Ego, arte y oportunismo de Luis Manuel Otero Alcántara

Ego, arte y oportunismo de Luis Manuel Otero Alcántara

El artista está convencido de que detrás de la “banalización” de la que ha sido objeto su caso está la mano de la Seguridad del Estado

Luis Manuel Otero Alcántara
Luis Manuel Otero Alcántara (Foto de la autora)

LA HABANA, Cuba. – “Hay una banalización del tema prisión de Luis Manuel”, lo reconoce él mismo tras su cuarta detención en menos de un mes. “La gente dice: ‘Ay, lo van a soltar ahorita’, pero en el fondo no son conscientes de lo que es estar 24 horas en un calabozo con tipos con tremenda peste y condenados por delitos de verdad”, dice el artista y activista.

Otero Alcántara señala que si bien sus ratos o días en prisión no son comparables con la experiencia de alguien que ha estado 20 años preso, él habla de su realidad y parafrasea al también activista Daniel Llorente: “mi dolor es mi dolor”. Está convencido de que detrás de esa “banalización” de la que ha sido objeto, también está la mano de la Seguridad del Estado.

Luis Manuel se ha convertido en una de las figuras más mediáticas y controversiales de las artes plásticas cubanas. Por una parte, su arte incisivo ha sido acusado de oportunista. Por otra, muchos compañeros, incluso algunos que se oponían al Decreto 349, han comenzado a huirle para no verse perjudicados por su compañía.

“Mi trabajo siempre ha tenido un cuestionamiento político. En el 2011 hice la obra “Los héroes no pesan”, con la que se cuestionó la situación de los veteranos de Angola y luego vinieron la peregrinación de la Virgen, el proyecto Pilar Atarés, el stripper, donde se cuestionaba “al acceso a Internet y la intimidad del cubano fracturada”, asegura Luis Manuel, que, por demás, dice estar consciente de que “todo alcanza una resonancia mayor con El Museo de la Disidencia”.

Luis Manuel llegó a esa obra tras darse cuenta de que le estaban “siguiendo los pasos”.

“Como hijo y víctima de una dictadura y del adoctrinamiento que te mete en la cabeza que a las Damas de Blanco les pagan, que Yoani Sánchez y los periodistas son unos mercenarios, mi primer cuestionamiento es ese: ¿qué significa ser disidente en este país?”, precisa el artista.

Su proyecto fue fundado junto a la curadora Yanelys Núñez, que ya ha acogido a otras creaciones devenidas en obras plásticas.

“Yo soy un tipo feliz. Tengo una suerte enorme como de aquí al Capitolio. He tenido mujeres y soy el típico macho cubano (…) pero cuando pongo la cabeza en la almohada la injusticia no me deja dormir, y esto va más allá de que otros crean o no, eso es conmigo mismo”, explica. Por tal razón, no le afectan tanto las acusaciones de oportunismo que recibe de otros artistas plásticos o de la misma oposición, que a veces no comprende sus presupuestos estéticos.

“Todo lo que tenga la palabra arte tiene una dosis de oportunismo porque ahí está el ego del artista y siempre hay una dosis de interés por el reconocimiento”, señala.

El artista reconoce en su obra influencias de Amaury Pacheco, Iris Ruiz y otros amigos que trabajan sobre la humildad y la paciencia y asegura que su ego es tan grande como su felicidad y que no piensa renunciar a él porque algunos lo critiquen.

“Sí creo que el artista tiene y debe ser recíproco con la gente porque tenemos una herramienta de poder que ayuda o condena, y ahí ya viene tu postura como hombre, o eres un oportunista al 200 porciento, a lo Kcho, o te das cuenta que tu obra nunca está completa sin el público y calibras bien el beneficio que le brindas al otro con tu propio beneficio”, dice.

En esta última detención le decomisaron la bandera cubana que formaba parte de la obra “¿La patria os contempla orgullosa?”.

“Me quitaron la bandera porque ellos tienen el poder como mismo lo tienen para quitarte la luz, expulsarte del país, meterte preso ocho veces”. En esta ocasión, la obra del artista pretendía cuestionarse la sobrevaloración de los símbolos patrios que sirven a la dictadura cubana de objetos coercitivos.

Con tantas detenciones arbitrarias y desapariciones que la Seguridad intenta banalizar no falta quien le ha propuesto a Luis Manuel la emigración como salida legítima a todos sus “problemas con la policía”. Sin embargo, el no cree que esa sea una solución.

“Hay dos espacios en Cuba que me interesan (…) Cuba sigue siendo una plataforma para mí como experiencia estética, este sigue siendo un lugar para seguir experimentando una pila de cosas a nivel estético y artístico. Y lo otro es a nivel de cubano que ama a Cuba. Cada vez que estoy en un lugar por ahí y abro Internet y veo las cosas que pasan aquí, me entran unas ganas de regresar del carajo”, asegura.

Más que por su felicidad o por su ego, Luis Manuel intenta definirse por lo consecuente que puede ser con sus propios actos. “Donde quiera que voy la injusticia que veo me molesta. Si es en Cambodia o en Francia me molesta igual. Pero si tengo mi realidad con la que estoy conectado a nivel emotivo y puedo cambiarlo, o aportar algo al cambio o ser parte del cambio, qué más voy a pedir”. Esas son sus razones para no irse de Cuba, al menos por el momento.

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