Voy a mí

La frase más recurrida por los jóvenes habaneros en estos días es: “Voy a mí”.

LA HABANA, Cuba, enero (173.203.82.38) – En parte aciertan y en parte están equivocados aquellos que hoy esperan de los jóvenes un protagonismo, digamos, esperanzador en el futuro político de Cuba. Aciertan en lo consabido, son pocos -muchísimos menos de los que calcula el régimen- los cubanos de 16 a 40 años que se atienen con agrado al actual sistema.

Pero es desacertado no prever que quizá sean menos los que sepan qué quieren, si es que quieren algo. Y menos aún los que quieren algo de la política.

Visto el asunto desde los extremos, tenemos por un lado el supuesto de que la “la rebeldía y mayor penetración social de los jóvenes”, sería base de una promisoria oposición política, por la que, según WikiLeaks, apuesta hoy la Sección de Intereses de Estados Unidos en La Habana. Mientras, por otro lado, está la confianza del régimen en haber diseñado robots para que sean como el Che.

Una y otra previsión desatienden por igual el dato de que los seres humanos son producto de sus circunstancias. Así que no pueden ajustarse a un solo molde, como los bizcochos, ni limitarse a los patrones impuestos por la lógica o el fuete.

La frase más recurrida por los jóvenes habaneros en estos días es: “Voy a mí”. Tal vez alcance para evitarnos volver a repetir lo ya dicho en torno a su abulia política y a su casi endémica indiferencia ante todo lo que no sea huir sobre los mares.

Esta frase bien podría ser un derivado irónico, o abiertamente burlón, de la consigna “Lo mío primero”, que fue puesta oficialmente en sus bocas con la intención de adoctrinarlos en la preferencia por los productos nacionales, incluido, claro, el propio régimen. Pero como finalmente no han logrado mostrarles, o mejor, demostrarles qué es en verdad lo suyo, pues surgió la ironía.

En cualquier caso, sería difícil hallar otra manera de expresar tan certera y sucintamente el proceder de los más jóvenes en la Isla. Mediante su frase del momento, “Voy a mí”, se presentan ellos mismos, con su jerga cruda, directa, y con su talante de resuelta apatía ante los puntos de vista y los intereses del resto de la gente.

No parece entonces ser en balde la familiaridad de la frase (y de la consigna que la originó) con la locución latina “Primo mihi“ (Primero a mí), que desde muy antiguo es reconocida como máxima expresión del egoísta.

Y es en la raíz de ese egoísmo donde habría que identificar el carácter apolítico de nuestras últimas generaciones. No estoy seguro de que tal identificación nos resulte prometedora. Pero al menos puede servirnos para ejercitar los sesos con más de una interrogante:

¿Se oponen los jóvenes cubanos al régimen porque desean vivir en otro sistema político, o sencillamente porque se opondrían a cualquier sistema? ¿No es acaso el apoliticismo manifestación de su indolencia y, aunque a través de un sesgo raro, de conservadurismo oportunista? ¿Hasta qué punto resulta tranquilizadora la perspectiva de ver el futuro político de un país en manos de  personas a las cuales malamente les motiva actuar según su conveniencia individual?

Por lo pronto, no viene mal que la frase del día entre nuestra muchachada, “Voy a mí”, implique que también van en sentido contrario al del régimen. Queda por establecer hasta qué punto esto sea suficiente como señal de esperanza.

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José Hugo Fernández

José Hugo Fernández es autor, entre otras obras, de las novelas El clan de los suicidas, Los crímenes de Aurika, Las mariposas no aletean los sábados y Parábola de Belén con los Pastores, así como de los libros de cuentos La isla de los mirlos negros y Yo que fui tranvía del deseo, y del libro de crónicas Siluetas contra el muro.

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