Como cambian los tiempos, compay

Al marcharse, el forastero llevaba consigo la agradable carga de una nueva amistad, nacida de la espontaneidad y el desinterés

CIENFUEGOS, Cuba, agosto (173.203.82.38) – Si algo caracterizó durante la era republicana a la campiña cubana fue, ante todo, la nobleza y hospitalidad de su gente. Cualquiera que cruzase ante el bohío del más humilde de los guajiros recibía una invitación a almorzar o cenar, según correspondiera, dada la hora del día. Aunque rústica y sencilla, la mesa siempre estaba dispuesta para el peregrino, y no faltaban la vianda, el trozo de carne, el arroz, los frijoles y el vaso de leche. Al marcharse, el forastero llevaba consigo la agradable sensación de haber trabado una nueva amistad, nacida de la espontaneidad y el desinterés de aquellos hombres sencillos.

Sin alcanzar a precisar el momento exacto, puede asegurarse que fue el año 59 la fecha fatídica en que tan noble práctica comenzó a desaparecer. Y cuando se piensa que nuestra patria tiene en el campesinado un tesoro, se percibe con dolor que el carácter bonachón, fraternal y crédulo con que antaño se le identificaba, se ha esfumado.

Mucho ha tenido que ver en ello el experimento castrista en las áreas rurales. Prácticas como la colectivización forzosa, la supresión de la propiedad de la tierra, la movilización del campesino hacia actividades ajenas a su universo, han ido enrareciendo el entorno natural donde se amoldaba el prototipo del lugareño aquí descrito.

Por medio de una extensa campaña propagandística dirigida a lograr la paridad entre el campo y la ciudad, se instó a las nuevas generaciones de guajiros a dejar las labores agrícolas y emigrar a la ciudad, a estudiar o trabajar. Así se inició un proceso de desarraigo al que algunos utópicos llamaron “la instauración del hombre nuevo”.

El resultado salta a la vista. La pérdida de la tradición por medio de la cual se transmitían de generación en generación los secretos y el amor al campo, ha traído el desentendimiento de los campesinos del cultivo de la tierra. La miseria que ha provocado la falta de motivación del campesinado, ha hecho florecer fenómenos que antaño eran  desconocidos entre nuestros guajiros, como el raterismo, el egoísmo, el alcoholismo y la mala educación.

Quien lo vivió ayer y lo vive hoy, dirá: “Como cambian los tiempos, compay”.

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