¿Estudiar o no?

Con dieciocho años, a Yordelys no le interesa estudiar en la universidad

BAYAMO, Cuba, agosto (173.203.82.38) – Con dieciocho años, a Yordelys no le interesa estudiar en la universidad. Es el hijo mayor de una familia disfuncional, desarticulada cuando en el año 2000 el padre salió a trabajar como médico a Guatemala. Volvió casado, y fue entonces que la madre salió a servir como médica en Venezuela. Por eso el adolescente hace tiempo asumió las responsabilidades de la casa con sus dos hermanos menores. Los padres no estaban presentes para orientarlo en la vida.

El drama de la educación en Cuba tiene muchas vertientes, que van desde el caso de familias disfuncionales como la de Yordelys, hasta la venta de los cuestionarios de exámenes por  los mal pagados profesores, y la poca estimulación para estudiar en una sociedad donde el trabajo profesional es poco interesante y peor remunerado; donde un camarero de un hotel de turismo lleva más dinero a casa que un eminente científico.

La provincia Granma no escapa a la crisis educacional del país. En el curso 2009-2010 obtuvo en la primera convocatoria de los exámenes de ingreso a la universidad un alarmante 13,3 por ciento de promoción, el penúltimo puesto en el país. Este año se graduaron de preuniversitario 4.723 alumnos en 47 escuelas de ese nivel. Mil 881 accedieron a los exámenes de ingreso a la Universidad, y aprobó el 66 % de los jóvenes que se presentaron.

Según datos del Ministerio de Educación en la provincia, los municipios de mejores resultados son Cauto Cristo, Pilón y Jiguaní, y los peores Rio Cauto, Campechuela y Buey Arriba.

Una encuesta  realizada entre 512 estudiantes del territorio, para saber sus limitantes, dio como resultado que entre los principales problemas para el acceso a la Universidad de los egresados de pre universitario y escuelas técnicas de nivel medio, estaban la falta de preparación de los alumnos, la percepción entre ellos de que no tenían probabilidad de aspirar a una carrera y las escasas posibilidades de hallar empleo luego de graduados, lo cual redundaba en su preferencia por buscar empleos inmediatos, que requieren menor calificación y frecuentemente reportan mejores ganancias. También la encuesta puso sobre el tapete la poca estimulación de la familia para que los jóvenes vayan la universidad.

Algunos padres culpan del fracaso a la mala calidad del sistema educacional, principalmente a los profesores que, según dicen, utilizan métodos poco adecuados y no están bien preparados para su labor. Generalmente, los estudiantes no se quejan por temor a represalias.

Los padres ya no confían en la educación que reciben sus hijos en la escuela y cada vez son más buscados los “repasadores”: maestros privados que contratan para que les repasen a sus hijos las asignaturas, y así lograr que entren a la universidad.

aleagapesant@yahoo.es

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