Escasez de gas licuado: incertidumbre, malestar y preocupación en el cubano de a pie

Escasez de gas licuado: incertidumbre, malestar y preocupación en el cubano de a pie

La excesiva extensión –de hasta 11 días– se agrava por la inconstancia del suministro, pues no siempre hay cuando nos toca comprar

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Punto de venta de gas licuado en Cuba (archivo)

LA HABANA, Cuba. – El gobierno comunista con frecuencia alega que la “revolución” trabaja por el bienestar del pueblo. No obstante, sus acciones contradicen esta falacia constantemente. Por solo citar un ejemplo, a partir del 15 de enero se dilataron aún más los ciclos de venta de gas licuado del petróleo (GLP) a más del 10 % de los núcleos que lo utilizan, sin que hasta la fecha se les haya facilitado otras variantes de cocción.

El anuncio de dicha extensión ha causado mayor incertidumbre, malestar y preocupación, pues ya desde antes del recorte de mediados de 2019 la cuota era insuficiente para la mayoría. Aun así, el reciente alargamiento ha sido drásticamente superior: de nueve, diez y hasta once días, según la composición del núcleo familiar.

Así le pasó a Valerio (un vecino), quien, al llegar a su correspondiente punto de venta, se enteró de que le habían extendido el ciclo en once días más –para tres personas–. Como ya desde antes no le alcanzaba, murmuró: “Cuando se me acabe tendré que comprar uno liberado” (se refería al de $110). “No, eso también se acabó, ya no lo podrán adquirir con las balitas de la cuota”, le aclaró el dependiente, y le explicó que el gas liberado –que ya estaba regulado a uno cada 60 días– ahora sólo se les venderá a los que ya tienen cilindros alquilados mediante contrato de 500 pesos –el cual, por cierto, también se encuentra suspendido para nuevos clientes–.

Desde hace algún tiempo se comentaba que el día menos pensado nos hacían cocinar con electricidad, y es que en el VI Congreso del Partido, algunos especialistas cuestionaron que cocinar con gas licuado le costaba al Estado más de tres dólares por cliente.

El 70 % de las familias en Cuba utiliza la electricidad para cocinar. Sin embargo, son muchas las dificultades que a través de estos años han presentado los utensilios para ello, no sólo por su mala calidad –como todos los artículos que venden en moneda nacional–, lo que ha limitado su vida útil, sino también por la escasez de piezas de repuesto para su reparación, algo que, a pesar de sus promesas, el gobierno comunista nunca ha solucionado.

Durante aquel VI Congreso del Partido, en el trabajo de la Comisión 5, “Cocción doméstica: más eficiencia en la reparación y otras opciones”, se plantea la inclusión de esta problemática en uno de los 36 Lineamientos nuevos, adicionados al proyecto original “por ser uno de los temas que más preocupa a la población y en cuya solución se trabaja”.

En el propio evento, Joaquín Carvajal, viceministro primero de Economía y Planificación, informó que el plan de ese año para la reparación de esos enseres superaba los 27 millones de dólares, que 10 millones se dedicarían a la importación de resistencias para cocinas eléctricas, ollas arroceras y multipropósito. Afirmó además que estaba en marcha un programa para la producción en el país de algunos de esos equipos, con el objetivo de lograr la sostenibilidad de ese programa. Al mismo tiempo, el periódico Granma publicó: “Según datos de la Mesa Redonda, para garantizar las reparaciones se destinaron el pasado año y primer semestre de 2014, 56,5 millones de CUC, de los cuales 35 millones fueron para importaciones, 11,5 millones para la producción nacional y 10 millones de inventario existente en el país”. Asimismo, para el período 2014 – 2015  –informaron– se prevén 29 millones de CUC, en su mayoría para importaciones. Sin embargo, durante estos años los medios han publicado que la escasez de piezas de repuesto en los talleres especializados ha dificultado la reparación de los equipos de cocción adquiridos por las familias cubanas a través del Programa de Ahorro Energético.

Al mismo tiempo que la crisis con estos artefactos afecta a los usuarios, que se ven obligados a remendarlos una y otra vez, en las tiendas recaudadoras de divisas se venden a precios inalcanzables para un trabajador o pensionado. Cocinar los alimentos se convierte en un problema cada vez mayor, agravado por la inconstancia del suministro (pues no siempre hay cuando nos toca comprar). Aun así, la prensa no se cansa de cacarear que el Programa de Ahorro Energético ha contribuido a elevar el nivel de vida de la familia y favorecer a la vez el ahorro energético en el país.

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