¿Burla o embuste?

¿Burla o embuste?

Hace apenas unos días el pueblo cubano supo una de las noticias más enrevesadas que pudieran escuchar en la prensa escrita y en la televisión

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(Foto de archivo)

LA HABANA, Cuba. – Hace apenas unos días el pueblo cubano supo una de las noticias más enrevesadas que pudieran escuchar en la prensa escrita y en la televisión: una placa en reconocimiento a la atención brindada a la agricultura del país fue otorgada al General de Ejército Raúl Castro.

Esto ocurre en medio de un gran descontento de la población ante los precios de los productos agrícolas, cada día más altos, mientras que el trabajador cubano recibe salarios miserables.

La dichosa placa le fue conferida al General en Santiago de Cuba, bastante lejos de Punto Cero, donde vive, pero ni aun disponiendo de avión o helicóptero personal para viajar cómodamente llegó el anciano dictador, tratándose de algo tan fundamental como la alimentación del pueblo.

La placa la recibió el recién estrenado primer ministro Manuel Moreno Cruz de manos de la doctora en Ciencias, señora Elizabeth Peña, directora del Programa de la Agricultura Urbana, Suburbana y Familiar.

Lo más curioso de esta noticia es que esta señora, integrante del Consejo de Estado de la nación, señaló que “aún queda mucho por hacer para poder sustentar el abastecimiento alimentario de ese municipio y la más completa soberanía alimentaria”.

Recalcó “el empeño en el que nunca ha faltado la certera indicación estratégica del compañero Raúl”.

¡Le zumba la berenjena!

Las indicaciones del General no han sido tan “certeras”, pero, aun así, la placa va a Punto Cero.

Raúl no pudo recibir la placa “solo por causa de compromisos ineludibles de trabajo”.

Supongo yo que las máximas autoridades del gobierno en la provincia, así como el ministro de la Agricultura, allí presentes, se habrán percatado del fracaso de este Programa durante sus treinta y dos años de creado, “vital para la seguridad nacional del país, que es igual, dijo, a preservar nuestra independencia y soberanía”.

Pero la historia no termina ahí. En ese mismo periódico, la página 3 está dedicada a un largo discurso del primer ministro Manuel Marrero Cruz sobre el autoabastecimiento alimentario de Cuba, aclarando que, desde la creación de dicho Programa “los avances han sido significativos”.

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Manuel Marrero recibe placa en nombre de Raúl Castro (foto: Granma)

Para el primer ministro no tiene la mayor importancia que una pequeña piña cueste quince pesos, dos pepinos treinta y diez una lechuga.
O sea que, para alimentarse malamente, una familia cubana no gana lo suficiente. Esto sin contar la carne, la leche, etc.

Señala que el país importa 1 650 millones de dólares en alimentos para el pueblo; que se necesita alcanzar los diez metros cuadrados de siembras por habitante para el próximo año; que pese a lo logrado, deben alcanzarse mayores resultados agrícolas; que nadie puede sentirse satisfecho, mientras no se recupere hasta el último cantero de tierra para el presente año, repararlos todos y ponerlos en explotación por el deterioro lógico de los años de explotación; que el empleo de la tracción animal alrededor de las ciudades debe ser una constante; que no podemos detenernos en la incorporación de áreas ociosas cubiertas de marabú y otras malezas; que hay que garantizar la producción todo el año y no descuidar el verano, bajo la excusa del clima desfavorable y potenciar la berenjena y el quimbombó, resistentes al calor; que debemos comercializar esos productos e incluso, llegar a exportar algunas producciones.

Termina el primer ministro su larguísimo discurso, al estilo del difunto dictador Fidel Castro, informando que debemos sentirnos satisfechos, porque tenemos 353 cooperativas en todo el país dedicadas a la producción de frutas, pero que hay que garantizar treinta libras mensuales de viandas y hortalizas a cada compatriota, puesto que sólo se llegó a 20 el año pasado; alcanzar cinco kilogramos de proteína animal por cada cubano mensualmente, a pesar de que sólo alcanzamos 200 gramos y que, aunque ya hemos alcanzado la total soberanía en las viandas, nuestro futuro tiene que estar dirigido a lograr la soberanía alimentaria en general.

¿Se ha entendido bien todo esto?

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Acerca del Autor

Tania Díaz Castro

Tania Díaz Castro

Tania Díaz Castro nació en Camajuaní, Villaclara, en 1939. Estudió en una escuela de monjas. Sus primeros cuatro libros de poesía fueron publicados por la Unión de Escritores y Artistas de Cuba y dos por Linden Ediciones Line Press y ZV Lunaticas. A partir de 1964 trabajó como reportera en revistas y periódicos de Cuba y escribió durante ocho años guiones de radio en el ICRT entre 1977 y 1983 y en 1992 y 1993, cronicas sobre la historia de China en el periódico Kwong Wah Po, del Barrio Chino de La Habana. En 1989 y 1990 sufrió prisión por pedir un Plebiscito a Fidel Castro. Comenzó a trabajar en CubaNet en 1998 y vive con sus perros y gatos en Santa Fe, comunidad habanera.

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