A 75 años de la Constitución del 40

A 75 años de la Constitución del 40

La Carta Magna de 1940 fue suspendida de facto, no de derecho. Dejó de regir por decisión espuria, pero no ha muerto

Constitución del 40 (foto de Manuel Diaz Mons)
Constitución del 40 (foto de Manuel Diaz Mons)

GUANTÁNAMO, Cuba.- Este 10 de octubre del 2015 se cumplen 75 años de la puesta en vigor de la Constitución de 1940, una de las más avanzadas que en su momento tuvo el hemisferio occidental y la más democrática que ha tenido el pueblo cubano.

En el texto de Néstor Carbonell Cortina, titulado: La Constitución de 1940: Simbolismo y vigencia, el autor señala con acierto: “La Constitución de 1940 es un ejemplo luminoso de lo que pueden lograr los cubanos cuando deponen la intolerancia y subordinan el partidismo al interés supremo de la nación”.

El movimiento que lideró Fidel Castro para derrocar a la dictadura de Batista declaró tener como objetivo el restablecimiento de dicha Constitución y la democracia. Pero al triunfar, el líder, obnubilado por las mieles del poder, lanzó su famosa frase: “¿Elecciones para qué?” Y el objetivo fue traicionado.

En nuestro contexto resulta válido cuestionarse si la Constitución de 1940 puede servirnos aún de referencia o si carece de vigencia.

Un poco de historia

Según Carbonell Cortina, la Constitución de 1940 es la obra cumbre de la República y no le falta razón. La historia del constitucionalismo cubano es sui géneris pues tuvimos varias constituciones antes de ser república civil. En plena gesta libertadora, los líderes mambises dotaron a la república en armas de un estricto apego a la institucionalidad. Fruto de esos anhelos fueron las Constituciones de Jimaguayú y La Yaya.

La proclamación de la República el 20 de mayo de 1902 fue un hecho extraordinario. Su relevancia habría sido mayor de no haber nacido lastrada por la Enmienda Platt. Aun así, los efectos civilizatorios de la democracia fueron evidentes hasta que Gerardo Machado impuso una reforma constitucional para prorrogarse en el poder, lo cual dio origen a un lapso de doce años de inestabilidad política y social que le sirvió a Fulgencio Batista para hacerse del poder real. Fue al final de dicho contexto, en 1939, cuando se realizó el llamado Pacto de Conciliación que originó la Constituyente.

La Constituyente, representación y debates

Las elecciones para la Constituyente fueron ganadas por la coalición oposicionista, que obtuvo 42 de los 77 delegados electos (54.54%). En ella descollaron intelectuales y políticos de relevancia como Orestes Ferrara, José Manuel Cortina, Jorge Mañach, Carlos Prío Socarrás, Ramón Grau San Martín, Blas Roca Calderío, Juan Marinello y Salvador García Agüero, estos tres últimos, miembros del Partido Comunista que se presentaron a las elecciones en el bando de Fulgencio Batista.

Los debates estuvieron centrados en el papel del liberalismo frente al control del Estado y la importancia de nivelar los derechos individuales y sociales. También provocó gran polémica la invocación a Dios en el preámbulo y el tema de la confiscación de bienes.

Luego de varios cambios en la presidencia de la asamblea y de numerosas sesiones de trabajo, que, transmitidas en vivo por la radio provocaron la extensión del debate a todos los ámbitos de la sociedad, se logró el consenso adecuado y se aprobó la Constitución.

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“Los habitantes de la República tienen el derecho de reunirse pacíficamente” (foto de Manuel Díaz Mons)

Méritos de la Constitución de 1940

La Constitución de 1940 se destacó por el papel que atribuyó al matrimonio como institución fundamental de la familia y la sociedad. Creó la figura jurídica de la equiparación matrimonial para proteger a las mujeres unidas consensualmente de buena fe y estableció la igualdad absoluta entre los cónyuges. Otro aspecto relevante de esta Carta Magna fue que dispuso la abolición de calificativos sobre la filiación (si era legítima o no) para que ese estigma no repercutiera en los hijos.

En el plano social dispuso como un derecho la educación integral y ordenó la creación de un Consejo de Educación y Cultura reconociendo la enseñanza privada y la religiosa. A los trabajadores les reconoció el derecho a las vacaciones anuales pagadas y a la jornada semanal de 44 horas de trabajo equivalentes a 48 en salario.

Otro mérito fue que logró atemperar los poderes excesivos del ejecutivo al introducir el sistema semi parlamentario que permitía al Congreso convocar a sus audiencias a los ministros e impugnarlos de ser necesario.

Igualmente relevante fue la introducción del sufragio directo, las Comisiones de Conciliación Obrero-Patronal, la autonomía municipal, el Banco Nacional, el Tribunal de Garantías Constitucionales y Sociales, el Tribunal de Cuentas y el Tribunal Supremo Electoral.

Significación actual

En el proceso de transición democrática que ineludiblemente llegará a Cuba, la Constitución de 1940 será un referente incuestionable, no sólo porque su reimplantación fue el objetivo esencial del movimiento revolucionario que se levantó en armas contra la dictadura de Batista y por el cual dieron su vida miles de jóvenes cubanos, sino también porque conserva plena validez al ser un documento surgido de una constituyente con el consenso multipartidista y no el fruto de un solo partido como ocurrió con la Constitución vigente.

Como afirma magistralmente Néstor Carbonell en el texto citado, la Constitución de 1940 fue suspendida de facto, no de derecho. Dejó de regir por decisión espuria, pero no ha muerto.

Las lecciones de civismo y patriotismo que nos legó la Constituyente, sus debates, tan brillantes y alejados de la grisura de los que actualmente ocurren en la Asamblea Nacional del Poder Popular y, sobre todo, su reconocimiento pleno a las libertades civiles y políticas seguirán siendo una referencia obligada cuando Cuba vuelva a ser un Estado de Derecho.

Roberto Jesús Quiñones Haces

Nació en la ciudad de Cienfuegos el 20 de septiembre de 1957. Es Licenciado en Derecho. En 1999 fue sancionado de forma injusta e ilegal a ocho años de privación de libertad y desde entonces se le prohíbe ejercer como abogado.
Ha publicado los poemarios “La fuga del ciervo” (1995, Editorial Oriente), “Escrito desde la cárcel” (2001, Ediciones Vitral), “Los apriscos del alba” (2008, Editorial Oriente) y “El agua de la vida” (2008, Editorial El mar y la montaña). Obtuvo el Gran Premio Vitral de Poesía en el 2001 con su libro “Escrito desde la cárcel” así como Mención y Reconocimiento Especial del Jurado del Concurso Internacional Nósside de Poesía en 2006 y 2008 respectivamente. Poemas suyos aparecen en la Antología de la UNEAC de 1994, en la Antología del Concurso Nósside del 2006 y en la selección de décimas “Esta cárcel de aire puro”, realizada por Waldo González en el 2009. Roberto Quiñones fue encarcelado por el régimen cubano durante un año, entre septiembre de 2019 y septiembre de 2020, como represalia por ejercer el periodismo.

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