En Cuba no hay recursos para mejorar la alimentación de nuestros niños

En Cuba no hay recursos para mejorar la alimentación de nuestros niños

Y no podrá haberlos mientras éstos se despilfarren en medidas populistas como son las donaciones de hospitales a gobiernos izquierdistas

En la primaria, el almuerzo de los seminternados es pésimo, mal elaborado, y no cumple con los parámetros de una alimentación balanceada. Foto blog Hablemos Press

LA HABANA, Cuba.- El martes 20 de noviembre, en el marco de las celebraciones por el Día Mundial del Niño, Victoria Colamarco, coordinadora de programas del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) en Cuba, expresó: “Hoy celebramos que en este país la niñez vive un contexto privilegiado con educación y salud gratuitas” (Juventud Rebelde, 21 de noviembre de 2018). Más de una vez dicha institución ha valorado como buena la labor que realiza el gobierno cubano por el bienestar de niños y adolescentes, lo que nos lleva a pensar que esta apreciación se hace superficialmente, basándose sólo en la información y la propaganda gubernamental sobre la atención y protección a nuestros infantes, algo que es una falacia, puesto que los medios no reflejan el nivel de pobreza de la mayoría de la población y el gobierno no lo reconoce públicamente.

Como es lógico, son los niños los más afectados. Múltiples son las dificultades que confrontan los padres en la alimentación de sus hijos. De todos es sabido que para crecer sanos y fuertes los niños y adolescentes necesitan ingerir a diario vegetales, cereales, leche y sus derivados, y carnes, alimentos que no están presentes con la debida frecuencia en la mayoría de las mesas cubanas, no sólo por ser caros y escasos, sino porque los bajos salarios dificultan su adquisición, algo que no ignoran nuestros gobernantes.

Cuando el 26 de julio de 2012 Raúl Castro dijo en un breve discurso en Guantánamo que el país no se podía dar el lujo de subir los salarios debido a que hay que gastar miles de millones en alimentos, y afirmó: “Pero así estamos todos”, la indignación no se hizo esperar. Un viejo amigo protestaba: “¡A este hombre no le tembló la voz para decir esas cosas, cuando hasta el más tonto sabe el nivel de vida que tienen ellos! Además, la mayoría de esos alimentos los venden en las shopping y sólo en CUC”.

Recientemente, se les comenzó a vender por la libreta de racionamiento una libra mensual de picadillo de res en sustitución de la libra de pollo a los niños de cero a 13 años. Según muchos padres, este cambio perjudica a los pequeños, pues, afirman, en lugar de picadillo, se trata de pellejo de res. Por eso se alegran cuando el envío falla y en su lugar les venden pollo. “Y no es que lo ablande en la olla de presión”, señala una vecina, madre soltera, “por mucho que lo ablandes, el pellejo jamás se transforma en carne”.

En las escuelas secundarias se les da como almuerzo un pan con mortadella y un vaso de yogurt de soya, que es rechazado por muchos alumnos –aunque a otros tantos no les queda más remedio que tragárselo–. En la primaria, el almuerzo de los seminternados es pésimo, mal elaborado, y no cumple con los parámetros de una alimentación balanceada.

Cuando la niña de Nancy cumplió los siete años le quitaron la cuota de leche, como a todos los niños cubanos a esa edad. Ahora le venden una bolsita de yogurt de soya tres veces a la semana, o sea, doce mensuales. Como a la niña no le gusta, ella le compra todos los meses dos bolsas de leche para que la pequeña desayune y tome un vaso antes de dormir. Ella sabe que la leche es una fuente de calcio, vitaminas y proteínas imprescindible a esa edad, pues es precisamente en la adolescencia cuando se consolida nuestro sistema óseo.

Para los padres que tienen como única opción el yogurt para sus niños, este problema constituye una odisea: La China, que lo compra por la tarde cuando llega del trabajo, se queja porque lo dejan mucho tiempo fuera del frío y se infla debido a los gases. Cuando eso pasa ella lo pincha con un alfiler, lo pone en el congelador y así, casi congelado, se lo da al niño para el desayuno. “Mientras no le haga daño, así al menos no se va para la escuela con la barriga vacía”, confiesa. Con el yogurt de soya es así: unas veces esta aguado, otras, las bolsas vienen rotas, cuando no se rompe el camión, es que cierra la fábrica.

El gobierno conoce las causas de la mala alimentación de este sector poblacional y sus consecuencias (más de un 25 % de la población mayor de 14 años es hipertensa conocida, además de ser vulnerables a la anemia y a la obesidad) pero no se toman medidas efectivas para mejorar estas condiciones. Y es que nuestro gobierno no podrá tener recursos para garantizarles una alimentación adecuada a nuestros estudiantes mientras los dedique a medidas populistas como sus ensalzadas donaciones de hospitales a gobiernos izquierdistas.

[fbcomments]