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Sin tocar al mono

LA HABANA, Cuba, julio, 173.203.82.38 -Leyendo el artículo de la periodista Anneris Ivette Leiva titulado “El derecho a la información”, publicado en el periódico Granma el pasado 8 de julio, salta a la vista  lo que la prensa de las sociedades democráticas y los periodistas independientes cubanos han  criticado y denunciado durante décadas: el total control de la información, que no sólo es política oficial del partido comunista, sino todo un “modo de vida” que hace metástasis en los directivos de los ministerios y empresas, a todos los niveles; todos ellos, por supuesto, comunistas.

El artículo muestra una aparente ingenuidad de la periodista, que, al tratar el escabroso asunto, se limita a jugar con la cadena pero se cuida mucho de tocar al mono. Porque, como todos en Cuba, Leiva sabe quien manda y quien le paga.

El mono, en este caso, es el Departamento Ideológico del Partido Comunista, que aplica una férrea censura y les dice a los directores y editores de los órganos de prensa –todos de su propiedad y bajo su total control- qué se puede decir  y qué informaciones hay que lavar, manipular o sencillamente ocultar.

Osvaldo Borges, Jefe del Departamento Ideológico del Partido Comunista, es el Torquemada que dirige el tinglado, el Santo Oficio de la censura comunista, y cumple escrupulosamente las órdenes del Buró Político, que son las que tiene que seguir al pie de la letra la prensa oficial. Los periodistas, simples asalariados, obedecen lo que se les orienta.

La colega Anneris Ivette Leiva, aunque vea a los periodistas independientes como demonios, sabe tan bien como nosotros todo lo que digo y conoce perfectamente el origen de lo que con tanta timidez intenta “denunciar”.

Sabe  perfectamente Anneris que, si bien la información no es “propiedad de los burócratas”, ella, como otros informadores oficiales confrontan una barrera infranqueable para poder informar realmente, aunque crean que es su deber “revolucionario”, y aunque el presidente Raúl Castro diga que hay que suprimir el exceso de secretismo.

Nuestros burócratas no son suicidas.  Su postura de obstrucción a que se filtre la información de lo que ocurre en sus ministerios y empresas, está respaldada por fuerzas muy poderosas. Todos temen que sus desmanes y corrupción se conozcan. Se sienten respaldados y protegidos, porque sus intereses son los mismos del partido; de hecho ellos son el partido y el partido es quien gobierna. Y, para su beneplácito, donde no hay democracia el gobierno es omnipotente.

La pirámide de censores que encabeza el Jefe de Divulgación, incluye a los ministros y los dirigentes.  Sus excusas son risibles. Aunque por muchas vías las informaciones se filtran a publicaciones extranjeras o a los periodistas independientes, ellos alegan que no se las puede brindar a los periodistas oficialistas porque la información “puede ayudar al enemigo imperialista”. Lo que realmente esconden es su mal trabajo y su corrupción.

Tiene razón la combativa Ivette, la realidad es que los periodistas oficiales no tienen acceso a la información y menos aún pueden  entrevistar a funcionarios o especialistas, que siempre alegan que no pueden conceder entrevistas porque  sus superiores no los autorizan.

Solo le faltó un pequeño detalle a la periodista: decir que el verdadero escollo, el verdadero responsable de la censura y la manipulación de la información en Cuba es el Partido Comunista, ergo el gobierno.

Pero, como bien dice el viejo refrán, no se puede tocar al mono.

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