Ricardo Bofill, el primer periodista independiente bajo el castrismo

Ricardo Bofill, el primer periodista independiente bajo el castrismo

Un periodismo libre que comenzó a crecer en 1987, cuando Ricardo Bofill continuó con más fuerza su lucha por los Derechos Humanos

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Ricardo Bofill, años 80 (iclep.org)

LA HABANA, Cuba. – El dictador Fidel Castro nunca le perdonó a Ricardo Bofill Pagés que, junto a un grupo de amigos, todos profesionales, fundara el 28 de enero de 1976 un Comité en Defensa de los Derechos Humanos. Fidel lo colocó en la mirilla de sus enemigos y se ensañó con aquel gigante que demostraba más valentía que él y el resto de su camarilla gubernamental revolucionaria.

Lo envió a prisión a cumplir doce años y nunca dejó de seguirle los pasos, acusándolo de “propaganda enemiga”, un delito creado por Castro con el fin de que nadie se atreviera a escribir una línea fuera de sus cánones periodísticos -no olvidemos que en marzo de 1960, todos los medios de comunicación ya habían pasado a ser propiedad de su régimen-.

En 1980, estando bajo “libertad condicional”, fue nuevamente encarcelado dos años y medio, cuando escribió un artículo titulado: “Cuba, los Derechos Humanos en crisis permanente”, divulgado en numerosos países libres, un artículo de gran resonancia internacional. Ese año, Fidel Castro lo envió nuevamente a prisión, acusado de “escribir contra la Revolución” y de tener relaciones amistosas con diplomáticos occidentales radicados en La Habana.

Hoy pudiéramos llamarlo “el padre del periodismo independiente bajo la dictadura castrista”, un periodismo libre que comenzó a crecer en 1987, cuando Bofill continuó con más fuerza su lucha por los Derechos Humanos.

Pero la historia de Ricardo Bofill no termina ahí. Él y el abogado Aramís Tabuada, en 1983, salvaron de morir en el paredón de fusilamiento -en los primeros años de la Revolución habían sido fusilados miles de cubanos-, a un grupo de obreros acusados de intentar crear un sindicato libre en Cuba, similar al polaco Solidaridad, y más tarde a jóvenes como Arturo Suárez Ramos, Carlos García Díaz y otros más en 1988.

Ricardo Bofill y Armando Valladares fueron los dos primeros cubanos que descubrieron la fórmula de golpear desde adentro las malas entrañas del régimen de los dos tiranos castristas, cuestionarlo públicamente y demostrar que, aún seguidos por los agentes del Ministerio del Interior, sí se podía y se puede luchar sin temor contra la maldad y la injusticia.

Consciente de que la dictadura convertía a todo un pueblo en esclavo de su política -lo mismo que ocurrió bajo el estalinismo soviético, desmoronado para sorpresa de muchos en 1990-, Bofill fundó el Partido Pro Derechos Humanos el 20 de julio de 1988, un partido en busca del respeto a la libertad individual y los derechos fundamentales de la población, para poner en vigor el texto de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Su labor, junto a numerosos activistas del Comité Cubano Pro Derechos Humanos fue ejemplar para el mundo civilizado de 1988. Ricardo Bofill le ganó a Fidel Castro y demostró al mundo que una dictadura comunista no sólo oprime a su pueblo, sino que además viola sistemáticamente la Carta Universal de la ONU.

Murió Ricardo Bofill Pagés, a las tres de la madrugada del viernes 12 de julio del 2019. No sé para dónde ha ido. Lo que sí sé es que yo iré, más pronto que tarde, hacia donde él se fue. La muerte no es un misterio. Me quedaron muchas cosas por hablar con él. Podré contarle cómo me torturaron mentalmente en las cárceles del Ministerio del Interior de Cuba en 1990, las miles de veces que invocaron su nombre, para hacerme ver que merecíamos ser fusilados, porque había que defender por obligación patriótica al “iluminado”, al “encantador de serpientes”, al hombre que había destruido a Cuba, al hombre que en 1990 dijo que “ahora sí vamos a construir el socialismo”, y que el 8 de septiembre de 2010, al fin admitió su fracaso en la Revista The Atlantic, cuando dijo: “El modelo cubano ya no funciona ni siquiera para nosotros”.

Tu amigo y periodista Carlos Quintela tuvo razón:

Le ganaste Ricardo, le ganaste a Fidel.

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