El regreso de El Zorro

El regreso de El Zorro

Hace pocos días el barrio marginal El Palo perdió su tranquilidad debido al regreso de El Zorro

LA HABANA, Cuba, enero, 173.203.82.38 -Hace pocos días el barrio marginal El Palo perdió su tranquilidad, cuando se vio caminar otra vez por sus calles  luego de veinte años de encierro, a un individuo llamado Rolando,  conocido  popularmente como El Zorro.

Rolando padece severos trastornos mentales desde niño y aunque su madre intentó que aprendiera en las escuelas normales, a partir del  segundo grado tuvo que asistir a una escuela especial, donde no  avanzó  nada.   Presentaba problemas en el lenguaje  y  en sus relaciones  afectivas. Su única  afición era empinar papalotes y que le llamaran El Zorro.

Los muchachos del barrio para fastidiarlo empinaban sus papalotes cerca del de Rolando y le ponían cuchillas en los rabos  para  cortarle la cuerda y mandárselo a bolina, algo que  lo enfurecía. Les gritaba  a los muchachos que allá ellos, que El Zorro los iba a coger a todos, uno a uno, para  cobrárselas.

Un día que los muchachos lo mortificaron demasiado Rolando perdió  los estribos y dijo que iban a ver lo que les iba a pasar. Sacó a la madre al portal jalada por los pelos y le partió una botella en la frente delante de todos. Lo internaron en el hospital, pero la madre lo rescató al no poner cargos y responsabilizarse completamente por su hijo.

Comenzaron a medicar a Rolando y los muchachos dejaron de fastidiarlo. Todos en el barrio le temían y lo esquivaban. Se convirtió en  un grandulón con  una fuerza terrible. Trabajaba como ayudante en la panadería, empujando un carretón para llevar el pan a domicilio. Caminaba con la mirada clavada en el piso, como si cavilara algún plan. Cuando levantaba la vista y  la gente veía sus ojos, que eran como dos bolas de fuego, todos se aterraban.

Un día  que no hubo pan  y  no pudo trabajar se paró en el portal y gritó  a todos que presenciaran  la primera venganza del Zorro. Sacó el cuerpo de su madre a rastras, cubierto de sangre, apuñaleado de  pies a  cabeza y con la cabeza cortada; entonces  cundió el pánico en el pueblo. Cuando la policía lo arrestó en su casa, partió las esposas y los médicos tuvieron que sedarlo. Fue ingresado en el hospital psiquiátrico de Mazorra, donde mató a dos pacientes en su primer día  de  estancia. Lo aislaron. Fue sometido a un riguroso tratamiento  médico con  electro shocks,  que lo mantenía como un zombie, fuera del mundo  real.

Estuvo encerrado durante veinte años en una prisión de alta seguridad, en celdas solitarias. Le faltaban aun dos años para cumplir su condena,  pero salió este fin de año en libertad beneficiado por el proceso de indultos llevado a cabo por el gobierno de Raúl Castro.  La casa se la estaban cuidando unos parientes,  que salieron por la puerta de atrás en desbandada cuando apareció la mole humana en la puerta, con aquellos ojos que aun miran como si lanzaran llamas.

Hoy el zorro empuja  otra vez el carro del pan por las calles del Palo,   con  los ojos clavados en la tierra  cavilando,  como si preparara un nuevo plan. Los que  recuerdan que juró cobrárselas a todos, uno a uno,  lo esquivan, toman otra calle, viven en un constante desasosiego por su regreso.

Frank Correa

Frank Correa, Guantánamo, 1963. Narrador, poeta y periodista independiente. Ha ganado los concursos de cuento Regino E. Boti, Ernest Hemingway y Tomás Savigñón, todos en 1991. Ha publicado el libro de cuentos La elección

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