Los “factores revolucionarios” del barrio

Nuevos mecanismos de exclusión social y persecución se enfocan en el alquiler de dormitorios. Extorsionan a caseros

LA HABANA, Cuba, diciembre 2013, www.cubanet.org.- Hace poco fui desalojado de la casa en donde estaba alquilado, luego de que el dueño fuese amenazado, por los “factores” del barrio, con expropiarle su casa, y hasta de convertirlo en “cómplice” (al parecer, de un supuesto crimen de conspiración) si no sacaba de inmediato a su inquilino “contrarrevolucionario”.

La reunión de urgencia entre “los factores” y el dueño de la casa -que fue citado mediante un ardid-  ocurrió el sábado 7 de diciembre. El domingo 8, por la mañana, los “factores” se volvieron a presentar en la casa donde me alquilaba, para dar el ultimátum, preguntarle su decisión al respecto (pues en caso de una negativa, podrían usar la fuerza policial) y, además, advertirle que estuviese “tranquilo”, ya que trataban de impedir protestas “inesperadas” en el Día Internacional de los Derechos Humanos.

En la Cuba totalitaria se les llama “factores” a miembros de organizaciones políticas y de masa cuando se agrupan en asambleas, o ejercen el rol de paramilitares, en “actos de repudio”, golpizas, desalojos, expropiaciones ilegales. Para este acto de intimidación, se confabularon “los factores” del Partido Comunista, el CDR y el Poder Popular.

El “factor” del Partido Comunista trató de justificar la expulsión de quien escribe, con la frase tajante de “¡somos los factores!”, lo que debe implicar que ese tipo de tarea es uno de sus contenidos (¿de trabajo?), o lo que se espera de ellos.

El factor del Poder Popular, el más belicoso de los tres, reconoció en un momento del diálogo que, cito,  “a mí me mandan”. Debí recordarle que el argumento de estar cumpliendo órdenes de los superiores fue el más popular de los que se expusieron durante el Juicio de Nuremberg, cuando los oficiales nazis trataron de justificar la causa de sus acciones criminales.

Si “los factores” acogen ese argumento como una razón definitiva, significaría dos cosas: 1) que ellos no creen en la justicia de lo que hacen, y actúan básicamente por miedo, o 2) que ellos creen en la justicia de lo que hacen, y ejecutan esos actos de segregación por razones de fanatismo. Aunque sea una paradoja, creo que ambos criterios no son excluyentes. En el plano público –y a un nivel de conciencia superficial–, prima la actitud del fanatismo, aunque en el plano personal, quizás lleguen a reconocer que actúan por miedo.

Miedo a la “contrarrevolución”

En un sistema de relaciones sociales basado en la paranoia, lo que más temen los integrantes de “la mayoría” es que puedan ser identificados con el signo opuesto de la ideología que ellos usan para discriminar a “la minoría”, o sea, temen que ese concepto fantasmal –llamado “contrarrevolución”– se refleje sobre ellos, y que otras personas los vean con la misma mirada con la cual ellos desconfían de su próximo. La mayoría tiene miedo de formar parte de una minoría discriminada (sea la disidencia, la oposición, o cualquier otra).

Todos tienen miedo de ser acusados de ineficientes, en la “lucha revolucionaria”, o de cómplices, de la supuesta “contrarrevolución”, que no es más que la sociedad civil en un proceso de liberación, y de formación de nuevas identidades, más fuertes que esas antiguas dicotomías.

Por una mezcla de miedo, fanatismo y oportunismo, la presidenta del CDR debe mostrar que su área de vigilancia está controlada;  el militante del Partido Comunista debe hacer gala de su “intransigencia revolucionaria”, y el delegado del Poder Popular debe sugerir que su actitud celosa representa la voluntad del pueblo. Todos quieren mantenerse a salvo. Pero los “factores”, además de prevenirse de supuestas acusaciones de “ineficiencia” o de “complicidad”, quieren mantener su estatus en la escala de poder: en unos casos, asegurando sus prebendas y sus oportunidades de ascenso social, y en otros, su “tranquilidad”.

Da igual que la orden haya venido del Partido Comunista, del Ministerio del Interior o de los Comités de Defensa de la Revolución, de una instancia municipal o provincial, o que se trate de un complot tejido entre vecinos del barrio para expulsarme y así salvar “responsabilidades”. Al final, todos los “factores” responden a una misma idolatría, que puede llamarse castrismo, o Revolución.

Luego de esto, me pregunto si en cada nuevo alquiler seré declarado “persona non grata”.

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