Kim Jong-un, la envidia del castrismo

Kim Jong-un, la envidia del castrismo

Los mandamases cubanos deben sentirse aliviados de que hayan sido falsos los rumores acerca de la muerte del dictador norcoreano

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Kim Jong-un (foto: Sky News)

LA HABANA, Cuba. – Los mandamases castristas deben sentirse aliviados de que hayan sido falsos los rumores acerca de la muerte de Kim Jong-un. Ellos, que invariablemente eligen querer a los peores tiranos —basta con que sean enemigos de los Estados Unidos— tienen en el dictador norcoreano a uno de sus más entrañables y admirados amigos.

Probablemente los mandamases castristas, por varias razones, más que admiración, sientan envidia de Kim Jong-un.

Corea del Norte no dispondrá de petróleo para chulearle como a Nicolás Maduro, pero a costa del hambre de su pueblo, tiene cohetes nucleares con los que amenazar a sus vecinos surcoreanos y japoneses y, si no chantajear a los Estados Unidos, al menos forzarlos a negociar de tú a tú.

¡Ya hubiese querido Fidel Castro, cuando la Crisis de los Misiles, en octubre de 1962, que Kennedy hubiese negociado con él y no con Khrushev!

Imaginen cuánto darían Raúl Castro y Miguel Díaz-Canel por conseguir, aunque no llegaran a acuerdos concretos, una reunión respetuosa y en pie de igualdad, jaranera incluso, con Donald Trump, como las que sostuvo el presidente norteamericano con Kim Jong-un. Con Barack Obama la tuvieron, y hasta lo llevaron a un juego de baseball, pero no es lo mismo…

Pensarían los castristas que si Kim logró negociar con Trump, por qué no iban ellos a conseguirlo. Total, si en comparación con la dictadura norcoreana, el régimen castrista es un baluarte de la democracia y los derechos humanos…

Kim Jong-un no los desilusionó con aquellas reuniones. No hizo concesiones a los yanquis, como temían. Luego de las carantoñas a Trump y los estrechones de mano, Kim desoyó las propuestas norteamericanas y siguió amagando con sus misiles. Aunque a veces fallaran.

Además de los cohetes, el polígono de lanzamiento y el reactor nuclear, los castristas deben envidiar a Kim Jong-un lo bien que se le dio, a pesar de su juventud, la sucesión dinástica.

Modélica la dinastía de los Kim. La inició Kim Il-sung en 1945, tras la expulsión de los invasores japoneses. A su muerte, en 1994, la continuó su hijo Kim Jong-il. Kim Jong-un, de 27 años, sustituyó a su padre, que murió en diciembre de 2011.

Todos los Kim han sido despóticos y sanguinarios. Por eso han conseguido la longevidad de su anacrónico régimen, algo que también deben envidiarle los castristas.

Aunque en honor a la verdad, y sin menoscabo de su rigor dictatorial, los Kim, luego del patriarca Kim Il-sung, han ido degenerando. Kim Jong-il y Kim Jong-un han sido demenciales tiranos de opereta, paranoicos, payasos, papelaceros y ridículos a más no poder, estrafalarios hasta en sus métodos para asesinar.

El régimen norcoreano siempre ha sido admirado por los castristas. Recordemos como en los años 80, Fidel Castro regresó extasiado de su viaje a Pyongyang, la capital Potemkim, donde unos entusiastas y disciplinados pioneritos de pañoleta roja le cantaron en español la Guantanamera. Y ni se diga cuán impresionados quedaron Díaz-Canel y su comitiva cuando hace menos de un año visitaron Corea del Norte y fueron recibidos con besos y abrazos por Kim Jong-un.

En Cuba no hablan de las hambrunas en Corea del Norte, de los campos de trabajo forzado ni de los atroces asesinatos ordenados por Kim Jong-un. Es como si fuese un paraíso comunista, donde todos son felices y nada malo sucede, ni la COVID-19.

El NTV cubano debe tener como uno de sus referentes al noticiero de la única televisora norcoreana, con sus locutoras grandilocuentemente histriónicas que leen, en tono bombástico, comunicados oficiales donde amenazan con destruir a los Estados Unidos. A Rafael Serrano se le debe erizar el bigotón cuando las escucha.

Muy estrecha ha sido la amistad del castrismo con Corea del Norte, aunque esta, con sus frecuentes hambrunas, solo haya podido enviar a Cuba militares de alto rango para que cuenten sus experiencias y aconsejen a sus colegas verde olivo cómo enfrentar a los yanquis.

Los estrechos vínculos entre los dos regímenes quedaron en evidencia hace unos años, en aquel rocambolesco episodio cuando fue descubierto en el Canal de Panamá un barco norcoreano cargado de armamentos procedentes de Cuba, que iban ocultos debajo de una carga de azúcar, y que según la explicación —que nadie creyó— de las autoridades cubanas fueron enviados a Corea del Norte, a pesar de las sanciones internacionales contra ese país, para “ser reparados”.

Kim Jong-un, como antes su abuelo y su papá, y también Ceausescu, Gadaffi y Sadam Husein, reúne todos los requisitos para ocupar un lugar de honor en los corazones de sus camaradas cubanos, que no se cansan de escoger las peores amistades.

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Acerca del Autor

Luis Cino

Luis Cino

Luis Cino Álvarez (La Habana, 1956). Trabajó como profesor de inglés, en la construcción y la agricultura. Se inició en la prensa independiente en 1998. Entre 2002 y la primavera de 2003 perteneció al consejo de redacción de la revista De Cuba. Fue subdirector de Primavera Digital. Colaborador habitual de CubaNet desde 2003. Reside en Arroyo Naranjo. Sueña con poder dedicarse por entero y libre a escribir narrativa. Le apasionan los buenos libros, el mar, el jazz y los blues.

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