Chiva por vaca

Chiva por vaca

Privatización de servicios gastronómicos terminará en tragedia. Es un atentado contra el desarrollo cultural del país

Gastronomía callejera, Cuba_archivo
Gastronomía callejera, Cuba_archivo

LA HABANA, Cuba. – No hace falta ponerse tremendista para calificar como tragedia lo ocurrido en los servicios gastronómicos de Cuba durante el último medio siglo. Alguien podría pensar tal vez que el desastre se encamina hacia su fin con la resolución dictada ahora por el régimen para privatizar tales servicios. Pero lamentablemente no creo que así sea. Con esta medida la tragedia apenas toca fondo.

Sólo un sistema de gobierno tan inútil como despreciativo puede incurrir en la expropiación de los pequeños negocios de la gente humilde y luchadora para convertirlos en ruinas, y después de toda una vida, cuando estas ruinas empiecen a sobrarles porque ya no hay salvación para ellas, fingir que las devuelven a manos particulares, disfrazando de “reforma” tamaña insolencia.

El alcance de lo que ha ocurrido y lo que puede seguir ocurriendo con los servicios gastronómicos, administrados a partir de ahora por engendros de cooperativas que traen en su raíz la pudrición del régimen, más los nuevos frenos que éste les impone, va mucho más allá del desenvolvimiento propio del sector. Es un atentado contra el desarrollo cultural del país (obviando sus consecuencias para la economía interna), en tanto demuestra la involución sufrida por las últimas generaciones de cubanos, no sólo como personas emprendedoras, también como trabajadores competentes y disciplinados e incluso como consumidores. Por eso no es gratuito calificar la situación como tragedia.

Estaría de más repetir lo que tantas veces se ha dicho sobre la crisis de calidad material y humana bajo la que han funcionado estos y todos los servicios públicos de la Isla en los últimos decenios. Posiblemente no haya otro país en el planeta donde el sector muestre tan insólitos atrasos como en Cuba. Ni en tiempos del colonialismo español existieron aquí establecimientos gastronómicos tan pobremente surtidos e infamemente atendidos. Tan dramático se aprecia el panorama, que quizá no encuentre arreglo sino mediante el sueño imposible de resucitar aquella época remota en la que humildes y abnegados chinos y pobres gallegos en alpargatas originaron nuestra cultura comercial, que llegaría a ser modélica en los años 50, del siglo XX.

Y es en tales circunstancias en las que vemos hoy resaltar titulares, lo mismo en los medios de prensa libre que en los adscritos al aparato del régimen, anunciando como un gran suceso que Cuba privatizará los servicios técnicos, gastronómicos y personales. Hay que tener cara para vender como si fuera vaca una chiva tan flaca. Y hay que ser ingenuo –o yo no sé qué otra cosa- para tragarse la guayaba, y aún peor, para otorgarle categoría de noticia de primera plana.

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