El último para la maleta

El viaje, según la leyenda, puede ser a cualquier parte, lo mismo a la luna que al barrio más próximo

LA HABANA, Cuba, enero (173.203.82.38) – La primera cola que hicieron los habaneros en el año 2011 tuvo lugar entre los límites del viejo y el nuevo año. Fue la cola para la maleta, una práctica que está aplicando para incorporarse a nuestras festividades tradicionales del 31 de diciembre.

A las doce de la noche, junto a las costumbres de quemar el muñeco y de tirar agua a la calle (en cantidades moderadas esta vez, pues “la sequía” está a punto de convertir a La Habana en un desierto), practicamos el ritual de la maleta, que consiste en recorrer una manzana del barrio cargando una maleta, pues dicen que todo el que lo haga tendrá asegurada la posibilidad de viajar en el nuevo año.

El viaje, según la leyenda, puede ser a cualquier parte, lo mismo a la luna que al barrio más próximo, pero no es difícil suponer nuestra versión particular. Un viaje no lo es para nosotros si no implica atravesar el charco. No importa mucho a qué país te lleve, ni cómo lo realices, sólo que mientras más lejos, mejor.

Y con el fin de conjurar a las divinidades, rogándoles la concesión de esa vía de escape, la gente extendió su cola entre el viejo y el nuevo año. El motivo de la cola es que no todos disponen de una maleta. Y no pueden realizar juntos el recorrido, pues hay que hacerlo llevando en manos la maleta. Además, la cola para utilizar la misma maleta también tiene algo de místico y mucho de divertido.

Por supuesto que esta nueva tradición nació entre los habaneros pobres. Y es en sus barrios donde se practica. No es posible concebir a los aburridos y muy “ocupados” habitantes de Atabey, Siboney o la zona light de Miramar, compartiendo una maleta. Ellos que tantas poseen y que tan frecuente uso les dan. Y menos que concebible, es inimaginable verlos divertirse junto al pueblo en las calles.

Porque, al final, la tradición de la maleta no es sino otro de los pretextos que inventamos para divertirnos a costa de las insufribles circunstancias que nos rodean.

Por cierto, en mi barrio, justo en el momento más divertido (y el de más elevado nivel de alcohol en las venas), alguien tuvo la ocurrencia de preguntar: “Bueno, ¿y qué haríamos si de pronto se aparece la plana mayor del país y pide el último en la cola?”.

¡Solavaya!, fue la respuesta unánime, lo cual, traducido al idioma, significa que esa sería la manera más fácil y más rápida de ponerle fin a la tradición de la maleta.

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