La violencia oculta

La violencia oculta

La violencia y el desgobierno convierten a La Habana en capital marginal de un país marginal

LA HABANA, Cuba, julio, 173.203.82.38 -A eso de las 10 am, tres individuos atravesaron el pasillo que comparten varias viviendas en una “cuarter√≠a” en el habanero barrio de Buena Vista. Se detuvieron frente a una de las puertas y uno de ellos toc√≥ varias veces. Le abri√≥ el m√°s anciano de los residentes en la casa. Uno de los hombres pregunt√≥ por el hijo del anciano y √©ste le respondi√≥ que no estaba. El viejo no pudo decir media palabra m√°s, fue casi atravesado por un punz√≥n a la altura del pecho y muri√≥ en el acto.

Los hombres penetraron en la peque√Īa vivienda y tambi√©n atacaron a machetazos, y con igual sa√Īa, al nieto adolescente del viejo y a una de las hermanas menores de √©ste. Se coment√≥ luego que lo ocurrido fue consecuencia de una deuda de dinero y el intento de estafa del hijo ausente a los atacantes.

Noche de s√°bado, concluy√≥ un concierto de William “El Magn√≠fico” y Osmani Garc√≠a “La Voz”, en un centro nocturno. El reggaet√≥n, la bebida y la droga caldearon los √°nimos. Sin embargo, se aparenta control frente a la polic√≠a. La cosa cambia de tono unas cuantas cuadras m√°s all√° del lugar. La rencilla entre dos proxenetas de barrios distintos por el mayor control del “negocio de la carne”, estalla, y dos grupos se enfrentan a golpe de machetines, cuchillos, piedras y tubos de luz fluorescente, cuyas astillas y polvo son letales. Varios son los heridos y seguramente alguno terminar√° muerto.

Un √≥mnibus de transporte p√ļblico viaja repleto de pasajeros. El calor es poco menos que insoportable. El hacinamiento y la incomodidad convierten el m√°s m√≠nimo roce en detonante de un conflicto. El choque ocurre en la puerta trasera del veh√≠culo cuando un tipo saca un punz√≥n e intenta agredir a su oponente en la discusi√≥n. Frenazo. Se generaliza la reyerta. Los dem√°s pasajeros abandonan el veh√≠culo saltando por las ventanillas.

Parafraseando a Virgilio Pi√Īera, La Habana es hoy la capital marginal de un pa√≠s marginal.

La crisis econ√≥mica, y su expresi√≥n m√°s visible, en forma de crisis espiritual, le est√°n cobrando factura de “boutique” al entramado social cubano. La desesperaci√≥n y la angustia generadas por una prolongada secuencia de incertidumbres llevan a un estado mental de abandono de los escr√ļpulos. La violencia es precaria v√°lvula de escape, por la cual se puede ser v√≠ctima o victimario. Toda la rabia contenida y la frustraci√≥n personal se convierten en impotencia, primero, y luego en renuncia al sentido com√ļn, en nombre de la lucha implacable por la supervivencia.

Los medios oficiales cubanos tocan el tema de la latente violencia social, de modo superficial o condicionado por el decadente discurso pol√≠tico gubernamental. Generalmente se establecen comparaciones con el estado de violencia extrema en el cual viven sociedades como la mexicana, colombiana o guatemalteca. Se obvia el car√°cter hist√≥rico y acumulativo de esos estados de violencia. Se culpa al omnipresente “capitalismo feroz” del cual, curiosa y parad√≥jicamente, estamos recibiendo nuestra cuota en el d√≠a a d√≠a. Proceso gradual, pero inexorable.

A comienzos del pr√≥ximo mes de agosto, tendr√°n lugar en la capital cubana los festejos carnavalescos. Las √°reas donde transcurrir√° este evento estar√°n fuertemente custodiadas por tropas de choque de la polic√≠a. Esta caricatura de los otrora c√©lebres carnavales de La Habana, tendr√° un trasfondo de violencia y muerte, algo que, como siempre, las autoridades gubernamentales insistir√°n en silenciar. Pero los cad√°veres apu√Īaleados en los quir√≥fanos de los hospitales y de Medicina Legal ser√°n una evidencia inocultable.

Sin embargo, la violencia tiene otros rostros, y estos, no por menos visibles, dejan de ser igualmente implacables.

Estos “rostros ocultos” aparecen frente al ciudadano com√ļn, cuando decide encontrarse a s√≠ mismo en una zona peligrosamente libre. Ellos han sido los ejecutores de una pol√≠tica sistem√°tica de restricci√≥n y aplastamiento del derecho a disentir. Sus m√©todos son diversos: m√≠tines de repudio, detenciones arbitrarias, fabricaci√≥n de procesos penales, chantaje emocional, vigilancia como forma de presi√≥n psicol√≥gica‚Ķ

Los cubanos que dentro de la Isla hemos dado el paso en pos del ejercicio a contra corriente del derecho a la libertad de expresión, conocemos bien estos rostros. Para actuar, ellos se basan en leyes que condenan a penas irrisorias los actos de bárbara violencia y, por otra parte, son implacables con la disidencia política.

Legislaciones que condenan a seis a√Īos de prisi√≥n a una persona porque desfigur√≥ horriblemente el rostro de otra. Esas mismas leyes, dictan reclusi√≥n por d√©cadas para otras personas por el simple hecho de pensar y expresarse p√ļblicamente contra el sistema pol√≠tico, o intentar romper el monopolio del silencio cibern√©tico que la dictadura ha impuesto al pueblo.

Mientras tanto, el país se desangra en un círculo vicioso y gravitando sobre el abismo en una débil cuerda floja.

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