Carlos III en los 500 Años de La Habana

Carlos III en los 500 Años de La Habana

La ocasión exige una necesaria reparación histórica a la céntrica avenida, una de las más hermosas la ciudad

Avenida Carlos III; Cuba; La Habana;
Avenida Carlos III (Foto: Online Tours)

LA HABANA, Cuba. – Desde hace casi un año, el aparato propagandístico del castrismo machaca constantemente en la inminente celebración —el 16 del corriente— del medio milenio de la villa de San Cristóbal de La Habana. Razón no les falta. Ya que carecen de algún logro concreto que sea resultado de su gestión y puedan exhibir ante el pueblo, ¿qué cosa mejor que celebrar ese aniversario que sólo ha dependido del paso del tiempo?

Por cierto, debo confesar que, al hablar del cumpleaños 500, siempre me viene a la mente la ciudad de Camagüey: Con esta última villa (al momento de ser fundada, Santa María del Puerto del Príncipe) sucede algo parecido que con la actual capital de la Isla. Como se sabe, La Habana fue establecida de inicio en la costa sur, después dicen que fue trasladada a la desembocadura del río Almendares y sólo en 1519 quedó instalada en su sitio actual, junto a la bahía de Carenas.

En el caso de Camagüey, la fundación tuvo lugar en la Punta del Güincho, cerca de la actual Nuevitas. Un par de años más tarde fue trasladada a las márgenes del río Caonao, y sólo alrededor de 1528 pasó hacia donde se encontraba el pueblo taíno que le dio nombre, en su mismo emplazamiento actual. Si aplicáramos los mismos criterios que en La Habana, el medio milenio habría que conmemorarlo en 2028. Sin embargo, la celebración se hizo ya hace años. ¿Demuestra esto que la astucia de los agramontinos es mayor que la de los capitalinos?

En cualquier caso, la inauguración de nuevas obras, así como la reapertura de las que están siendo reparadas, se anuncia ahora para el 16 de noviembre, como saludo al emblemático cumpleaños de la urbe. Reconozcamos que, en este caso específico, el cambio ha sido para mejorar. En tiempos pasados, esos estrenos solían coincidir con la efeméride macabra del 26 de Julio, aniversario de la muerte, a manos de sus propios compatriotas, de más de ochenta cubanos. ¡Claro que es preferible recordar la primera misa celebrada junto a la bahía habanera!

Uno de los anuncios hechos con motivo del 500 Aniversario de la capital es el de la inminente visita a Cuba de los Reyes de nuestra antigua Metrópoli. De acuerdo a la información suministrada, Felipe VI y Doña Letizia llegarán a nuestro país el lunes 11 en visita oficial.

Algunos se sienten dolidos por ese viaje que consideran, en cierto modo, una muestra de respaldo al régimen castrista. Saliendo al paso de tales suposiciones, la Parte Española ha anunciado que “el viaje no es una manifestación de apoyo a nada”. Además, para ser plenamente honestos, también conviene señalar un dato significativo: Cuba tendrá el triste privilegio de ser el último país hispanoparlante en recibir de manera formal a los soberanos de la Madre Patria. Algo que hubiera sido impensable en otros tiempos se ha hecho realidad “gracias” al castrismo.

La visita real constituirá —estoy seguro— un marco adecuado para que despliegue su innegable talento el historiador de La Habana, señor Eusebio Leal. Se trata, sin dudas, del intelectual que más descuella entre los jerarcas del régimen por su dominio de la historia, amplia cultura y elocuencia. Aunque confieso que la desbordante untuosidad que exhibe en ocasiones como ésta no resulta de mi agrado.

Es probable que la estancia de los Reyes en Cuba sea aprovechada para hacerle entrega formal a Don Eusebio de la Orden de Carlos III, probablemente la más antigua del mundo que tiene carácter no militar. Ella le fue otorgada por los inmensos esfuerzos desplegados para restaurar al menos los puntos más emblemáticos de la capital y sacarla del pasmoso estado de postración en que la sumió la trepa al poder de los castristas.

Y ya que hemos mencionado a aquel esclarecido monarca, resulta oportuno señalar que la ocasión se presta de maravillas para hacer una necesaria reparación histórica. Como se sabe, una de las principales y más hermosas avenidas de nuestra urbe lleva el nombre histórico de Carlos III. “La única calle de mi niñez en la que había árboles”, al decir de la colega Yoani Sánchez, hija legítima del centro de la ciudad.

Pero he aquí que llegó el señor Fidel Castro y un mal día decidió que el bello paseo fuera rebautizado con el nombre de un antiguo Presidente de Chile. Es verdad que, como reza el dicho, los habaneros le hemos hecho “el caso del perro” a ese cambio arbitrario. El forastero que pida la ayuda de lugareños para encontrar el camino hacia la céntrica avenida, hará mucho mejor en evocar a Carlos III que a Salvador Allende.

El cambio de nombre tiene mucho más que ver con la política y su hermana bastarda (la politiquería) que con la justicia histórica. El mencionado monarca hispano mereció el sobrenombre de “el Mejor Alcalde de Madrid”, pero algo parecido podríamos decir de él nosotros los cubanos. Bajo su mandato, se sucedieron varios de los más esclarecidos inquilinos del habanero Palacio de los Capitanes Generales.

Juan de Prado y Portocarrero, el Conde de Ricla, Antonio María de Bucarelli y el Marqués de la Torre fueron algunos de aquéllos. En 1790, ascendió al cargo quien quizás fuera el mejor de todos: Don Luis de las Casas y Aragorri. Es verdad que su asunción del cargo acaeció dos años después de fallecido Carlos III, pero el hijo ilustre de Sopuerta provenía del formidable equipo de administradores competentes creado por el monarca epónimo.

Frente a esto, ¿qué podemos decir de Salvador Allende? Supo enfrentar hasta la muerte el golpe de Estado que lo derrocó. Pero no en combate frontal contra los militares chilenos (una leyenda interesada y mentirosa que echó a circular Fidel Castro), sino por suicidio. Contaminado con el virus del marxismo trasnochado y el socialismo estatista, dejó su país sumido en un verdadero desbarajuste.

Para los cubanos, su mandato va unido a una realidad mucho más pedestre: el recorte de una parte de la cuota racionada de azúcar. El “Máximo Líder” dijo que la rebaja era para ayudar al país austral ante una catástrofe natural, ¡pero Allende cayó hace más de 46 años y la cuota del dulce jamás ha sido restablecida! ¡Ojos que te vieron ir!…

En la actual “coyuntura”, parece justo y necesario que el nombre oficial de esa céntrica avenida de La Habana vuelva a coincidir con el que le ha seguido dando el pueblo. Ninguna ocasión mejor para ello que la visita de Felipe VI, descendiente directo y sucesor de Don Carlos III.

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