreso del PCC reina, más que la incertidumbre, el escepticismo

Delegados al VI congreso del PCC aprueban la candidatura al nuevo Comité Central del Partido Comunista (Foto: Ismael Francisco/Cubadebate)
Delegados al VI congreso del PCC aprueban la candidatura al nuevo Comité Central del Partido Comunista (Foto: Ismael Francisco/Cubadebate)

LA HABANA, Cuba.- Cuando el Partido Comunista convocó a su IV Congreso, en 1992, provocó mucha expectativa la invitación oficial a “hablar francamente de los problemas”.

Muchos pensaron que luego del desplome del socialismo real en Europa Oriental y la debacle de la Unión Soviética, la liberalización del régimen era inevitable. Pero no demoraron mucho en desilusionarse.

Los que más francamente hablaron en las asambleas tuvieron que enfrentar represalias y sanciones. En el IV Congreso y en el que le siguió, el quinto, celebrado en 1997, se reforzó el centralismo más ortodoxo.

En el año 2007, a poco más de un año de gobernar interinamente, el general Raúl Castro exhortó a debatir su discurso del 26 de julio de aquel año en Camagüey y a “criticar sin miedo las cosas mal hechas”. Dijo que eso sería “ejercer la democracia socialista”, que “los criterios de las masas” resultarían útiles; pero advirtió que las críticas sólo serían admisibles “en el momento apropiado, en la forma apropiada y donde fuera apropiado”.

Luego de dar permiso para hacer catarsis, el general presidente advirtió contra el exceso de optimismo: “No hay que hacerse demasiadas ilusiones de que somos magos que vamos a resolver todos los problemas”.

Sintiéndose autorizadas a quejarse, las personas que participaron en aquellas asambleas se refirieron a los salarios insuficientes, el alto costo de la vida, las dificultades con la vivienda, el transporte público, la agricultura, la escasez de médicos en los hospitales porque habían sido enviados a cumplir misiones en el exterior… Militantes del Partido Comunista tomaban nota de los planteamientos, muy serios y sin emitir comentarios.

Las quejas fueron muchas, pero bastante tímidas. Los “planteamientos audaces” fueron pocos. Nada se habló de libertades políticas. Y muchos de los asistentes a las reuniones ni pidieron la palabra. Unos por miedo y otros porque estaban convencidos de que no valía la pena. De cualquier modo, su asistencia era un aval para no tener líos.

No obstante algunos militantes, ya que tanto se hablaba de fortalecer al Partido Comunista –que según Raúl Castro, era “el verdadero sucesor de Fidel”–, se atrevieron a preguntar en las asambleas cuándo se celebraría el próximo congreso partidista.

Según los estatutos del Partido Único, el congreso debía celebrarse cada cinco años. Pero el último, el quinto, se había celebrado hacía diez años.

El Sexto Congreso, que fue aplazado durante catorce años sin que se dieran razones para tan larga dilación, no se celebraría hasta abril de 2011. En él, luego de previas discusiones con la militancia, se aprobaron los Lineamientos, que según se explicó serían el basamento de la llamada “actualización del modelo económico”.

Cinco años después, a juzgar por lo poco que ha informado al respecto el ministro de Economía, Marino Murillo –que es además el responsable de la implementación de los Lineamientos–, se puede apreciar que de los 313 solo se han implementado 67, lo cual es poco más de la quinta parte. Y eso que se suponía que dicha implementación era la tarea más importante del Partido.

Pero nadie tendrá oportunidad de quejarse de los problemas, que siguen siendo casi los mismos que los planteados en las asambleas del año 2007; ni de indagar sobre sus dudas respecto a la distancia que nos separa del socialismo próspero y sustentable del que hablan las consignas. Para este Congreso, el séptimo, se anunció que no habría discusiones previas con la militancia.

De ahí que a solo días de la inauguración del congreso, salvo en unos pocos incorregibles ilusos y creyentes en la perfectibilidad del socialismo castrista, reine, más que incertidumbre, el escepticismo. Casi tanto como en los mejores tiempos del inmovilismo fidelista.

luicino2012@gmail.com

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