La mentira

Entre esas mentiras no aparece una que se ha repetido durante más de medio siglo en Cuba

LA HABANA, Cuba, diciembre (173.203.82.38) – Mucho se ha divulgado recientemente en internet y la prensa nacional y extranjera las “43 grandes mentiras de la historia”. Algunas de ellas aclaran que eran sólo dos las carabelas de Cristóbal Colón, que la Revolución de Octubre fue en realidad un golpe de Estado perpetrado en noviembre, y que el verdadero nombre de Robin Hood era Robert, quien en vez de robar a los ricos a favor de los pobres, se sublevó contra el Rey para no pagar impuestos.

No obstante, entre esas 43 grandes mentiras no aparece una que se ha repetido durante más de medio siglo en Cuba: los 20 mil muertos que ocasionaron los siete años de dictadura batistiana, repetida nuevamente por el ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez, en la reunión del Consejo de Derechos Humanos, celebrada en Ginebra el 3 de marzo de este año. Paradójicamente, el canciller pronunció recientemente un discurso en la XX Cumbre Iberoamericana, bajo el título Hay que educar en la verdad. De casta le viene al galgo, Bruno es hijo del legendario comunista Carlos Rafael Rodríguez.

Pese a que el autor de esa mentira aún está por definirse, sí se sabe que está entre Miguel Ángel Quevedo, director y propietario de la legendaria revista Bohemia, y el periodista Enrique de la Osa, jefe de la sección En Cuba de dicha publicación.

Este órgano de prensa fue el principal vocero de la lucha insurreccional contra Fulgencio Batista. Divulgó todo lo que escribió Fidel Castro en la clandestinidad. Las actividades terroristas de su Movimiento 26 de Julio y de otras organizaciones se redactaban con un estilo tan sensacionalista, que son muchos los que recuerdan que fueron más las bombas que explotaron contra Batista en las páginas de Bohemia, que en las calles.

Fidel Castro calificó a Bohemia como “nuestro más firme baluarte”.

El 11 de enero de 1959, tras la fuga del dictador, Bohemia publicó una edición especial de un millón de ejemplares, donde volvió a repetir la cifra de las 20 mil víctimas, como siguió sucediendo en la prensa controlada ya por Fidel Castro.

Exiliado en Venezuela, Miguel Ángel Quevedo se suicida el 12 de enero de 1969, después de enviar una carta de gran valor histórico, considerada como su testamento político, al periodista Ernesto Montaner. En ella  le confiesa que se siente incapaz de soportar por más tiempo que lo vean como “el único culpable de la desgracia de Cuba”; acusa al  “dipsómano y diabólico” Enrique de la Osa de inventar los 20 mil muertos y pide perdón a todos por el mal que hizo.

Fidel Castro nombró a Enrique de la Osa director de Bohemia, cargo que ocupó durante 20 años. Quien escribe esta crónica fue reportera de esa Revista entre 1966 y 1971. Recuerdo la personalidad ambivalente de Enrique, su falta de sinceridad para con el colectivo, su deseo de estar a solas en su despacho, o acompañado de algún íntimo, para beber el buen coñac que alguien le enviaba, cuando ya no los había en Cuba. A pesar de su vida colmada de privilegios, era un hombre que reflejaba una gran pena.

La mentira de las 20 mil víctimas nunca tuvo fundamento. En los años cincuenta Cuba tenía algo menos de seis millones de habitantes. Menos de 3 mil personas integraron las guerrillas de la  Sierra contra el ejército de Batista, y una cantidad mucho menor pertenecía a las guerrillas urbanas.

En más de medio siglo de castrismo jamás se han dado a conocer los nombres de los famosos 20 mil muertos de la revista Bohemia.

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