La filosofía del cardumen

El “sindicalismo oficial” se abre paso anticipándose al potencial peligro de que surjan asociaciones sindicales autónomas

LA HABANA, Cuba, agosto, www.cubanet.org -Cada cubano debe haber escuchado un sinnúmero de veces una compilación de frases que pretenden encerrar toda la sabiduría popular de la Isla: “no cojas lucha”, “no vas a resolver nada”, “total, no vas a cambiar nada”, “no te busques problemas”, o esta otra que es el paradigma de la evasiva al compromiso: “a mí no me interesa la política”, aunque por lo común el que la pronuncia ignora que la mera pertenencia al Comité de Defensa de la Revolución implica una relación directa con la política gubernamental.

Todas ellas, sin excepción, podrían formar parte de un manual acerca de cómo servir mejor los intereses de la dictadura por cuanto apelan a la pasividad, a la espera sin límites, a la subordinación y al disimulo cómplice. Pero sin dudas la joya de la corona y la más frecuentemente utilizada es aquella que dice “no te señales”. Es el consejo por antonomasia, y vale para refrenar los impulsos espontáneos de cualquier inconforme en cualquier circunstancia, porque “señalarse” en Cuba es salirse del rebaño, rebelarse contra el poder omnímodo, faltar a la más elemental prudencia, y se puede manifestar hasta en el mínimo gesto que discrimine al individuo de la masa.

Resulta curioso que un sintagma aparentemente tan sensato sea la divisa en un país donde la gente no se lo piensa mucho para lanzarse al mar y cruzar el Estrecho de La Florida a bordo de cualquier artefacto que flote lo suficiente como para llevarlo a otra orilla, a otra realidad, donde señalarse no constituye necesariamente una imprudencia, sino casi siempre todo lo contrario.

Pero basta que en un colectivo laboral, en una escuela o en el propio vecindario alguien manifieste la intención de no pagar más el sindicato, las MTT, de no asistir a la marcha del 1ro de mayo o a la asamblea de rendición de cuentas,  para que salga a relucir la consabida sentencia: “no te señales”.

Recientemente un joven que trabaja en un restaurante privado me comentó sobre la visita que hiciera a ese lugar una funcionaria del sindicato nacional para instruir a los empleados sobre la importancia de “crear” un sindicato afiliado a lo que llamó “el movimiento sindical nacional”, para “defender los intereses de los trabajadores”.

Más allá del absurdo, solo posible en Cuba, de que una funcionaria estatal interrumpa el trabajo de un negocio privado para instar a los empleados a organizarse para hacer frente al patronato –razón primera y esencial de la sindicalización– con la anuencia complaciente del propio patrón, y con independencia de que un sindicalismo verdadero debe tener como premisa la libertad de asociación, que no existe en la Isla, lo más retorcido del asunto es que la inmensa mayoría de los trabajadores de esos negocios privados se han acogido a los “sindicatos” creados desde y por el mismo poder que ha desatado una ola de despidos de los centros de trabajo estatales.

Mi joven amigo asegura que, en un principio, hubo algunos trabajadores renuentes o indecisos, y no faltaron quienes preguntaron ingenuamente si la afiliación era obligatoria, pero surgió el socorrido comisario infiltrado que dejó caer aquí y allá la manida frasecita: “no te señales”, y los amagos de rebeldía se diluyeron, arropados en el anonimato protector del colectivo.

“Es la filosofía del cardumen”, dice mi amigo, una definición que se basa en la táctica de la sardina o de la majúa y que consiste en que el individuo se disuelve en la masa para tener mayores posibilidades de sobrevivencia, lo cual, sin embargo, no impide que los depredadores se alimenten de ellos.

Reconozco que mi interlocutor es algo cínico, pero ello no niega la justeza de su observación. Y es que la orfandad cívica y el desconocimiento de los derechos en Cuba es tal que se ha desarrollado una especie de síndrome de la esclavitud del pensamiento, de modo que cuando algunas personas tienen un mínimo de libertades renuncian a hacer uso de ellas y se mantienen sujetas al cepo y al amo.

No obstante, el despunte de la iniciativa privada podría marcar un punto de inflexión importante en el resurgimiento de sectores que fortalecerían el débil entramado de la sociedad civil, una realidad a la que los sindicatos independientes que existen en Cuba no pueden estar ajenos. Para esto se requiere implementar un programa o al menos hacer propuestas específicas por parte de estos grupos, que resulten atractivas a esa nueva fuerza laboral. Sería un paso imprescindible para lograr la autonomía sindical. El interés que se toma el gobierno por mantener sujeta esa fuerza indica un reconocimiento al riesgo que implica la potencial autonomía del sector; una oportunidad que bien podrían aprovechar los activistas cívicos para combatir ese mal social tan extendido, la filosofía del cardumen.

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