Cubanos rechazan transformación del teatro Payret en hotel de lujo

Cubanos rechazan transformación del teatro Payret en hotel de lujo

CubaNet entrevistó a varios ciudadanos que prefieren ver el Payret debidamente restaurado, pero manteniendo la función para la cual fue concebido

LA HABANA, Cuba.- Por estos días produce inquietud la noticia de que el céntrico y bienamado cine-teatro Payret sería desmantelado por el gobierno para construir un hotel cinco estrellas, bajo la dirección del grupo empresarial GAESA. Según reveló una fuente oficial anónima al sitio CubaNet, el proyecto ronda los 300 millones de dólares, al cabo de los cuales resurgirá, en ese espacio olvidado donde se cruzan el Paseo del Prado y la calle San José, un lujoso inmueble de 300 habitaciones.

Los medios de comunicación oficialistas no han corroborado ni desmentido la información; pero la incontenible racha hotelera del régimen junto al prolongado abandono del que antaño fuera uno de los cines más elegantes y concurridos de La Habana, ha comenzado a generar cierto estado de opinión en las calles y redes sociales.

Mientras el Prado se llena de hoteles y edificios remozados, con sus calles pavimentadas y señalizadas para imprimirle mayor realce al Capitolio donde sesionará el Parlamento cubano, el Payret lleva más de cinco años cerrado al público. Fue el último de los cines de la Habana Vieja en sucumbir a la falta de recursos, la desidia del gobierno y el maltrato de los transeúntes.

Pequeñas salas de cine como Actualidades, Mégano, Cervantes, Majestic, Verdun…, silenciosamente cerraron sus puertas sin que nadie pareciera lamentar estos recortes a la industria del entretenimiento. Por el Payret, sin embargo, muchos preguntan. Los habitantes y cinéfilos de la Habana Vieja han añorado sus funciones cada día y durante la celebración del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano; un evento que los obliga a trasladarse hacia El Vedado para ver las películas en las salas del llamado Proyecto 23.

Es imposible no mirar la imponente mole neoclásica en su privilegiada esquina y lamentar la marquesina oxidada, la carpintería destruida, la nata de mugre y orines añejos cubriendo el suelo de granito, y la mudez de un complejo que antes de la crisis de los noventa solía estar repleto de público. Cada cubano que visitó el Payret al menos una vez en su vida recuerda la alegría que subía del Cabaret antes de entrar a la sala de proyecciones; las ondulantes escaleras laterales, la espaciosa platea con sus lunetas rojas y la enorme pantalla flanqueada por el hermoso complejo escultórico de las nueve musas nacidas de la destreza de Rita Longa, la insigne escultora cubana.

A punto de arribar a su aniversario 142, aquel teatro que en la época colonial dio la bienvenida al público en su noche de estreno con una ópera de Gaetano Donizetti, sorteó todas las desgracias imaginables —incluso climatológicas— para morir sin honra en la Cuba socialista. Incendios, derrumbes, huracanes, bancarrota, demoliciones… todo lo sobrevivió el Payret que hoy se ve amenazado por el afán de lucro del régimen militar más antiguo de América Latina.

Emplazar un hotel en su lugar no sería solo un acto vil y rapaz; sino una grosería mayúscula contra el patrimonio cultural habanero, y un gesto desconsiderado hacia el pueblo cubano que cada día cuenta con menos opciones donde no antagonizan diversión y cultura.

CubaNet entrevistó a varios ciudadanos que prefieren ver el Payret debidamente restaurado, pero manteniendo la función para la cual fue concebido. Un cine 3D con cafetería, restaurante, cabaret, otras dependencias igualmente atractivas para todo tipo de público y baños decentes, podría ser un proyecto realizable con capital mixto, sostenible con una política de precios razonable —no ridícula— y servicios de buena calidad. Si cuando existían las pequeñas salas 3D la gente estaba dispuesta a pagar la entrada a 1 CUC, no hay razón para que se nieguen a hacerlo en el mejor cine de La Habana.

Hay muchas maneras de evitar que el Payret se convierta en algo distinto de lo que siempre ha sido. Despojarlo de su función social y cultural sería una agresión a los habaneros. Rehabilitarlo, embellecerlo y entregarlo a los ciudadanos que viven en la capital o la visitan, representaría un magnífico regalo para La Habana que ya descuenta las horas para arribar a su aniversario 500.

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