¿Apertura o saqueo? La Aduana cubana encuentra otra mina de dólares

La sociedad cubana se ha dividido entre los que tienen dólares para vivir y quienes están obligados a intentar sobrevivir con el devaluado y casi inservible peso cubano.
Control en el Aeropuerto Internacional "José Martí" de La Habana
Control en el Aeropuerto Internacional "José Martí" de La Habana (Foto: Prensa Latina)

LA HABANA.- Otra muestra de que, cuando hablan de “bloqueo”, refiriéndose al embargo de Estados Unidos, lo que pretenden es ocultar el bloqueo interno y que miremos hacia otra parte son las más recientes normas de la Aduana cubana, que autorizan a los viajeros la importación de mercancías con carácter comercial como parte del equipaje.

No lo hicieron antes porque no quisieron. Lo hacen ahora porque, habiéndoseles caído más de un negocio, se han inventado otro a la carrera con esos kilogramos de más que, dolarizados, son una mina de oro. Por lo tanto, ya no habrá tantos decomisos, no si pagas los kilogramos extras en dólares.

No en moneda nacional —que ni siquiera es una opción, como debiera ser, con lo cual la contramedida se parece más a una extorsión—, sino en billetes verdes, por lo que la “buena nueva” continúa operando como otra forma de bloqueo interno, de discriminación incluso, puesto que favorece solo a quienes tienen acceso a la divisa.

Escribí “tantos” anteriormente porque la medida no abole los decomisos, sino que los condiciona a un pago, aun cuando ya esos kilogramos extras de equipaje se supone que fueron pagados al transportista, y aún más cuando el país atraviesa una situación de crisis profunda y multidimensional donde eliminar tal tipo de gravámenes hasta pudiera ser considerado una medida humanitaria, pero es el castrismo, y nada humanitario podemos esperar de estos tiburones que, al olor de los dólares, se tornan frenéticos.

También dije “tantos” porque, conociendo lo tramposos y corruptos que son nuestros oficiales y agentes de aduana y aún más sabiendo que el decomiso es uno de los castigos preferidos de la policía política contra cualquier “sujeto de interés”, continuará habiéndolos, más cuando se trate de alguna “pacotilla” que se les antoje, de ayuda humanitaria de la que no puedan disponer, computadoras y tecnología que consideren un peligro para la seguridad nacional solo porque no han podido controlar o espiar (o porque deciden robarla para fastidiar), y hasta material de lectura que etiqueten como “subversivo”. Aunque en realidad se trate de simple literatura, cine o cualquier otro tipo de arte donde se crean mal dibujados, o mejor dicho, tan bien retratados. Tan reales en su crueldad como no quieren ser vistos.

Ya me los he imaginado, días antes de aprobar la contramedida aduanera, haciendo cálculos de cuántos dólares ingresarían al mes y estableciendo metas de recaudación para condicionar los “pagos por resultados” y hasta las condecoraciones, es decir, haciendo un lucrativo negocio de eso que algunos hasta ven como signo de “apertura” de la dictadura, cuando en realidad es parte de un mismo y antiguo plan de saqueo, que encarecerá más nuestras vidas.

La demanda de dólares se hará aún mayor, impulsando hacia arriba el cambio de estos en la calle y disminuyendo aún más el valor adquisitivo de salarios y pensiones.

El razonamiento es simple: el producto que hasta ayer lograba pasar la Aduana dentro de los kilogramos permitidos del equipaje, o pagado su exceso en moneda nacional como de uso personal (aunque luego era revendido), ahora sumará a su precio la cuota aduanal, llegando finalmente a nosotros mucho más caro luego de que quienes lo importen paguen en dólares lo que deban pagar.

Si de verdad no pretendieran la situación que se avecina, con precios aún más altos y más personas hundiéndose en la miseria, la medida actual —que pretende pasar como “apertura” cuando en realidad arroja más fuego a la crisis— hubiera llegado acompañada de la exención de pagos y no con la dolarización.

El retroceso de la tasa de cambio por estos días, a raíz del anuncio de la medida, no es para nada una “buena señal”, sino todo lo contrario. Ese “pasito de conga” que ya conocemos de otras ocasiones es solo una advertencia de que, probablemente en unos días, cuando la medida aduanera se haga efectiva, el dólar en la calle remontará los 800 y posiblemente no vuelva a parar cuando se acerque a los mil por uno, y es que esta de ahora es otra reafirmación de una cruda verdad: la sociedad cubana se ha dividido entre los que tienen dólares para vivir y quienes están obligados a intentar sobrevivir con el devaluado y casi inservible peso cubano.

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