“Conocemos los métodos de Villa Marista”

“Conocemos los métodos de Villa Marista”

Las declaraciones de Ángel Carromero a The Washington Post, no sorprenden a quienes sufrimos a la policía política

LA HABANA, Cuba, marzo, 173.203.82.38 -Las recientes declaraciones hechas por el joven español Ángel Carromero al diario The Washington Post, no han cogido de sorpresa a los que siguieron de cerca su juicio y los acontecimientos que lo vincularon con la muerte del líder del Movimiento Cristiano Liberación, Oswaldo Payá Sardiñas y de uno de sus colaboradores, Harold Cepero.

En todo momento, la familia de Payá mantuvo su testimonio de que un auto los estaba persiguiendo; así como plantearon que existían mensajes de texto, sobre este hecho, intercambiados con Europa. En particular el día en que ocurrió el fatal accidente me encontraba en misa, en horas de la tarde, en la Iglesia de San Juan Bosco y me comuniqué vía telefónica con Ofelia Acevedo, la viuda de Oswaldo, y ella  me habló de la existencia de los mensajes e incluso explicó que eran personas amigas las que lo decían. Esto ocurrió cuando todavía el régimen no le había confirmado siquiera el deceso de su esposo, todos eran rumores.

Los que hemos estado presos en las mazmorras castristas, y además convivido allí con extranjeros, sabemos los métodos de chantaje que utilizan con los mismos, por eso nada de lo que hayan hecho a Carromero nos resulta ajeno, ni la forma en que él reaccionó, efectivamente parte de la “cultura del miedo”, que desgraciadamente alcanza a la mayor parte del pueblo de Cuba, y mientras no desaparezca, no alcanzaremos la libertad.

El que Carromero haya manifestado en la actualidad que fue drogado y después interrogado, que incluso tuvo que leer lo que declaró públicamente y que fue obligado a firmar una confesión distorsionada, no es más que una confirmación de los métodos que la policía política acostumbra a usar.

Sin utilizar su nombre, pues no tengo autorización, podría contar una anécdota de una cubana-americana que estuvo conmigo en una celda de Villa Marista, (Dirección de Operaciones de la Seguridad del Estado); ella llevaba varios meses cuando yo ingresé en julio de 1997. A esta mujer, cuando entró en el país, le detectaron una pequeña partícula de TNT en el bolso que traía y fue interrogada una y otra vez hasta el cansancio. Ella explicó que con ese mismo bolso había venido ya una vez a Cuba, pues acostumbraba a hacerlo anualmente para ver a su familia.

Después de hacerla gastar miles de dólares en abogados cubanos del Bufete Internacional, que nada lograron, y enfermarla de los nervios, por la desesperación de no saber en que terminaría todo aquel proceso y sin poder ver a su familia, decidieron liberarla. Preparándola para ello, una semana antes le cambiaron la dieta. Comenzaron a darle carne, pescado y viandas, reforzándola con leche. De igual forma la sacaban a coger sol, tratando de mejorar el aspecto que esta mujer tenía producto de los días pasados en las celdas de la aterradora Villa Marista. La vistieron con las ropas que llevaba el día de la detención y la llevaron a un cuarto de filmación donde la obligaron a decir que la habían tratado bien durante el tiempo que estuvo presa. Esa era la condición para dejarla en libertad.  Así actúa el régimen con los extranjeros.

La idea de convocar una investigación internacional independiente sobre los sucesos acaecidos que redundaron en la muerte de Payá, debería ser apoyada tanto por los opositores dentro de la Isla, como por los miembros de la nación cubana en el exilio.

Pienso que los que estaban de acuerdo con los proyectos de Oswaldo y también los que no lo estaban, deberían aunar esfuerzos para poner en claro lo que sucedió. El trabajo de este disidente durante años, su afán de libertad para el pueblo de Cuba, el estoicismo de su familia, merecen una reivindicación de los hechos. El mundo necesita conocer la realidad de lo que sucede en nuestra Isla.

[fbcomments]